
El ejército de Alfonso VIII, estaba formado por mercenarios, los Caballeros de Toledo y los Caballeros de las Ordenes Militares de Calatrava Santiago así cómo por voluntarios portugueses de la Orden de Evora. Su número se estima en unos 10.000.
El núcleo del ejército musulmán era su caballería ligera con arqueros y el núcleo del ejército cristiano era su caballería pesada con jinetes y caballos con armadura. Además los Almohades incorporaban dos adelantos tácticos muy importantes: La Ballesta masivamente y la Milicia o Movilización General de todos los hombres disponibles, lo que les daba superioridad númerica frente a los ejércitos cristianos de la Peninsula Ibérica, que estaban formados por Mercenarios y Militares profesionales tales cómo las Órdenes Militares y los Caballeros, pero que eran muy pocos en número en comparación.
En la madrugada del día 19 y tras esperar 1 día los refuerzos de sus aliados, la impaciencia y la imprudencia de Alfonso VIII, hizo que ordenase el ataque sin esperar a los Reyes de Aragón, Navarra y León, que le hubiesen dado con sus tropas la superioridad numérica y posiblemente la victoria. Así tras un día esperando acampados en el cerro bajo sol abrasador de julio, con sus pesadas armaduras y cotas de malla; los castellanos tenían sed, y la comida escaseaba, ante el riesgo de enfermedades y bajas por el calor y temiendo que los musulmanes se reagrupasen, ya que Almansur había escondido en los cerros cercanos gran parte de sus tropas. Ante esto, ordenó el ataque.
En un principio la caballería Castellana al mando del Alférez de Castilla Don Diego López de Haro, cargó cerro abajo contra la infantería musulmana, que estaba en el llano, destrozándola y casi aniquilándola, causando grandes perdidas a los musulmanes, pero estos, tras un movimiento de sus arqueros y una salida desde sus escondites en los cerros de alrededor de fuerzas con las que no habían contado los castellanos, iniciaron un violento contraataque.
Tras rodear la caballería ligera musulmana a la caballería pesada Castellana, en una maniobra de tenaza, según las crónicas, por completa sorpresa, las flechas de los Ballesteros Almohades y de los arqueros Guzz a caballo, causaron grandes estragos en la caballería Castellana además de a su infantería de apoyo, pues estos con sus caballos armadas y cogidos entre el cerro y el río, no podían literalmente moverse ni maniobrar y fueron, “cazados” y asaeteados, hasta que unos pocos pudieron retroceder y llegar al castillo ya muy tarde para reagruparse y contraatacar, pues los musulmanes habían rodeado también el campamento desde el cercano cerro a la derecha del de Alarcos y amenazaban con rodearlos totalmente y no dejar escapatoria hacia Toledo.
La lucha se prolongó desde el amanecer hasta el mediodía, en que los musulmanes lograron penetrar en el campamento Castellano, hasta la tienda del rey castellano, que estuvo a punto de perecer en la contienda.
El Rey Alfonso VIII tuvo que huir al galope hacia el castillo de Malagón, dejando al mando al Alférez de Castilla, Don Diego López de Haro, que se refugió con 5.000 de sus tropas en el castillo de Alarcos, para salvarse, tuvo que entregar 12 Caballeros rehenes a los Almohades en señal de que pagaría el cuantioso Rescate fijado por Al Mansur, además en la batalla fueron capturados 4.000 prisioneros que fueron liberados, además de permitir la retirada de las tropas castellanas.
Fue una gran derrota para los Castellanos, sufriendo más de 1.000 muertos en combate por una mala estrategia de Alfonso VIII y de sus consejeros políticos y militares, que claramente se precipitaron y menospreciarion el potencial y la estrategía de los Almohades.
Para los Calatravos su primera batalla fue una gran masacre, perecieron en combate cubriendo la retirada de su Rey gran número de sus Caballeros que desde ese día y en homenaje cambiaron su Cruz Negra por una Cruz Roja, por la sangre derramada, aunque esto no fue oficial en la uniformidad hasta principios del siglo XIV.
También murieron en la batalla los Obipos de Avila, Segovia y Sigüenza; así como los Maestres tanto de la Orden de Santiago y de la portuguesa Orden de Évora.
Las pérdidas también resultaron elevadas para los musulmanes. No sólo el Visir, si no también el Comandante de los Benimerín perecieron en la batalla.
Además, tras la derrota de Alarcos los enfurecidos musulmanes mataron a los habitantes de la cercana aldea del Pozo de Don Gil, hoy Ciudad Real, y asaltaron y mataron a los supervivientes Calatravos de la batalla que se habían refugiado en su Fortaleza de Calatrava, quedando esta en poder musulmán.






































