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jueves, 30 de abril de 2009

11 de septiembre de 1714. El fin.


En 1714, la guerra de Sucesion española hacia ya años que duraba. En ese momento Catalunya combatía ya sola, pues los aliados ingleses, alemanes, portugueses y holandeses se habían retirado en hacía ya meses, no obstante la "Junta de Braços" barcelonesa optó por la resistencia a ultranza

De esta manera, la capital catalana , sola y abandonada, fue inicialmente asediada por las tropas del Duque de Pópuli y después por el Duque de Berwick, en verano de 1714. Las fuerzas estaban fuertemente desequilibradas en número, ya que las fuerzas atacantes sumaban unos 40.000 hombres y 140 cañones frente a 5.000 defensores a las órdenes del General Antoni de Villarroel.

La esperanza del general Villarroel era coger entre dos fuegos a las tropas asaltantes, dado que en el campo habian pequeñas fuerzas al mando del General Josep Moragues y otros prohombres de la ciudad.
Barcelona resistía cuando en otoño del 1713 fue bombardeada intensamente con el fin de abrir brechas en las defensas catalanas. La noche del 10 de septiembre de 1713, 3.000 soldados hispano-franceses lanzan un ataque a la bayoneta contra unos escasos 300 hombres que mandaba el teniente coronel Josep de la Bastida, tomaron el convento de la Santa Madrona, pero se tuvieron que retirar a la mañana siguiente bajo el fuego de las Baterias de Montjuic.



Finalmente, en julio de 1714, el poderoso ejército borbónico ejercito dirigido por el duque de Berwick, cierra el sitio de la ciudad, dejándola totalmente aislada.
El día 27 de julio comenzó empieza el bombardeo mas intenso sobre Barcelona de toda la guerra, abriendo numerosas brechas en la muralla, no obstante los defensores lo contrarrestan con contratrinchera y contraminas que frenaron el asalto de las tropas borbónicas.
El 8 de agosto , en un nuevo consejo de guerra, los jefes militares juran con las autoridades civiles, desenvainando y alzando las espadas, resisitir y morir antes que rendirse al enemigo, en contra de la opinión de Rafael Casanova y del general Villarroel, quien consideraba que la decisión de resistir era impracticable desde el punto de vista militar.



El día 12 se desencadenó un furioso ataque al Portal Nou y al día siguiente al portal de Santa Clara. Tras una intensa preparación artillera se inició el asalto a ambas posiciones, siendo repelidos por los defensores. Ante el fracaso de este intento, el Mariscal Berwick hizo una propuesta de armisticio, recibiendo la contestación “de no escuchar ninguna proposición para rendir la plaza”.
El 3 de septiembre , a punto del asalto final, el Duque de Berwick, pide la rendición de la ciudad, peticion denegada unánimamente por los defensores. Dos días después, Villarroel presentó su dimisión, aunque aceptó mantenerse en funciones hasta que se encontrara un sustituto.



Finalmente, el 11 de septiembre, comenzó el ataque final sobre la ciudad condal. A las 4:30 de la mañana, las fuerzas hispano-francesas lanzaron un gran ataque sobre la muralla de Levante, mientras las andanadas de la artilleria causaba estragos entre los defensores. Una hora y media después, los atacantes se habían apoderado de los baluartes del Portal Nou, Santa Clara y Levante, así como del Monasterio de Santa Clara.
El pueblo de Barcelona, asediado, se dispuso a defender su ciudad a la desesperada bajo las órdenes del general Villarroel y del Conseller en Cap, Rafael de Casanovas. Los cañones no paraban de tronar, y las bombas caían pordoquier mientras las campanas de los campanarios de la Ciudad repicaban incesantemente. A las 09:00, aproximadamente el ejército borbónico atacaba por dos sectores que iban desde el Portal Nou hasta las reales Atarazanas. La desproporcion de las fuerzas era grandiosa, de uno a cinco a favor de los asaltantes, pero aun así, los defensores plantaron cara con valor y desesperación.



En uno de los contragolpes, los defensores catalanes, pudieron recobrar y girar las baterias que causaban estragos a Barcelona, mientras que en un ataque a la bayoneta se sorprendió al enemigo que en una desordenada retirada perdió cuatro banderas, mientras que el coronel Pau Thoar con una columna de defensores, mantenía a ralla a los asaltantes en la puerta de Sant Agustí.
Las fuerzas de la Coronela ( milicia ciudadana ) se batían heroicamente en el Portal Nou, lugar principal de la batalla y donde hubo feroces combates cuerpo a cuerpo, viendo el duque de Berwick como sus tropas reculaban. La lucha en el interior en las calles fue sangrienta: 6.000 bajas borbónicas y 3.900 catalanas.



