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miércoles, 17 de abril de 2013

Alarcos 1195






En 1195 tuvo lugar en el cerro de Alarcos, a orillas del río Guadiana a 8 Km. de Ciudad Real, en pleno verano español, una de las batallas más decisivas para la Historia de España. Durante la Baja Edad Media la zona de La Mancha, y en concreto lo que hoy es Ciudad Real, se convierte en frontera entre la Andalucía musulmana y el Reino de Castilla. Es en este contexto es en el que se produce la Batalla de Alarcos.
Por su situación en el centro del camino entre Toledo y Córdoba, el cerro de Alarcos, fortificado con un castillo, se convierte en una posición geoestratégica. Que será disputada por ambos bandos.
En el año 1147 el Rey de Castilla y León Alfonso VII toma la importante Fortaleza musulmana de Calatrava, en Carrión de Calatrava a unos 8 Km. de Ciudad Real, que era el centro más importante de la zona.
A la vez toma el castillo de Alarcos y para defenderlo, se lo encomienda a la Orden de los Templarios en 1150, que tras un tiempo lo abandonan.
La chispa que provocó la batalla de Alarcos, fue sin embargo, una incursión de tropas cristianas mando del Arzobispo de Toledo Martín López de Pisuerga, cuyo fin era la reconquista del suelo andaluz y la expulsión de los musulmanes y que llegó hasta Sevilla, provocando la ira del Califa almohade Yusuf II, que decidió contraatacar en dirección a Toledo, enterado de esto el Rey de Castilla Alfonso VIII reunió sus tropas y se encaminó hacia el sur en dirección a Córdoba.Fue en mitad del camino, el 19 de julio, ambas fuerzas contendientes chocaron.

El ejército del Califa Yusuf Al-Mansur estaba formado por voluntarios andaluces y Benimerines asi cómo por la nobleza Almohade. Su número se estima en unos 30.000.

El ejército de Alfonso VIII, estaba formado por mercenarios, los Caballeros de Toledo y los Caballeros de las Ordenes Militares de Calatrava Santiago así cómo por voluntarios portugueses de la Orden de Evora. Su número se estima en unos 10.000.
El núcleo del ejército musulmán era su caballería ligera con arqueros y el núcleo del ejército cristiano era su caballería pesada con jinetes y caballos con armadura. Además los Almohades incorporaban dos adelantos tácticos muy importantes: La Ballesta masivamente y la Milicia o Movilización General de todos los hombres disponibles, lo que les daba superioridad númerica frente a los ejércitos cristianos de la Peninsula Ibérica, que estaban formados por Mercenarios y Militares profesionales tales cómo las Órdenes Militares y los Caballeros, pero que eran muy pocos en número en comparación.

En la madrugada del día 19 y tras esperar 1 día los refuerzos de sus aliados, la impaciencia y la imprudencia de Alfonso VIII, hizo que ordenase el ataque sin esperar a los Reyes de Aragón, Navarra y León, que le hubiesen dado con sus tropas la superioridad numérica y posiblemente la victoria. Así tras un día esperando acampados en el cerro bajo sol abrasador de julio, con sus pesadas armaduras y cotas de malla; los castellanos tenían sed, y la comida escaseaba, ante el riesgo de enfermedades y bajas por el calor y temiendo que los musulmanes se reagrupasen, ya que Almansur había escondido en los cerros cercanos gran parte de sus tropas. Ante esto, ordenó el ataque.


En un principio la caballería Castellana al mando del Alférez de Castilla Don Diego López de Haro, cargó cerro abajo contra la infantería musulmana, que estaba en el llano, destrozándola y casi aniquilándola, causando grandes perdidas a los musulmanes, pero estos, tras un movimiento de sus arqueros y una salida desde sus escondites en los cerros de alrededor de fuerzas con las que no habían contado los castellanos, iniciaron un violento contraataque.

Tras rodear la caballería ligera musulmana a la caballería pesada Castellana, en una maniobra de tenaza, según las crónicas, por completa sorpresa, las flechas de los Ballesteros Almohades y de los arqueros Guzz a caballo, causaron grandes estragos en la caballería Castellana además de a su infantería de apoyo, pues estos con sus caballos armadas y cogidos entre el cerro y el río, no podían literalmente moverse ni maniobrar y fueron, “cazados” y asaeteados, hasta que unos pocos pudieron retroceder y llegar al castillo ya muy tarde para reagruparse y contraatacar, pues los musulmanes habían rodeado también el campamento desde el cercano cerro a la derecha del de Alarcos y amenazaban con rodearlos totalmente y no dejar escapatoria hacia Toledo.

La lucha se prolongó desde el amanecer hasta el mediodía, en que los musulmanes lograron penetrar en el campamento Castellano, hasta la tienda del rey castellano, que estuvo a punto de perecer en la contienda.

El Rey Alfonso VIII tuvo que huir al galope hacia el castillo de Malagón, dejando al mando al Alférez de Castilla, Don Diego López de Haro, que se refugió con 5.000 de sus tropas en el castillo de Alarcos, para salvarse, tuvo que entregar 12 Caballeros rehenes a los Almohades en señal de que pagaría el cuantioso Rescate fijado por Al Mansur, además en la batalla fueron capturados 4.000 prisioneros que fueron liberados, además de permitir la retirada de las tropas castellanas.

Fue una gran derrota para los Castellanos, sufriendo más de 1.000 muertos en combate por una mala estrategia de Alfonso VIII y de sus consejeros políticos y militares, que claramente se precipitaron y menospreciarion el potencial y la estrategía de los Almohades.
Para los Calatravos su primera batalla fue una gran masacre, perecieron en combate cubriendo la retirada de su Rey gran número de sus Caballeros que desde ese día y en homenaje cambiaron su Cruz Negra por una Cruz Roja, por la sangre derramada, aunque esto no fue oficial en la uniformidad hasta principios del siglo XIV.

También murieron en la batalla los Obipos de Avila, Segovia y Sigüenza; así como los Maestres tanto de la Orden de Santiago y de la portuguesa Orden de Évora.

Las pérdidas también resultaron elevadas para los musulmanes. No sólo el Visir, si no también el Comandante de los Benimerín perecieron en la batalla.


Además, tras la derrota de Alarcos los enfurecidos musulmanes mataron a los habitantes de la cercana aldea del Pozo de Don Gil, hoy Ciudad Real, y asaltaron y mataron a los supervivientes Calatravos de la batalla que se habían refugiado en su Fortaleza de Calatrava, quedando esta en poder musulmán.







domingo, 27 de junio de 2010

El asedio de Belgrado 1456.




Tras la conquista de Constantinopla en 1453, el sultán Mehmet II consideraba que el mundo entero terminaría por someterse a su dominio. Así, cuando Georges Brankovic rey de Serbia, se negó a cederle varias plazas fortificadas el sultán turco preparó su ejército.

Entre 1455 y 1456 los otomanos reclutaron y organizaron en Grecia un ejército que posiblemente alcanzaría los 100.000 hombres. Incluso en el invierno de la Edad Media, que un soberano pudiese concentrar semejante cantidad de hombres y mantenerlos durante todo el invierno y la época de la siembra dice mucho de los recursos de su imperio.

Europa surgía aún de la época feudal envenenada por las discordias entre cristianos y los estragos de la peste, pero el imperio turco se encontraba en pleno ascenso, dominando provincias extensas y fértiles, recaudando importantes tributos. Con un potente tren de artillería y tras entrenar concienzudamente a sus tropas, el sultán comenzó el ascenso hacia el norte apoyado por una importante flota fluvial.