El general Villarroel, a pesar de su dimisión -por desacuerdo con el Consejo de Gobierno que no le habían consultado, ni a él ni a los jefes militares, las decisiones que habían tomado de proseguir la lucha, y que suponía un sacrificio inútil- se presentó en la Plaza del Borne y se volvió a poner al frente de la resistencia.
A sugerencia de Villarroel, el “Conseller en Cap” Rafael Casanova, seguido de varias figuras de la nobleza y una cohorte de ciudadanos armados, salió hacia el baluarte del Portal Nou para animar a los defensores, enarbolando la bandera de Santa Eulalia, patrona de Barcelona.
Cerca del Hort de Sant Pere, se encontraba el Conseller en Cap Rafael de Casanovas, cuando de repente cae al suelo herido gravemente por un disparo en la pierna, retirándolo y llevándole al Hospital de la Creu. Acudió en su lugar el Conde de Plasencia que alzó nuevamente la bandera de santa Eulàlia, que habia caído al suelo junto al Conseller en Cap.

Con misión parecida salió la representación de la Diputación portando el estandarte de San Jorge, dirigiéndose al sector de la Plaza de Palacio. En las inmediaciones del Portal Nou, se luchó encarnizadamente en el Convento de San Agustín, donde los defensores resistieron ocho horas. Villarroel cayó herido de un tiro en una pierna; herida similar a la de Casanova; pero, no obstante, siguió al frente del combate.

Pasado el mediodía, los defensores, empezaron a batirse en retirada, refugiándose unos en el convento de Sant Pere y otros en las casa de alrededor, desde donde continuaba la lucha, sin embargo a medida que iban pasando las horas, se iban agotando las fuerzas en ambos lados, a pesar que el ejercito asaltante iban renovando las tropas por unas fuerzas frescas de reserva, para continuar el asalto.
A las dos del mediodía, viendo la imposibilidad de contener el avance y para evitar la matanza de mas barceloneses, el general Villarroel, por propia iniciativa y estando herido, como comandante en jefe de la plaza y en acto de coherencia y responsabilidad como militar profesional que era, dio la orden al coronel Ferrer para que hicera tocar "a Parlamento" y que pasara la orden a los otros jefes militares. El general Sants que defendia el baluarte de Migdia, se negó a cumplirla, al igual que el general Bellver en la Puerta de Jonqueres.
Fue entonces cuando se convoca la Junta de Govern y se da a saber una última llamada al exhausto pueblo de Barcelona, a un último esfuerzo de resistencia con este parlamento de una Catalunya agonizante: " que siendo la esclavitud cierta y forzosa, en obligación de nuestros empleos como militares, explicamos , declaramos y protestamos a todos los presentes y damos testimonio a los que vengan, de que han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos, protestando de todos los males, ruinas y desolación que sobrevengan a nuestra común y afligida patriam y exterminio de todos los honores y privilegios, quedando esclavos con todos los otros españoles engañados"..

Villarroel creyó que era imprescindible hallar una solución antes de la noche, para evitar a la ciudad la guerra, el saqueo y el asesinato masivo, de manera que a las tres de la tarde se hizo un alto el fuego para, poco después, iniciarse las negociaciones. Tres Comisionados barceloneses iniciaron las conversaciones con el Mariscal Berwick, que se prolongaron hasta la medianoche. Berwick exigió la rendición incondicional, prometiendo un alto el fuego hasta las 13 horas del día doce.
Tras la consulta con la Junta de Gobierno de la ciudad, los Comisionados catalanes se reunieron con Berwick, firmando la capitulación de Barcelona y Cardona, efectiva desde el 13 de septiembre al amanecer.
El 13 de septiembre los borbónicos entran. Barcelona entierra sus muertos y se entrega de lleno al trabajo con tiendas y obradores abiertos. Ha acabado la guerra de Sucesión y la soberanía de Cataluña.









Mollwitz, 17 de abril de 1741.El primer gran choque de la Guerra de Sucesión austríaca.




La guerra de sucesión austríaca dio comeienzo en diciembre de 1740 con la invasión prusiana de Silesia, que se hallaba bajo gobierno austriaco, la Guerra de Sucesión pretendíasacar provecho de la desaparición de la línea de descendencia masculina con la sucesión de Maria Teresa de Hungría y Bohemia y Archiduquesa de Austria. Mientras que Francia y Baviera también trataron de obtener ganancias territoriales a costa de los dominios de Austria, Gran Bretaña se movilizó para contrarrestar el expansionismo francés. En Italia, los austríacos tuvieron que medirse con una alianza entre borbones de Francia y España.



La primera batalla de la Guerra de Sucesión austríaca fue también la primera batalla en la que intervenían las fuerzas prusianas desde hacia muchos años. El mariscal de campo Neipperg mandaba a 19000 austríacos, que avanzaron desde Moravia para expulsar a los prusianos de Silesia. Los prusianos, bajo el mando de Federico el Grande y el más experimentado mariscal de campo Schwerin contaban con 21600 hombres. Los prusianos avanzaron formando dos líneas a través de un paisaje nevado, pero en el flanco derecho prusiano la caballería austríaca superior en número deshizo a la de sus adversarios. Schwerin advirtió a Federico que abandonase el campo de batalla para evitar que fuese capturado. Federico huyó, pero su infantería luchó con valor, y fue más eficaz que la infantería austríaca pese a su superioridad numérica, pues muchos de sus hombres eran simples reclutas.

Cuando cayó la noche, Neipperg se retiró del campo de batalla. Las pérdidas prusianas entre muertos, heridos y desaparecidos fueron de 4800 frente a las 4500 bajas austríacas, no obstante se consideró a este batalla como un triunfo prusiano.

jueves, 30 de octubre de 2008

Jemappes, noviembre de 1792. Gran victoria de la Convención.




Jemappes fue la primera gran derrota de un ejército profesional en Europa a manos de una fuerza guiada por el principio revolucionario de los "ciudadanos en armas". Esta forma de organización surgió de la Revolución Francesa en 1789, y de ella se esperaba que barriese a los mercenarios ( supuestamente desinteresados) del campo de batalla.


No obstante las guerras revolucionarias ( 1792-1802) fueron mucho más que un simple enfrentamiento entre ideologías opuestas y sus respectivas instituciones militares. Fuera de Francia, apenas nadie creía que la guerra era inevitable y todos pensaban que el rey Borbón era el único culpable por fracasar en las reformas que otras monarquías más ilustradas si habían llevado a cabo. Prusia, Ruisa y Austria estaban mucho más interesadas en los problemas de Europa del este. Francia continuó siendo una monarquía, pero el nuevo gobierno liberal de la Convención Nacional no logró resolver los problemas subyacentes. Mientras los radicales, los moderados y los conservadores se peleaban por el poder, la guerra cada vez parecía un modo mejor de salir del callejón sin salida en el que se encontraba el país. Los Países Bajos mantenían un levantamiento desde 1787 contra Austriam y en París todos creían que los habitantes de dicha región recibirían a los franceses como liberadores. La Convención declaró la guerra al emperador Habsburgo y dirigió la Armée du Nord, compuesta por 34000 hombres, con la intención de invadir Bélgica el 29 de abril de 1792.



Aunque los franceses superaban en gran número a los austríacos en la frontera, huyeron hacia el sur en su primer enfrentamiento. Francia parecía a punto del colapso total, lo que brindó a Austria y Prusia la oportunidad de aparcar sus propias diferencias. A cambio del reconocimiento de su posición destacada en el este de Europa, Prusia apoyó la oferta de Austria de arrebatar Alsacia y Lorena a Francia al amparo de una invasión para restaurar la autoridad de Luis XVI.


El exceso de confianza de los aliados provocó una falta de coordinación de los ataques en el nordeste de Francia a finales de aquel verano. El principal ejército prusiano se enfrentó a una fuerza francesa formada a toda prisa en Valmy, a 160 kilómetros al este de París, el 20 de septiembre de 1792. Después de disparar los cañones, los prusianos se retiraron con 184 bajas. Este enfrentamiento, por lo demás insignificante, tuvo unas serias repercusiones políticas. Al día siguiente, la Convención Nacional abolió la monarquía y proclamó la república. Faltos de provisones, los aliados se retiraron desordenados, permitiendo a los franceses invadir Renania y enviar más tropas a la frontera belga.