La campaña contra Belgrado tenía un fin último: La conquista de Hungría y la derrota definitiva del peor y mas enconando enemigo de los turcos: Juan de Hioandera ( Janos Hunyadi). Este hombre, casi por si solo, estaba detrás de todos los desafíos al poder de los otomanos: Mientras Janos y los húngaros resistieran, el imperio otomano no se asentaría en la cuenca del Danubio. El pánico cundió en los Balcanes. El rey Lazar de Hungría abandonó aterrado su capital, Buda, cuando aún los otomanos no habían llegado hasta Belgrado. En realidad su decisión no era si no el resultado del fracasado congreso cristiano celebrado en su ciudad: De todos los príncipes cristianos de Europa, convocados por el Papa, no obtuvo si no juramentos y palabras...pero ni un solo soldado. Los "defensores de Cristo" abandonaban su causa, pero a falta de reyes y emperadores 2 hombres tomarían en sus manos la defensa de la causa de Dios cuando el legado papal, el cardenal de Carvajal ya solo confiaba en la intervención divina. Juan de Capistrano, una suerte de Pedro el ermitaño resucitado, se comprometió a predicar la cruzada entre las gentes humildes, que formaron bajo sus órdenes una masa desaliñada y hambrienta que comenzó el avance hacia el sur. Juan de Hioandera, desposeído de su condición de regente de Hungría pero aún Capitán General del reino y Voivoda de Transilvania, preparó a sus tropas para acudir en defensa de Belgrado. El destino de naciones enteras quedó en sus manos cuando sus soberanos las abandonaron.


El 7 de julio de 1456 el campo en derredor de Belgrado amaneció nevado...pero no se trataba de nieve si no de las blancas tiendas de los otomanos que lo ocupaban todo hasta donde alcanzaba la vista. Murad II ya había asediado sin éxito la fortaleza, considerada inexpugnable, durante 6 meses. Sus asesores recomendaron al nuevo sultán un cerco intenso que rindiese la ciudad por hambre...pero el conquistador de Constantinopla no iba a esperar la rendición de una ciudadela menor.

Su gloria sería superior si la ciudad caía tras un asalto protagonizado por el mismo. El 10 de julio, ya instalados los cañones, comenzó la lenta demolición de las murallas. Los navíos turcos bloqueaban el Danubio, pero Hunyadi ya había logrado introducir 10.000 hombres al mando del gobernador de Croacia, su hijo.

Pero los turcos apretaban el cerco, por lo que el grueso del ejército, 12.000 soldados veteranos, 1.000 caballeros y una multitud inmensa de campesinos y vagabundos al mando de Capistrano, se pusieron en marcha. Los defensores de la ciudad, gracias al valor de un jinete que rompió el cerco, se pusieron en contacto con Hioandera: La ciudad estaba perdida si no se reforzaban sus defensores en 3 días.

El Capitán General adoptó una medida desesperada: Sus tropas veteranas intentarían romper el bloqueo turco del Danubio. Se dispusieron todas las naves útiles y se protegieron con tablas: La gran batalla por Belgrado se libraría en el río. Los turcos tenían dispuesta una barrera de galeras reforzada por cadenas, pero el empuje de los navíos de Hioandera fue suficiente para colapsar la barrera. Se produjo una gran batalla sobre los navíos, hasta que el empuje de los hombres de Hungría y Transilvania fue suficiente para alcanzar los muros de Belgrado. El sultán, humillado, mantuvo a sus cañones disparando sobre la ciudad durante una semana entera. Los muros de la ciudad se derrumbaron en tres puntos proporcionando otras tres brechas para el asalto otomano. Tras el largo bombardeo, y a media tarde, los grandes tambores otomanos dieron la señal de asalto: El empuje insuperable de los jenízaros consiguió tomar las murallas de la ciudad, pero cuando ya saqueaban las primeras casas confiados en su gran victoria un tumulto inmenso surgió de las murallas de la ciudadela: Los Húngaros habían abandonado las murallas exteriores refugiándose en la ciudadela y atacaban ahora a los jenízaros, que no podían retirarse debido a las murallas que quedaban a sus espaldas: Un sistema de contraataque contra los asediadores diseñado en los castillos de reducto central.

La lucha se prolongó hasta el amanecer, sin que la fiereza del combate disminuyera en la oscuridad. Los jenízaros, dirigidos por el propio sultán, asaltaron una y otra vez las murallas de Belgrado. Pero los húngaros de Janos mantuvieron sus posiciones sin ceder un solo centímetro. El ejército turco se desangraba sobre las piedras de Serbia...Y lo peor no había llegado aún. Con un grito espantoso, en medio de la madrugada, las harapientas fuerzas de Juan de Capistrano habían alcanzado el campamento turco. Los cañones turcos apenas pudieron aguantar el embate de aquella masa desarmada. El ejército otomano se encontró entre dos fuegos, y solo gracias al empleo de la caballería Spahi pudo el sultán salvar su vida en el último momento, siendo el mismo herido en la frente.



A pesar de los incendios causados por los turcos en su retirada el botín capturado por los cristianos fue inmenso, todo el tren de artillería, inmensidad de armas, tiendas y provisiones... Paradójicamente la victoria traería frutos más dulces para los turcos que que para los vencedores: Pocos tiempo después Janos moría victima de la peste, siendo celebrado por el mismo Papa como el hombre más grande nacido en los últimos 300 años. Juan de Capistrano le seguiría al propio tiempo, alcanzando la condición de beato de la Iglesia. Los hijos de Janos combatirían al rey de Hungría, y los herederos de Brankovic entre ellos...mientras que en Constantinopla el sultán celebraba con un fasto inaudito la circuncisión de sus herederos.

En su afán por hacer olvidar el fracaso ante los muros de Belgrado se dedicó en los años siguientes a campañas más sencillas: Primero asentó definitivamente su poder sobre la península de Morea, y después emprendió una campaña contra el imperio de Trebisonda que también sometió. Los ulemas proclamaron que ningún griego llevaba ya el título de rey, y que las tres coronas pertenecían por derecho al señor de los 2 mares y las 2 tierras: la de Asia, la de Bizancio y la de Trebisonda. Meted se hizo siempre representar con las tres coronas mencionadas, y después partió hasta las ruinas de Troya para proclamar vengados a los héroes de Asia. Todo por olvidar su huida ante los mendigos de Capistrano. El Papa trató de organizar la cruzada definitiva que exterminase a los turcos, que llevase a sus palafreneros a abrevar sus caballos en la Meca...pero una vez más, lo único que obtuvo fueron palabras y juramentos solemnes...que no llevaría a nada. Aún faltaba más de un siglo para que el peligro turco fuese definitivamente detenido en Lepanto.

jueves, 30 de abril de 2009

Sitio de Antioquía. Octubre 1097-Junio 1098



En el otoño del año 1097 la primera cruzada estaba en su apogeo. El principal cuerpo del ejército cruzado, apoyado por la población armenia de confesión cristiana, cruzó los montes antitauro y Amano antes de llegar a Marash. En el camino los cruzados perdieron muchos de sus caballos antes de conseguir a la próspera ciudad de Marash, presentándose el 20 de octubre ante los muros de Antioquía. El asedio de esta ciudad, que duró hasta junio de 1098, fue un acontecimiento crucial para la primera cruzada, que los contemporáneos designaban a menudo como "guerra de Antioquía".



Las fortificaciones de la ciudad eran realmente inexpugnables si los defensores sabían mantener la calma. Se componían de una muralla de 10 m de altura y cerca de 400 torres de 20 metros situadas a la distancia de un disparo de arco; la ciudadela se hallaba ubicada a 330 metros, sobre el monte Silpio, al norte del río Orontes, cuyas márgenes brindaban aún mayor protección. El comandante turco Yaghi-Siyan tenía bajo su mando una guarnición leal y bien abastecida. Solamente la numerosa población armenia de la ciudad le dio motivo de preocupación.

Takikios, el representante del emperador Alejo de Constantinopla, propuso una estrategia de asedio a distancia basada en el control de la frontera de Baghras, situada 20 Km al norte, pero los jefes cruzados eran conscientes de la necesidad de mantener sus fuerzas unidas y prefirieron estrechar el bloqueo. En noviembre, la guarnición efectuó salidas, lanzando la caballería contra los sitiadores instalados al otro lado del Orontes, de modo que los cruzados construyeron un puente de barcas para poder desplegar sus fuerzas rápidamente en caso de ataque enemigo.



Cuando el invierno se echó encima, los víveres comenzaron a escasear. En Navidad, Bohemundo de Tarento y Roberto de Flandes llevaron a cabo una incursión contra Alepo, capturando rebaños de ganado y abundante botín. Además, tropezaron con una unidad de refuerzo al mando de Duqaq de Damasco y la derrotaron. A pesar de todo, la situación de los suministros alimenticios llegó a ser crítica en enero, cuando los precios en el campamento se elevaron por las nubes y muchos cruzados pobres murieron de hambre. Los caballos de los nobles también sufrieron; apenas 1000 fueron considerados aptos para el servicio.



El 9 de febrero, tropas de refuerzo bajo el mando de Ridwan de Alepo atacaron a los sitiadores, apoyadas por una enérgica salida de la guarnición. Los cruzados, aunque débiles, rechazaron ambas tentativas y capturaron muchos caballos, de los que andaban desesperadamente necesitados. En marzo, su situación comenzó a mejorar, cuando arribaron barcos a San Simeón, el puerto de Antioquía. Pero el primer convoy de víveres procedente de la costa fue objeto de un ataque y hubo de ser rescatado por las tropas de Bohemundo, que infligió 1500 bajas a la caballería antioquena. Este triunfo supuso un gran estímulo para la moral de los cruzados. Rápidamente construyeron dos castillos de asedio para estrechar el cerco a la ciudad. Ese mismo mes se dotó a la mezquita situada frente al puente fortificado con dos torres y muros contruidos con lápidas funerarias musulmanas, tras lo cual se confió su defensa a Raimundo de Saint Gilles. En abril, Tancredo de Galilea fortificó el monasterio de San Jorge ubicado frente a la puerta del mismo nombre.

El primero de estos castillos brindó protección a los suministros de víveres que llegaban desde la costa para los cruzados, mientras que el segundo impidió que los convoyes musulmanes alcanzasen la ciudad.

Se habían vuelto las tornas y ahora les tocaba morirse de hambre a los asediados. Firuz, un prominente cristiano de origen armenio negoció secretamente con Bohemundo. La noche del dos de junio entregó una torre a los cruzados, que irrumpieron en la ciudad enloquecidos. Muchos barrios fueron pasto de las llamas, mientras la guarnición de Yaghi-Siyan se retiraba a la ciudadela. Los acontecimientos que se sucedieron a continuación son casi milagrosos. El cinco de junio, un gran ejército bajo el mando de Kerbogha de Mosul, enviado por el califa de Bagdad, se presentó ante los muros de Antioquía con el propósito de poner cerco a los antiguos sitiadores. Se había retrasado quince días, durante los cuales asedió a Balduino en Edesa. El 8 de junio, arrebató a los cristianos la mezquita fortificada ( La Mahomerie ), dejándoles en una situación calamitosa, atrapados entre dos fuerzas enemigas en una ciudad devastada, carente de provisiones y sin una vía de escape a la vista. Algunos nobles intentaron escabullirse, entre ellos estaban el conde Esteban de Blois y Pedro el Ermitaño, pero fueron descubiertos y regresaron llenos de ignominia.



La moral de los cruzados se elevó con el descubrimiento en la catedral de San Pedro de Antioquía de la "Sagrada Lanza", una supuesta reliquia de la crucifixión. No todos los jefes cruzados estaba convencidos de su autenticidad, pero sirvió para alentar una salida a la desesperada. El 28 de junio, seis "batallas" ( divisiones ) de infantería y unos pocos caballeros emergieron de la ciudad para en enfrentarse a los sitiadores. Las fuerzas musulmanas , tal vez cogidas por sorpresa y ciertamente desorganizadas por la falta de confianza entre Kerbogha y sus emires sirios, fueron rechazadas. Sólo los arqueros turcos montados del flanco occidental intentaron rodear la línea de combate de los cristianos, pero la división de reserva, a lomos de los pocos caballos que quedaban, frustró sus designios.



Según parece, las fuerzas de Kerbogha, muy superiores en número, se desintegraron rápidamente, quemando la hierba para facilitar su huida. Los cruzados atribuyeron su sorprendente victoria a la aparición de un ejército sobrenatural de soldados montados sobre caballos blancos, conducidos por los santos patronos militares San Jorge y San Demetrio.

Al poco se creaba el principado latino de Antioquía, que fue recobrado por los musulmanes en 1268.

miércoles, 4 de marzo de 2009

BOSWORTH, 22-VIII-1485. Mi reino por un caballo.




Ricardo III ocupó el trono inglés en 1483, tras la muerte de su hermano, Eduardo IV. Había rechazado un rebelión liderada por el duque de Buckingham antes de la aparición del siguiente reto: Enrique Tudor, conde de Richmond. Tudor se encontraba exiliado en Bretaña. A través de su madre, Margaret Beaufort, reclamó un linaje Lancaster poco sólido. Su matrimonio con la hija mayor de Eduardo IV, Isabel, también le hizo ganar a los partidarios desilusionados de la casa de York para su causa.


El 7 de agosto de 1485, Enrique llegó a Pembrokeshire listo para intentar conseguir la corona. Galés de nacimiento, se ganó un gran apoyo local a su paso por el centro de Gales. Al cruzar la frontera para entrar en Inglaterra, se le unieron 500 hombres liderados por sir Gilbert Talbot. Mientras que el padrastro de Enrique, lord Thomas Stanley, se negó a pronunciarse a favor de uno de los dos bandos, su hermano sir William Stanley, más impulsivo, pudo haber animado al pretendiente al trono.


Juntos, los dos Stanley controlaban el poder militar de Lancashire, Cheshire y gran parte del norte de Gales. Sus tropas superaban a los ejércitos enemigos y suponían una presencia desconcertante tanto para el rey como para el aspirante.


Ricardo III recurrió a sus propios seguidores, principalmente los del norte de Inglaterra, para formar a su comitiva a toda prisa. Su ejército se ordenó en las Midlands en cuestión de días. La víspera de la batalla, Ricardo tenía a su mando entre 8000 y 10000 hombres, tal vez el doble de los reunidos por Enrique.


Existe un gran misterio en torno a la batalla de Bosworth, incluso en lo que respecta a su ubicación precisa. La topografía de la batalla y las disposiciones de las tropas también siguen siendo objeto de debate. Probablemente , los ejércitos rivales se desplegaron en la llanura sudoeste de Ambion Hill, cerca de Market Bosworth ( en Leicestershire )


Al parecer, el ejército de Enrique se formó en torno a un centro de mercenarios franceses, armados sobre todo con picas y alabardas. Las tropas galesas e inglesas de Enrique irían armadas con arcos, picos y lanzas. También contaban con algunos cañones, probablemente tomados de la guarnición de Lichfield. Enrique, de 28 años, no era un soldado experimentado, pero contaba con los sabios consejos de John de Vere, conde de Oxford, y del capitán francés Filibert de Chandée.


Por el contrario, Ricardo III era un comandante probado, veterano de batallas ocurridas entre Inglaterra y Escocia, y estaba familiarizado con los métodos de guerra continentales por haber servido junto al ejército de Borgoña durante la campaña frustrada de 1475 en Francia. Las tropas de Ricardo eran numerosas y equilibradas; su infantería, compuesta principalmente por arqueros y alabarderos, contó con el apoyo de la artillería y de una potente fuerza de hombres de armas a caballo.


La mañana de la batalla, el 22 de agosto, todo parecía a favor de Ricardo. Para él, aquel día supondría la posibilidad de establecer la legitimidad de su reinado a través de la victoria. Por esta razón, luchó abiertamente como un rey: lució una corona de oro en su casco y el escudo de armas bajo la armadura. Según los conocimientos militares establecidos, dividió su ejército en tres secciones. La vanguardia, con un número aproximado de 1200 hombres, estaba liderada por el duque de Norfolk; la principal, con unos 2500 hombres, contaba con el propio Ricardo como comandante, y la retaguardia, de un tamaño similar, iba al mando del conde de Nothumberland.

Por su parte, Enrique concentró su ejército, más pequeñoa en una única batalla ( sección ) principal. Se había reunido una vez más con los Stanley el 21 de agosto, pero no había conseguido una garantía segura de sus intenciones. Los hermanos tomaron posición en el flanco izquierdo de Ricardo.