El mando del sector del norte recayó en manos del general Charles François Dumouriez, un pequeño aristócrata con más de treinta años de experiencia en el ejército real. La reforzada Armée du Nord de Dumouriez constaba ahora de 90000 soldados, lo que le daba una clara ventaja sobre los 50000 austríacos ( la mayoría de los cuales se hallaban dispersos dedicados a la seguridad interna y a las guarniciones ). Usando columnas más pequeñas para distraer a los austríacos de la fronter, Dumouriez empujó su fuerza principal hacia Mons con el objetivo de llegar a Bruselas. Sus tropas eran una mezcla del viejo ejército real y nuevas fuerzas de voluntarios. Constaban de 32 batallones de filas y 38 batallones más de voluntarios, con un total de 35000 soldados de infantería y 3000 de caballería en diez regimientos y cuatro compañías libres. De los 100 cañones se encargaban artilleros profesionales y expertos.


Los austríacos estaban mandados por el mariscal de campo Albert duque de Saschen-Teschen, que sólo pudo reunir a 13200 hombres en 14 batallones y 16 escuadrones, y 54 cañones pesados para enfrentarse a los franceses. Desplegó su ejército en una montaña al sur de la pequeña población de Jemappes, con la vanguardia protegida por un río, trincheras y el pueblo de Quaregnon.


Después de tres días de escaramuzas, Dumouriez finalmente se aproximó a primera hora del 6 de noviembre. Se desplegó en tres grupos, cada uno en dos líneas. El izquierdo, al mando del general Ferrand se dirigió a tomar Quaregnon, mientras que el derecho, al mando de Dampierre, dejó atrás Frameries para rebasar a los austríacos y expulsarlos de Mons. El centro protagonizaría entonces el ataque principal. Sin embargo las cosas no salieron como estaban planeadas.

Tras varias horas de bombardeos preliminares, los austríacos estaban en clara inferioridad numérica y de armas. El comandante francés ordenó a Ferrand que comenzase su asalto a las diez de la mañana. La infantería francesa formó columnas de batallón y avanzó rápidamente hacia Quaregnon, redesplegándose en línea para disparar a los defensores. Con el apoyo de su batería principal, los austríacos impidieron su avance. La primera línea del centro francés avanzó también en columnas de batallón para realizar el ataque principal en torno a mediodía. Alcanzados dos veces por el fuego pesado, los franceses realizaron algún progreso cuando Ferrand tomó al fin Quaregnon. No obstante, el ala derecha apenas logró progresar debido a la fuerte resistencia y fue incapaz de evitar que los austríacos escapasen hacia las dos de la tarde, dejando Mons atrás.

Los austríacos perdieron a 1241 soldados, y aunque los franceses reclamaron la victoria, sus asaltos frontales resultaron muy caros, sufriendo cerca de 4000 bajas.



El significado político de la victoria en Jemappes pesó mucho más que su importancia militar. Animada por el éxito, la Convención Nacional declaró su decisión dos semanas más tarde, de "prestar apoyo fraternal a todas las gentes que deseen recuperar su libertad", comprometiendo a Francia a una prolongada guerra ofensiva que desembocaría en el imperio de Napoleón. Por su parte, los austriacos se retiraron a Colonia tras la derrota, dejando los Países Bajos en manos francesas; no obstante al cabo de un año iniciaron una nueva ofensiva, recuperando gran parte de la provincia antes de lograr una derrota más convincente en Fleurus en junio de 1794.





lunes, 13 de octubre de 2008

Leuthen y Rossbach 1757: el resurgir de las águilas prusianas.




Leuthen, 5 de diciembre de 1757

En 1757, tras un año de la llamada Guerra de los Siete Años, parecía que el poderíó austríaco en Silesia era incontestable, pero el rey de Prusia, Federico el Grande decidió lanzar una ofensiva para detener al ejército de Austria al mando de Carlos de Lorena. Federico contaba con un ejército de primer orden integrado por unos 35000 hombres, y el príncipe Carlos de Lorena contaba con unos 54000.