Enfrentado a un enemigo numéricamente superior, Enrique necesitaba cierta ventaja táctica. Cuando comenzó el combate, Oxford guió a la sección principal de Enrique en una marcha de alcance de los flancos, a la derecha de la vanguardia de Norfolk. Con estos dos grupos de hombres encerrados en un combate sangriento, Ricardo podría desplazar su sección principal para acudir en ayuda de Norfolk. Por el contrario, se valió de una oportunidad pasajera para asestar un golpe decisivo en otro punto del campo de batalla. Enrique y su guardaespaldas se habían separado del grueso de sus tropas y Ricardo les vio. Espoleó a su caballo y se dispuso a atacar junto a sus hombres de armas.



Parecían una fuerza imparable. El portaestandarte de Enrique, William Brandon, murió atravesado por la lanza de Ricardo. Se produjo una feroz lucha en torno al portador derribado. Sir John Cheeney se interpuso con coraje en el camino del rey Ricardo, pero también cayó.

Ricardo debía estar sólo a unos pocos metros de su rival cuando un nuevo ataque convulsionó el enfrentamiento.


Sir William Stanley se unió a la batalla, atacando a Ricardo y a su grupo aislado de hombres de armas. El rey, sin caballo, tuvo que huir mientras sus seguidores iban cayendo a su alrededor. El mismo Ricardo cayó finalmente ante las armas de los hombres de Enrique. Muchos soldados de su vanguardia sufrieron un destino similar. Mientras Oxford siguió avanzando, Norfolk fue muerto y su pelotón se dispersó.


La retaguardia de Northumberland, sin embargo, no atacó ni recibió un solo golpe antes de retirarse del combate ( se desconoce si fue debido a la traición o a la creciente confusión de la batalla ). Finalmente, Enrique había vencido.


Aunque considerada tradicionalmente como el final del periodo medieval en Inglaterra, la batalla de Bosworth apenas influyó en las vidas de la mayoría de habitantes de Inglaterra y Gales. Ni siquiera la nueva dinastía se encontraba completamente segura. Enrique VII derrotaría a un pretendiente de la casa de York en Stokeby-Newark en el año 1487, y a otro que acompañaba a una incursión escocesa en el norte de Inglaterra en 1496.


Sin embargo, mirándolo retrospectivamente, la batalla de Bosworth tuvo un inmenso significado histórico. Al parecer, el establecimiento de la nueva dinastía Tudor marcó un nuevo comienzo tras 30 años de guerras intestinas e inestabilidad.


domingo, 16 de noviembre de 2008

Evesham, 1265


A mediados del siglo XIII el rey Enrique III, hijo primogénito de Juan Sin Tierra, reinaba en Inglaterra. Fue proclamado rey con sólo nueve años, pero no gobernó hasta 1232.

Desde el principio de su reinado, Enrique III tuvo que hacer frente a la hostilidad de los barones del reino, cuyas rentas estaban gravadas por los derechos feudales restablecidos por su predecesor Enrique II. Al frente de ellos se encontraba el conde de Leicester, Simón de Montfort, homónimo y tercer hijo del tristemente célebre artífice de la cruzada contra los albigenses, Simón de Montfort.

En 1258, los barones impusieron al rey las Provisiones de Oxford, por las que quedaba sometido al control de consejos y del parlamento. En 1264 se agravó el litigio y se pidió arbitraje al rey de Francia, San Luis. El Dictado de Amiens pronunciado por el monarca francés abolió las Provisiones de Oxford. Simón de Montfort, furioso, se rebeló contra Enrique III y le venció en Lewes en mayo de 1264. Pero la desunión reinaba entre los barones, algunos de los cuales -como Roger Mortimer, conde de Gloucester, que facilitó la evasión del príncipe Eduardo, el hijo primogénito de Enrique III- volvieron a ponerse del lado de éste. Montfort cometió el error de subestimar la fuerza que se había constituido. A finales de julio de 1265 una idea le obsesionaba: hacer que su ejército cruzara al canal de Bristol.

El hijo de Montfort reunió un ejército considerable y acudió, a marchas forzadas, a socorrer a su padre. El 31 de julio estaba en Kenilworth, pero las tropas del príncipe Eduardo y las de Gloucester estaban cerca y pasaron al ataque el 1 de agosto. El ejército de Simón de Montfort el Joven fue desmantelado mientras, unos kilómetros más al sur, su padre hacía que sus tropas cruzaran el río. El 3 de agosto se encontraba en Evesham, junto al río Avon, y el príncipe Eduardo fue informado de ello.

La mañana del 4 de agosto se avisó a Simón de Montfort de la aproximación de una poderosa tropa. Ignoraba todavía la derrota de su hijo e imaginó que se trataba de su ejército.

El engaño fue total cuando el príncipe Eduardo hizo enarbolar, en el centro de su vanguardia, los estandartes capturados al enemigo. Pero Simón reconoció el estandarte real en el centro del cuerpo de batalla y en ese momento se dio cuenta de la superchería. A su derecha, vio las columnas con el estandarte de Clare y, en la retaguardia, el de Mortimer. La situación era desesperada y sólo los caballeros tenían la posibilidad de escapar sobre sus monturas. Otro de los hijos de Simón, Enrique de Montfort, decidido a demorar al enemigo, lo incitó a huir, pero el anciano, que no había abandonado nunca un campo de batalla, se negó, aunque propuso a los barones que escapasen. Ninguno de ellos aceptó la oferta.

Montfort organizó entonces su ejército con los caballeros a la cabeza y los hombres a pie detrás, y se lanzó contra los soldados del príncipe Eduardo. Pero sus tropas estaban constituidas sobre todo por galeses, que se dieron a la fuga ante el enemigo. Mientras el conde, rodeado por sus fieles, se encontró en medio de la refriega. El combate fue encarnizado. Las tropas reales flaquearon por un instante, pero las del conde de Gloucester atacaron por los flancos y la retaguardia.

Enrique de Montfort quedó mortalmente herido; también murió el caballo de Simón de Montfort. Éste al ver a su hijo muerto, exclamó: Ya es hora de que muera, y se metió en la refriega. Recibió una herida mortal en la espalda cuando se enfrentaba a una docena de caballeros para los que era un gran honor combatir contra él. Todos sus fieles cayeron alrededor de él; los que no murieron quedaron heridos de gravedad. En apenas dos horas, el ejército de los barones quedó destrozado. En el combate perecieron 180 caballeros, 220 señores y 2.000 infantes del ejército de Montfort y 5.000 galeses.

jueves, 30 de octubre de 2008

Batalla del Puig, 1237




En la primavera de 1237 el rey Jaume I "el Conqueridor" se encontraba en plena campaña por la conquista de Valencia a los musulmanes. Hasta ese momento no había tenido lugar ningún choque importante entres las fuerzas cristianas y musulmanas, pero cuando el rey catalán estaba llegando al llamado Puig de Cebolla para reconstruir su castillo y crear así una plaza fuerte, recibió noticias de que Zayvan, el rey de Valencia se encontraba en Puçol con todas sus fuerzas militares con la intención de presentar batalla campal. Jaume I contaba en ese momento únicamente con 2000 infantes y un centenar de caballeros, no obstante decidió responder al caudillo musulmán accediendo a entablar el combate.


No obstante, el Zayvan decide echarse atrás y renunciar al combate, de esta manera el rey aragonés tuvo tiempo de regresar a Catalunya en busca de víveres y material para sus soldados, que quedaron al mando de su tío Bernat Guillem d´Entença. El rey de Valencia, al enterarse de la partida de Jaume I, decidió presentar batalla a los cristianos situados en el Puig d´en Cebolla, reuniendo un gran ejército formado por "tota la força de Xàtiva fins a Onda, que eren un sis-cents cavallers i uns onze mil homes de peu".


Ante semejante fuerza, no es de extrañar que la hueste de Guillem d´Entença se sintiera atemorizada. La noche anterior a la batalla, d´Entença se reunió con sus hombres para decidir que hacer; se barajó la posibilidad de abandonar la posición, pero según el cronista Bernar d´Esclot " Guillem d´Aguiló afirmó que estaban en el Puig para honrar a Dios y a Santa María y que a pesar de ser pocos, era preferible morir con honor que vivir con deshonor, convenciendo así al resto de guerreros".


El día 20 de agosto de 1237, a la salida del sol, Zayvan se presentó en la llanura, ante la montaña de la Patà, donde se encuentra el castillo. En vanguardia situó a los infantes de la frontera de Xèrica, de llíria, de Onda y de Sogorb; estos peones iban por delante de los soldados más experimentados lo que hace pensar que para reclutar a tamaño ejército el rey Zayvan tuvo que contar con muchos hombres que tenían poca o ninguna experiencia militar. Tras ellos se desplegó la caballería.


Bernat Guillem d´Entença dejó a una guarnición en el castillo para apoyar a la fuerza que salió de éste para enfrentarse a los musulmanes. No obstante, lo que resulta extraño es que el castillo del Puig, más que un refugio desde donde defenderse aparece como todo lo contrario: un estorbo. En "el Llibre de Fets" de Jaume I, se relata que " sortiren tots armats fora del Puig, perquè deien que, si s´embarreraven, pitjor els seria, i més ràpidament els prendrien que si els trobaven fora". No es una táctica estratégicamente acertada si tenemos en cuenta que los soldados catalanes tenian víveres para soportar un asedio de meses, un aljibe con agua constante y una guarnición para resistir en la fortaleza, además los sitiados podrían haber recibido con cierta celeridad los refuerzos provenientes desde Burriana.



El hecho es que las tropas de Entença presentaron batalla campal, siendo derrotados en los primeros ataques realizados por los sarracenos. Los cristianos retrocedieron hasta la ladera de la montaña en donde podrían ser auxilados por la guarnición del castillo. Al tiempo que se realizaba esta retirada, uno de los centinelas apostados en el castillo empezó a gritar "s´en van, s´en van i són vençuts". Efectivamente, cuando las tropas aragonesas estaban siendo obligadas a retirarse a sus últimas líneas defensivas, los musulmanes emprendieron una caótica retirada. Jaume I explica: "els sarraïns que eren a la rereguarda, que cobrien els altres, començaren a fugir primer que els qui eren davant; i els nostres atacaren la davantera dels sarraïns, i els separaren. I en aquell moment es començà a guanyar la batalla, i la victòria durà fins al riu Sec, que és entre Foios i València". Los textos árabes dan fe de esta inaudita victoria cristiana y alejan la duda de que se trate de una victoria legendaria. Así, el poeta Ibn al-Abbar escribe: "Paraos ante los despojos ilustres y nobles que las puntas de las lanzas y las hojas de las espadas desgarraron en jirones. Que Allah riegue los cadáveres que han quedado sobre las laderas de Anisa, con abundantes aguaceros, derramados por pesadas nubes. Su pundonor les valió su perdición. Aquel jueves, al mismo tiempo que sus cargas repetidas sobre el campo de batalla donde se apretaban los combatientes" . Otro poeta contemporáneo, Abu al Mutarrif ( 1186-1251) describe: "El desastre de Anisa ( el Puig ) había sido la señal previa de ese día, cuando salieron de su guarida los leones furiosos". El mismo Jaume I escribe: "en moriren molts que foren ferits d´espasa, i d´altres que no tenien cap colp. I dels nostres moriren Rui Xemenes De Llucià, que tant entrà en els primers assalts que ningú ja no el veié, fins que el trobaren mort; i hi morí el seu fill major, don Ximén Peres de Terga, i una altre que tenia la senyera de don Bernat Guillem. I hi hagué més cavallers ferits, pero que no en moriren".


¿ Pero cómo se consiguió la victoria ? Segúun explica el cronista Bernat Desclot, Guillem d´Entença se cercioró de los medios de los que disponía antes de entrar en combate: unos 70 caballos de guerra, unos 200 mulos , unos 100 caballeros y unos 2000 infantes. Además había tres galeras reales ancladas en la playa. Los catalanes siguieron una estratagema; los que no tenían caballos de guerra utilizaron mantas y sábanas para disfrazar a los mulos y caballos percherones, de manera que el número de caballeros aumentó de cara al enemigo. Los hombres de las galeras se incorporaron a la fuerza del castillo llevando consigo todos los estandartes, banderas y trompetas de los que dispusieran, de manera que se incrementase el impacto perceptivo, tanto visual como auditivo, entre los musulmanes.


Este plan lo pudo idear Guillem d´Entença el día anterior de la batalla, ya que un cautivo cristiano consiguió escapar de la prisión de Valencia y pudo llegar al castillo del Puig para avisar de la inminente fuerza musulmana que se acercaba. La mañana del 20 de agosto, d´Entença salió del castillo con 50 jinetes y mil infantes, atacando a los sarracenos. El resto de tropas, es decir los templarios, hospitalarios y sirvientes disfrazados de caballeros, con las trompas y banderas quedaron en el castillo bajo las órdenes de Guillem d´Aguiló. En el momento crítico del combate, cuando los guerreros de Entença estaban en retirada, las tropas del castillo salieron haciendo ondear todos los estandartes de manera que el enemigo creyó que se trataban de los refuerzos del rey aragonés. Los musulmanes huyeron, no sin antes sufrir unas "10000 bajas" según los cronistas de la época.


Esta fue la única gran batalla de la conquista de Valencia por parte de Jaume I, conquista que se hizo efectiva el 9 de octubre de 1238.


Sepulcro de Guillem d´Entença.


martes, 14 de octubre de 2008

Bannockburn 1314



Las guerras de independencia entre Inglaterra y Escocia comenzaron en 1296. Al principio, los ingleses salieron victoriosos con el saqueo de Berwick, la derrota escocesa en Dunbar y la expulsión del trono de John Balliol. La derrota inglesa en el puente de Stirling, en el año 1297, fue respondida por el triunfo de Eduardo I de Inglaterra en Falkirk al año siguiente. En 1304 se conquistó Escocia. Dos años más tarde, en 1306, Robert Bruce ocupó el trono escocés, y las guerras se reanudaron.

Eduardo II, que llegó al trono en 1307, era incapaz de proporcionar el liderato firme que su padre había ejercido. La posición inglesa se fue tornando más y más dificil. Uno de los castillos más importantes en manos inglesas era el de Stirling, que dominaba la ruta hacia el norte, hacia los Highlands. En la primavera de 1314 fue sitiado por Eduardo, el hermano del rey Rober Bruce. Se alcanzó un acuerdo según el cual si a mediados de verano no había llegado ninguna fuerza de relevo, el castillo se rendiría a los escoceses ( durante mucho tiempo se pensó que este acuerdo se realizó en 1313, pero hoy se sabe que fue un error del biógrafo de Bruce, John Barbour ).



Los ingleses no podían pasar por alto este desafío. Los preparativos militares ya estaban en marcha; las noticias prcedentes de Stirling empujaron a Eduardo II a la acción. Disponía de un ejército considerable. Se lanzó un llamamiento feudal, señal de que iba a ser una gran campaña, a una escala similar a las realizadas por Eduardo I en Escocia. Probablemente el ejército ascendía a 2000 soldados de caballería y 15000 infantes, muchos de los cuales serían arqueros. Eduardo y sus consejeros eran muy conscientes del terreno donde los escoceses probablemente iban a retarles, y se dio orden de que las tropas se preparasen para un enemigo establecido en la zona pantanosa próxima al río Forth.

Apenas existen datos sobre la composición del ejército escocés. Probablemente estuviese compuesto por entre 7000 y 10000 hombres de armas, con un máximo de 500 caballeros. La caballería escocesa no disponía de un equipo tan completo como el de la inglesa; es posible que contase con caballería ligera, adecuada para escaramuzas y tareas de reconocimiento, pero no para cargar contra las líneas enemigas. La infantería dispondría de pocas armas, entre ellas a destacar: hachas, espadas y picas, con un número escaso de arqueros.