Un factor crucial fue que Federico tomó y mantuvo la iniciativa, ofreciendo un magnífico ejemplo del orden de ataque oblicuo. Aprovechando que unas colinas cubrían sus movimientos, los prusianos hicieron girar el flanco izquierdo de los austríacos, mientras un ataque de distracción propició que los austríacos enviasen sus reservas para reforzar el flanco derecho. Los prusianos se beneficiaron mucho de la movilidad de su artillería. Carlos ordenó dar la vuelta a su ejército creando un nuevo frente orientado hacia el sur extendido a ambos lados de la villa de Leuthen.

La segunda fase de la batalla se centró en una serie de ataques prusianos contra este nuevo frente, y sobre todo contra Leuthen, que fue finalmente ocupada después de una reñida lucha, pero la infantería de Federico el Grande quedó expuesta a las acometidas de la caballería de Carlos de Lorena. Se logró evitar que un contraataque de la caballería austríaca mandado por Lucchese alcanzase el flanco descubierto de la infantería prusiana gracias a la rápida intervención de la caballería de Prusia y al final, la infantería austríaca, ya muy mermada, emprendió la retirada.

Los prusianos perdieron a 6380 hombres entre muertos y heridos, los austríacos a 10000 y 12000 fueron hechos prisioneros. Tras su derrota, las tropas austríacas abandonaron la mayor parte de Silesia. Leuthen fue una reñida victoria alcanzada por un ejército bien adiestrado. Puso de manifiesto la potencia de fuego prusiana, la habilidad de Federico para aprovechar las características del terreno, la calidad en el combate de la caballería prusiana y la destreza de los mandos prusianos para tomar la iniciativa.

Rossbach, 5 de noviembre de 1757.

Menos de un año después, un ejército de 30000 franceses y 11000 alemanes avanzaron para atacar a los 21000 prusianos de Federico el Grande en Rossbach, Sajonia. Los aliados planeaban hacer girar el flanco izquierdo del rey, pero se equivocaron al dar por sentado que Federico no se quedaría y lucharía, y por ello no tomaron las debidas precauciones en la disposición de su orden de batalla.



Federico respondió enérgicamente, empleando las estribaciones del monte Jano para ocultar el movimiento de su ejñercito hacia el noreste; después arrastró las columnas de los aliados hacia el sur y el oeste. La caballería prusiana, mandada por el mayor general Seydlitz, sorprendió a la caballería enemiga y la derrotó, atacándoles de frente y con un doble movimiento de flanqueo. La caballería aliada fue empujada hacia atrás y se disolvió en una confusa masa. Seydlitz era un comandante de caballería muy enérgico, que era capaz de mantener el control sobre sus hombres. Luego dirigió su caballería con rapidez y la volvió contra la infantería franco-alemana.

Las columnas de vanguardia de la infantería francesa cayeron enseguida bajo las salvas del fuego de mosquetería de los prusianos apoyado por una batería de 18 cañones pesados. La caballería de Seydlitz atacó después a la infantería francesa, y a su ataque se le sumó el avance de la infantería prusiana, que avanzaba disparando. Los franceses emprendieron una confuda huida, cubiertos por su infantería ligera.



Los prusianos perdieron menos de 550 hombres, sus adversarios más de 10000, en su mayoría hechos prisioneros. La habilidad de Federico en asumir y mantener la iniciativa, y la disciplina tanto de la caballería como de la infantería prusianas resultó determinante.

Rossbach aseguró el flanco occidental de Federico, convenció a Jorge II de Inglaterra de que debía reanudar la lucha contra los franceses en Hanover y dejó seriamente dañado el prestigio del ejército y la monarquía franceses. A partir de entonces, los franceses serían mucho más precavidos a la hora de enfrentarse a las fuerzas prusianas.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Batalla de Poltava. 27 de junio de 1709. El triunfo de Pedro el Grande.


En 1708 el rey Sueco Carlos XII invadió Rusia en el marco de la Gran Guerra del Norte ( 1700-1721 ). En julio derrotó a un gran ejército ruso en Holovzin que estaba tratando de bloquear la ruta hacia Smolenko y Moscú. Pese a la derrota rusa, éstos habían combatido mucho mejor que en Narva, además su estrategia de tierra quemada puso en aprietos al ejército sueco. Los problemas de suministros, la crudeza del invierno de 1708-1709 y las esperanzas puestas en la sublevación del hetman de Ucrania hicieron que los ejércitos de Carlos se dirigieran hacia el sur de Rusia.


A comienzos de 1709 el rey sueco consiguió el apoyo de los cosacos zaporozianos, sin embargo los cosacos del Don, los tártaros y los otomanos se negaron a prestarle ayuda. La dura campaña sueca de 1708-1709 finalizó en Poltava.