La información sobre la batalla proporcionada por John Barbour ( biógrafo de Bruce ), escrita muy avanzado el siglo XIV, sugiere que los ingleses avanzaron sobre Stirling en diez divisiones, o cuerpos, aunque resulta poco probable. Los precedentes de otros ejércitos ingleses, como los de 1298 y 1300, indican la improbabilidad de más de cuatro secciones como máximo. Posiblemente los escoceses se habrían repartido en tres divisiones, preparados para luchar en schiltroms ( círculos defensivos de hombres armados con picas ).

La batalla fue inusual porque duró dos días; la mayor parte de los conflictos medievales eran muy breves, duraban sólo unas horas. El 23 de junio avanzaron dos formaciones de caballería inglesas. La vanguardia al mando de los condes de Gloucester y Hereford se encontró con un cuerpo de escoceses. Entre ellos estaba el mismo Bruce, que luchó cuerpo a cuerpo con Enrique de Bohun, sobrino de Hereford. Bohun intentó atacar a Bruce, y cuando los dos se vieron frente a frente, el rey escocés lo decapitó con su hacha. La lucha entre los dos bandos prosiguió su curso. Este enfrentamiento relativamente menor demostró que la caballería inglesa no era precisamente invulnerable. La otra fuerza de caballería inglesa, que se encontraba al mando de Robert Clifford, avanzó en el flanco opuesto. Le tocó enfrentarse a un schiltrom comandado por Thomas Randolf, conde de Moray. Clifford y sus hombres se retiraron, confusos e incapaces de romper la formación escocesa.



Por la noche las fuerzas inglesas cruzaron el río conocido como Bannock Burn y establecieron su posición en la llanura. Alexander Seton, un caballero escocés al servicio de Eduardo II, desertó del campamento inglés y se dirigió a comunicar a Bruce la baja moral de los ingleses y a animarle para que no dudara en lanzar un ataque al día siguiente. Los escoceses salieron de los bosques de New Park al amanecer, animados por las palabras de su rey. Los arqueros ingleses pudieron haber frenado el avance de los escoceses, pero fueron neutralizados por una carga de la caballería escocesa comandada por sir Robert Keith.

La respuesta inglesa al avance escocés fue una carga erncabezada por el conde de Gloucester, un hombre joven cuya carrera hasta el momento había estado marcada por la sensatez y la moderación, pero que por entonces entabló una disputa con el conde de Hereford sobre quién tenía derecho de guiar a la vanguardia de la batalla. Gloucester también discutió con el rey sobre la idea de que había que posponer el combate, y Eduardo le acusó de cobarde. Quizá fuera este el detonante que aguijoneó a Gloucester a emprender su fatal carga. Pocos hombres le acompañaron en su misión, y cuando llegó a las líneas escocesas no tardó en verse completamente rodeado, muriendo allí mismo.



La lucha se generalizó rápidamente, y los ingleses se vieron empujados hacia atrás por los escoceses en sus schiltroms. La caballería fue doblegada y rodeada, y cuando las tropas inglesas retrocedieron, comprobaron que cada vez les resultaba más dificil maniobrar. La lucha fue tremenda. Como cuenta Barbour: " Se produjo un estrépito de golpes cuando las armas chocaban contra las armaduras, y las lanzas se partían, y empujones y arremetidas..". Los ingleses fueron incapaces de mantener sus formaciones y rompieron filas.

A medida que se iba haciendo patente que los ingleses habían perdido, los hombres de Eduardo II decidieron que había que alejar al rey del desastre. Cuando Eduardo estuvo a salvo, un caballero llamado Giles de Argentine declaró heroicamente que él no estaba acostumbrado a huir. Se dio la vuelta y realizó su última carga contra las filas escocesas.

Aunque los datos sibre la batalla no coinciden entre si, las razones del triunfo escocés son patentes. Éstos lograron establecer una posición fuerte en un terreno que les era favorable. Contaban con un líder carismático y con un estudiado plan de acción. Los ingleses carecían de toda coherencia en su organización. Las acciones caballerescas, como las del conde de Gloucester o de Giles de Argentine resultaron ser auténticos suicidios. La derrota abrió el norte de Inglaterra a los ataques de los escoceses. El curso de la guerra fue favorable a Escocia hasta 1332 y 1333, con las victorias inglesas de Dupplin Moor y Halidon Hill.

Caballería inglesa atacando un schiltrom escocés.


Efigie funeraria de Robert Bruce en St Conan's Kirk.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Batalla de l´Ecluse, junio de 1340.


A principios de 1340, el rey de Francia Felipe VI de Valois reunió una flota con la esperanza de frustrar los proyectos de desembarco de Eduardo III de Inglaterra en el continente, así que intentó juntar una armada similar a la de su antecesor Felipe IV que llegó a tener una flota de 50 galeras. Felipe VI consiguió crear una flota de 200 galeras genovesas bajo el mando de Barvavera y algunas cocas de refuerzo, que fondeó en el estuario de l´Ecluse ( Países Bajos ) en junio de 1340 bajo el mando del almirante Hue Quiéret y del vicealmirante Nicolas Behuchet.


Esta armada estaba a la expectativa, esperaba la inminente invasión de Eduardo III, anunciada para San Juan. El 23 de junio la flota inglesa -de 250 barcos, compuesta por embarcaciones redondas muy fortificadas y a las órdenes del almirante Robert Morley- , tocó tierra en Blankerberghe, a pocos kilómetros al oeste de l´Écluse. En cuanto el genovés Barvavera vio que la flota inglesa se acercaba aconsejó al almirante francés salir inmediatamente a mar abierto, pero Behuchet dio la orden contraria, dejando a los barcos anclados e inmovilizados, creando así una auténtica fortaleza pues la flota estaba dispuesta en tres líneas y unidos unos a otros mediante guindalezas.


Al día siguiente, Eduardo III levóa anclas en uno de sus barcos y se dirigió a alta mar ante la mirada de alegría de los franceses que intuían una huída inglesa, sin embargo los ingleses realizaron esta maniobra para situarse mejor respecto al viento y penetrar así en el estuario con la marea alta. El genovés Barbavera ( el mejor navegante de toda la flota franca ) se dirigió inmediatamente hacia los ingleses, pues había comprendido la artimaña, pero su ataque resultó infructuoso ya que la superioridad inglesa fue aplastante.


Los almirantes franceses decidieron situar en primera línea a cuatro gigantescas naos armadas de ballesteros hasta los topes, sin tener en cuenta la escasa maniobrabilidad de estos buques, un grave error ya que dejó situadas en retaguardia a las ágiles galeras genovesas que quedaron en una segunda línea. Los barcos ingleses se lanzaron al asalto al mediodía del día 24; los ballesteros franceses se vieron abrumados ante la lluvia de flechas de los arcos largos británicos, atrapados en unas naves que apenas podían virar, siendo presa fácil de las rápidas cocas inglesas cargadas de infantería.



Los almirantes franceses murieron en su buque insignia, el Saint-Georges, mientras las galeras genovesas no apenas podían moverse al tener la costa a popa y las naos francesas a proa. Por la noche sólo quedaban 60 barcos franceses, de los cuales algunos consiguieron huir para reunirse con los restos de las galeras comandadas por Barbavera. El desastre final llegó cuando los flamencos que estaban en tierra asaltaron las naves francesas mediante barcas ligeras. La lucha fue totalmente cuerpo a cuerpo durante todo el desarrollo de la batalla, muriendo miles de los mejores caballeros de Eduardo III y perdiéndose más de 10000 franceses y genoveses.

Podemos resumir que la táctica resultó ser la misma que en las batallas campales y que los arqueros ingleses resultaron determinantes, al igual que lo harían seis años después en Crécy.



La nave francesa "Cristopher de la Tour", armada con 5 bombardas, 60 marinos y 135 soldados. Hundida en la batalla.

martes, 30 de septiembre de 2008

Batalla de Guinegatte. 7 de agosto de 1479.


Carlos el Temerario había muerto en 1477 durante el asedio a Nancy. Luis XI había vencido a su principal enemigo, pero la sucesión al ducado de Borgoña atrajo la codicia de Renato de Lorena, Segismundo de Austria, los suizos y otros.

María de Borgoña, hija única del difunto duque, tenía 20 años. Casarla con el delfín era para Luis XI la mejor forma de hacer que el ducado cayera en sus manos. Pero confió la muy delicada misión de convencer a su joven heredera a su cirujano-barbero. No sorprende, por tanto, que la misión fracasara. La joven pronto tomó una decisión muy distinta, ya que el 21 de abril de 1477 proyectó casarse con Maximiliano de Habsburgo, heredero del gran Imperio Romano Germánico.

Despechado, Luis XI invadió Hainaut y sus tropas cometieron terribles tropelías en Valenciennes, Douai y sobre todo en Avesnes. El 18 de agosto de 1477, María de Borgoña se casó con el archiduque Maximiliano de Austria, pero la "araña universal" - mote con el que se conocía a Luis XI - no había dicho su última palabra.

De inmediato, el rey de Francia ocupó Borgoña, el Franco Condado y la Picardía. En Hainaut la situación era muy distinta; los flamencos, firmes partidarios de Maximiliano, le dieron todo su apoyo y el ejército francés quedó atascado. Por su lado, Maximiliano estaba dispuesto a defender la herencia de su esposa y consiguió reunir en Saint Omer a un ejército de 27000 hombres formado esencialmente por flamencos, con el objetivo de detener a los franceses y reconquistar los territorios perdidos. El 25 de julio de 1479, el ejército partió de Saint Omer para sitiar Thérouanne, una plaza guardada por el señor de Saint-André con 400 lanceros y 1500 ballesteros. En realidad la estrategia del archiduque de Austria consistía en atraer las tropas del rey de Francia -1800 piqueros y 14000 arqueros- mandadas por el señor D´Esquerdes, lo cual no tardó en suceder. Sin embargo, en vista de la superioridad del ejército real algunos aconsejaron al archiduque que evitase el combate, pero esto era desconocer la osadía del joven príncipe, el cual se encontraba también un poco "empujado" por los flamencos para entablar combate.

Así pues, fue al encuentro del enemigo y situó a sus tropas en Guinegatte, con la artillería en el centro, cubierta por los ballesteros y los arqueros, y la caballería en los flancos. Al alba del 7 de agosto, los franceses descendieron del terreno elevado de Enghien, situado frente a Guinegatte. A primeras horas de la tarde, D´Esquerdes lanzó a su infantería contra el adversario y él, a la cabeza de sus caballeros, cargó contra la caballería borgoñona. Ésta, rápidamente desbordada, se vio obligada a emprender la huida. D´Esquerdes se lanzó entonces en persecución con la intención de hacer el mayor número de prisioneros para poder así exigir un elevado rescate, tal y como era costumbre. De este modo, Maximiliano, se encontró en medio de sus picas, en la colina, mientras la infantería francesa, abandonada por su jefe y por tanto sin mandos superiores, sola y desorganizada, se topaba con las milicias flamencas.

Entre tanto, el señor de Saint-André, sitiado en Thérouanne, efectuó una salida para sorprender a los flamencos por retaguardia, pero sus tropas prefirieron ir a saquear los carros enemigos. Para entonces la infantería real francesa ya huía en desbandada, pero también los flamencos decidieron dedicarse a saquear el convoy francés.

Al atardecer, D´Esquerdes regresó al campo de batalla; su infantería había desaparecido y sus hombres, extenuados, decidieron poner a salvo a sus prisioneros y se retiraron a Blangy.

Maximiliano, todavía en el terreno, pudo entonces proclamarse vencedor, pero no hizo ningún intento para liberar a sus caballeros prisioneros de los franceses. En el combate cayeron unos 14000 soldados entre los dos bandos.

Al enterarse de esta derrota a medias debida al ansia de lucro de sus generales, Luis XI sufrió un ataque de ira y se dispuso a dar la orden de ejecutar a los prisioneros allí mismo, pero al fin, temeroso de contrariar a sus caballeros, consintió de mala gana el trueque de aquellos hombres por un rescate. Sin embargo, le costó olvidar aquello y ordenó que, en lo sucesivo, no se hiciesen más prisioneros que pudieran volver al combate después de pagar un rescate y también para evitar que la avaricia de sus caballeros le hiciera perder una batalla.

Luis XI

Maximiliano I

sábado, 27 de septiembre de 2008

Sagrajas, 1086. Importante victoria almorávide.

Conocida también a veces como batalla de Zalaca, se libró en Sagrajas, en las proximidades de Badajoz el 23 de octubre de 1086 , entre las tropas cristianas de Alfonso VI de León y Castilla y las almorávides de Yusuf ibn Tashfin, con la derrota de las primeras.

Un año antes, Alfonso VI había tomado Toledo, lo que alarmó a los reyes de algunas taifas españolas, quienes solicitaron la ayuda militar de Yusuf ibn Tashfin . Desembarcó éste en Algeciras al mando de un ejército de musulmanes (los almorávides) con el que se dirigió hacia el norte. El monarca castellano-leonés, apoyado por el rey de Aragón, salió a su encuentro. Tuvo lugar éste en Sagrajas, cerca de Badajoz. Tras un primer empuje de las fuerzas castellano-leonesas mandadas por Álvar Fáñez, los senegaleses de Yusuf destrozaron el ejército cristiano. Alfonso VI salvó la vida con la huida.

Yusuf ibn Tashfin cruzó a Andalucía al mando de 7.000 hombres. Marchó con su ejército al norte de al-Andalús hasta llegar a az-Zallaqah. El ejército almorávide fue incrementándose con más efectivos reclutados en todo al-Ándalus, llegando a alcanzar los 30.000 soldados. Alfonso VI de Castilla, por su parte, llegó al campo de batalla con unos 60.000 hombres.

Los dos líderes intercambiaron mensajes antes de la batalla: Yusuf ibn Tashfin ofreció tres posibilidades al enemigo: convertirse al Islam, pagar tributo o luchar.

Alfonso VI decidió luchar contra los almorávides. La batalla comenzó al amanecer de un viernes, con el ataque del rey Alfonso. Yusuf Ibn Tashfin dividió su ejército en tres divisiones: la primera la dirigía Abbad III al-Mu'tamid y estaba compuesta por 15.000 soldados; la segunda la dirigía el mismo Yusuf, y estaba compuesta por 11.000 hombres; y la tercera división eran 4.000 guerreros negros africanos con espadas indias y largas jabalinas.

La primera división, la dirigida por Abbad III al-Mu'tamid, luchó sola contra Alfonso VI hasta entrada la tarde, y después se unieron a ellos Yusuf ibn Tashfin y su segunda división, para rodear las tropas de Alfonso VI. A las tropas castellanas les entró el pánico, y comenzaron a perder terreno, y entonces Yusuf ordenó a la tercera división atacar y terminar la batalla. Según los relatos de la época, las bajas en el ejército de Alfonso fueron tremendas (más de 59.500 muertos). Sólo 100 caballeros lograron volver al castillo. Alfonso VI, por su parte, sobrevivió a la batalla, pero perdió una pierna.

Por otro lado, dejando al margen los relatos contemporáneos, que suelen exagerar los números implicados, se cree que el ejército castellano estaba compuesto por 14.000 hombres, incluyendo a unos 2.000 caballeros, y que al menos la mitad de esa cifra se perdió. El rey y la mayoría de los nobles sobrevivieron, si bien algunos cayeron en batalla, incluyendo a los condes Rodrigo Muñoz y Vela Ovéquez. También hubo importantes bajas en el otro bando, especialmente para las huestes dirigidas por Dawud ibn Aysa , cuyo campo incluso fue saqueado en las primeras horas de la batalla, y por el gobernador de Badajoz, al-Mutawakkil ibn al-Aftas. El gobernador de Sevilla, al-Mu'tamid, fue herido en el primer encuentro, pero su ejemplo personal y su valor empujó al las fuerzas de al-Andalus en los momentos más difíciles de la carga castellana, dirigida por Álvar Fáñez. Entre los muertos se encuentra un imam de Córdonba muy popular, Abu-I-Abbas Ahmad ibn Rúmiala. Se dice que Yusuf por su parte se vio muy afectado por la carnicería.