Carlos XII, confiando que podría recuperar la iniciativa perdida tras el desastroso invierno a través de una victoria definitiva, atacó al ejército ruso que se hallaba atrincherado detrás de una serie de reductos en Poltava el 27 de junio. Sin embargo, esta batalla, no iba a ser una nueva Narva.


Los suecos no utilizaron su artillería para tratar de debilitar la posición de los rusos, probablemente porque Carlos XII prefería recurrir a un rápido ataque de la infantería en lugar del desgaste producido por la potencia de fuego, Por el contrario, el zar Pedro el Grande, que se encontraba al mando de las fuerzas rusas, puso gran empeño en su artillería y había desarrollado una formidable industria de municiones. Mientras que en Poltava los suecos sólo contaban con 4 cañones, los rusos tenían 102, 21 de los cuales eran piezas de gran calibre, y estaban dotados de abundante munición.


Faltos de suministros, los suecos decidieron a la poderosa posición formada por los rusos. Lograron penetrar los reductos de Pedro el Grande a un alto coste, pero en el combate final las tropas rusas avanzaron desde su campo conservando intactas sus fuerzas y su superioridad numérica y artillera resultó ser decisiva.

Sus 102 cañones realizaron 1471 disparos y Carlos XII perdió 10000 hombres. Los muertos rusos ascendieron a 1356 mientras que los soldados suecos fallecidos ascendieron a 6900, más 2800 prisioneros y 1500 heridos; unas cifras totales muy elevadas teniendo en cuenta que el ejército sueco contaban con 19700 soldados.


La derrota se convirtió en un desastre cuando la mayor parte del ejército que huía se rindió a los perseguidores rusos tres días después.

Tras la destrucción del ejército sueco, el dominio del Báltico oriental por parte de Suecia se vino abajo; Augusto de Polonia recuperó su reino y Federico IV de Dinamarca invadió Suecia

martes, 16 de septiembre de 2008

Batalla de Narva. 20 de noviembre de 1700. Tropiezo de Pedro el Grande.


El ascenso al trono de Suecia de Carlos XII suscitó entre las potencias vecinas las expectativas de poner fin a la supremacía sueca en la zona del Báltico. En 1700 el zar Pedro el Grande invadía Ingria, Augusto de Polonia el principado de Livonia y Federico IV de Dinamarca invadía primero el ducado de Holstein y la parte meridional de Suecia. Acababa de comenzar la Gran Guerra del Norte, que se alargaría hasta 1721 y que terminaría con el fin de la supremacía sueca en favor de la rusa.


Carlos XII


El primer gran enfrentamiento de la guerra tuvo lugar en Narva, en donde el ejército ruso concentró sus fuerzas en la toma de esta fortaleza que protegía un paso sobre el río Narova y guardaba los accesos occidentales a Estonia. El asedio dio comienzo en septiembre de 1700 pero se dirigió de una manera equivocada. Las líneas de las fortificaciones defensivas eran demasiado largas ( unos 6,5 Km ) y se hallaban dominadas por promontorios exteriores. En octubre, Pedro el Grande contaba con una fuerza de 24000 hombres para sitiar la fortaleza, pero al mes siguiente levantó el campamento cuando Carlos XII de Suecia avanzó para socorrer la plaza.



El 20 de noviembre, los 11000 suecos avanzaron con gran rapidez, sin dar tiempo a los rusos a desplegar sus 177 cañones y morteros, y penetrando en dos columnas a través de las trincheras rusas. Los suecos enseguida desataron un combate cuerpo a cuerpo y mostraron su habilidad en el manejo de la bayoneta. Una tormenta de nieve caía directamente sobre los rostros de los defensores y la posición de los rusos se vino abajo, la caballería de flanco izquierdo emprendió primero la huída. Las tropas del flanco derecho también huyeron e intentaron cruzar el puente sobre el Narova, ocasionando su hundimiento por su excesivo peso. Las restantes unidades se vieron obligadas a rendirse.


Pedro el Grande



Los suecos sufrieron unas 2000 bajas, los rusos entre 8000 y 10000, y todas su artillería. Como sucedió en Viena en 1683, Narva demostró la vulnerabilidad que podía tener un ejército de asedio mal dirigido e insuficientemente desplegado ante un intento de socorro.