Por otro lado, Yusuf tuvo que volver prematuramente a África, por la muerte de su heredero, por lo que Castilla y León no perdió mucho territorio, a pesar de la destrucción de la mayor parte de su ejército.

Hastings, octubre de 1066. De Bastardo a Conquistador.


Esta batalla entre Harold, rey de Inglaterra, y Guillermo el Bastardo, duque de Normandía, fue la culminación de una crisis sucesoria en el reino inglés: Eduardo el Confesor, rey de Inglaterra entre 1042 y 1066, no tenía heredero. Eduardo era hijo de Etereldo el Indeciso, rey de Inglaterra de 978 a 1016, y de Emma, de la casa ducal normanda, y se crió en el exilio en la corte de Normandía antes de ser llamado a Inglaterra en 1042. Llevó a algunos normandos a Inglaterra para que le ayudasen en su gobierno. Eduardo temía el poder de Godwin de Wessex, un potentado inglés a quien expulsó en 1051.

Prometió la sucesión al duque Guillermo, un pariente a quien conocía desde niño. Mientras tanto, Godwin organizó ataques contra Inglaterra y disfrutó de cierta simpatía entre los otros líderes de la sociedad inglesa, de manera que en cuestión de un año recuperó su poder. Después de su muerte, en 1053, el poder pasó a manos de su hijo mayor, Harold, que no solo era el hombre más poderoso del país: su hermana Edith, se casó con el rey Eduardo. Otro pretendiente era Harald Hardrada, rey de Noruega entre 1047 y 1066, descendiente del rey Canuto ( 1016-1035), que gobernó Escandinavia e Inglaterra.

Un pretendiente necesitaba ser aceptado por la poderosa aristocracia inglesa, y aunque es posible que algunos se opusieran a su sucesión, Harold probablemente fuese el candidato más aceptable. Además, antes de su muerte el 5 de enero de 1066, el rey Eduardo designó a Harold como su sucesor. Fue coronado el día de reyes de ese año.

Tanto Guillermo el Bastardo como Harald Hardrada, que se alió con el hermano exiliado de Harold, Tostig, se prepararon para la guerra.

Harold movilizó una flota y un ejército en la costa sur para hacer frente a la amenaza de Normandía, donde Guillermo reunió un ejército de unos 7000 hombres trasnportados en 776 barcos. Éste tuvo la suerte de que la presencia de un menor en el trono de Francia y el conflicto en Anjou neutralizasen a los potenciales enemigos continentales. Además, la diplomacia convenció al Papa de que honrase su expedición con un estandarte papal.

Por otra parte, Harald de Noruega, Tostig y su flota de 300 barcos desembarcaron cerca de York, derrotando a los condes del norte el 20 de septiembre en Fulford Gate. No obstante el ejército del rey Harold reaccionó rápidamente y atacó a los ejércitos escandinavos en Stamford Bridge el 24 de septiembre, batalla en la que murieron Harald y Tostig.

Cuatro días después, la noche del 28 de septiembre, el ejército del futuro Guillermo el Conquistador cruzó el canal de la Mancha y situó bases en Pevensey y después en Hastings. Guillermo deseaba luchar porque necesitaba una resolución rápida, y provocó a Harold arrasando Sussex. El rey se encontraba de regreso en Londres tras su victoria en Stamford Bridge e inspirado por su reciente victoria también estaba ansioso por entablar combate y aunque podría haber esperado a los refuerzos, marchó de inmediato hacia Hastings para acabar con el pretendiente al trono.

Harold ordenó a las levas locales que se le uniesen en el "viejo manzano", al norte de Hastings. Las fuentes sugieren que la respuesta no fue tan numerosa como cabría esperar. La deslealtad podría ser una explicación, pero también podría haber sucedido simplemente que Harold esperase atrapar a Guillermo por sorpresa y las levas tardasen en reunirse. En su descenso por la carretera de Londres, el ejército del rey se desplegó en la cumbre de lo que hoy se conoce como Battle Hill. Los espías de Guillermo habían detectado el avance y el ejército normando se reunió al pie de la montaña.

Los ingleses situaron sus flancos en el bosque, a ambos lados, de manera que los hombres de Guillermo harían frente a una carga ascendente que disminuiría el ritmo de la caballería y la infantería. El líder normando necesitaba una victoria rápida, ya que si los ingleses resistían, sus fuerzas acabarían aumentando.

Ambos bandos dependían de sus tropas de élite. Los caballeros de Guillermo y los "thegns" de Harold llevaban un tipo de armadura de malla muy similar y utilizaban lanzas y espadas, aunque muchos ingleses preferían las hachas de combate. Entre los dos ejércitos existían diferencias significativas. Los "thegns" ingleses viajaban a caballo, pero su tradición de luchar a pie se reforzó en este caso con la posición defensiva de Harold. Por el contrario, los normandos contaban con 2000 jinetes que aportaban movilidad. La elite inglesa contaba con el apoyo de levas locales apenas armadas y de dudoso valor militar, mientras que el duque Guillermo había reclutado a numerosos caballeros y mercenarios bien equipados. Además, los ingleses contaban con pocos arqueros en contraste con el alto número que había en las filas normandas.

Harold organizó un denso muro de escudos a lo largo de la montaña, con sus thegns en primera fila. Guillermo colocó al frente a sus arqueros con el fin de hostigar al enemigo, pero al lanzar cuesta arriba, apenas provocaron daños. La caballería y la infantería se organizaron en tres divisiones: los bretones a la izquierda, los normandos en el centro y los francos a la derecha. La batalla comenzó alrededor de las nueve de la mañana.


El primer asalto fue por parte de la infantería normanda, fue repelido y Guillermo tuvo que recurrir a la caballería por miedo a que su retirada provocase una derrota aplastante. Los ingleses comenzaron a perseguir a los bretones del flanco izquierdo, que parecían desordenados, y después se propagó el rumor de que Guillermo había muerto; sin embargo, éste reunió a sus hombres alzando su casco y recorriendo al galope la línea de batalla. Los ingleses que habían avanzado fueron aniquilados. Cabe la posibilidad de que Harold hubiese intentado un avance general que fue abortado por la muerte de sus hermanos, que hacían de guías. Las fuentes normandas aseguran que de esta crisis surgió una eficaz estratagrema: fingir la huida para atraer a los ingleses de manera que éstos abandonasen su línea defensiva y así poder matarlos en campo abierto. Esta estrategia se pudo utilizar en dos ocasiones a lo largo de la batalla. Sin embargo, la batalla desembocó en un enfrentamiento dificultoso en el que el muro de escudos inglés aguantó, aunque maltrecho.

Un acontecimiento fortuito decidió el desenlace. A medida que se acercaba la noche y los normandos se preparaban para el ataque final, una flecha alcanzó a Harold en el ojo. Los ingleses se sintieron perdidos ante la muerte del rey y el asalto de la caballería normanda otorgó la victoria a Guillermo.

En una época en la que las batallas rara vez duraban más de una hora, los ejércitos enfrentados en Hastings resistieron todo el día. Ambos comandantes impusieron una notable disciplina a sus tropas, y Guillermo demostró su habilidad táctica al explotar la movilidad ( si se creen las fuentes normandas que hablan de retiradas fingidas ). Al final, sin embargo, y como ocurre a menudo en las guerras, la casualidad resultó decisiva: la muerte de Harold dejó a los ingleses sin nada por lo que luchar.

La victoria en Hastings no garantizó el control de Inglaterra, pero sin un candidato obvio para la corona, los notables ingleses aceptaron con reservas a Guillermo, que fue coronado el día de Navidad de 1066. A continuación el nuevo rey tuvo que enfrentarse a continuas rebeliones y esperar a principios de la década de 1070 para ver su reino afianzado. Dado que la batalla decidió el destino del reino de Inglaterra, atrajo a un gran número de escritores y cronistas contemporáneos y fue también el tema de una gran trabajo de bordado, el tapiz de Bayeux. Además no se ha construido edificación alguna sobre el campo de batalla y se sabe donde se produjo el enfrentamiento porque Guillermo fundó Battle Abbey para conmemorar su victoria y ordenó que su altar mayor se situase en el punto exacto en donde el rey Harold cayó muerto.