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viernes, 14 de mayo de 2010

Batalla del Mar del Coral, 1942











Tras el ataque japonés a Pearl Harbour, en diciembre de 1941, la expansión japonesa en todo el sureste asiático había sido fulminante e imparable. A fin de instigar a los aliados en su propio territorio y avanzar sin oposición por el Pacífico, debían aislar a Australia, con lo que decidieron extender su ya apabullante dominio en Asia ocupando la zona situada justamente al norte de Australia, en el Mar del Coral.

Hasta el 1 de mayo de 1942, la conquista japonesa de Filipinas, Birmania, Indias Holandesas y Malasia había costado a la Marina Imperial la irrisoria cifra de 23 buques de guerra, todos ellos de categorías inferiores a la de destructor, y 67 buques de abastecimiento. El total de toneladas que se fueron a pique no llegaba a las 350.000. Esto infundó un enorme optimismo en los mandos superiores de la Marina Imperial, quienes cometieron un grave error al plantearse la expansión antes de consolidar las posiciones ya tomadas. Pero a la vez suscitó una enorme controversia en las altas esferas de mando: ¿hacia dónde se dirigirían las líneas de expansión desde ese momento?

Existían varios frentes de opinión: El Estado Mayor de la Marina, al frente del almirante Nagano, era partidario de realizar una avance hacia occidente, hacia la zona de India y Ceilán o bien dirigirse al sur, hacia Australia.

Por otro lado, el Estado Mayor de la Flota, representado por el almirante Yamamoto, veían con recelo y cierta visión de futuro, que una lucha prolongada sería fatal para los intereses nipones y que la base del éxito en una lucha a largo plazo debía pasar por la destrucción de los portaaviones norteamericanos. Por ello, eran partidarios de avanzar contra las islas Midway, Palmira y Johnston, primordiales como bases para atacar de forma devastadora las Hawai y obligar a los norteamericanos a entablar una batalla decisiva en la zona antes de que despertara el inmenso poderío de recursos estadounidense.



El último frente de opinión abierto en las altas esferas militares niponas era el del Ejército. Ellos tenían las miras puestas en Asia continental y la Unión Soviética, por lo que eran muy reacios a utilizar los numerosos efectivos que necesitaban los planes que deseaban llevar a cabo en el Estado Mayor Naval (de la Marina y de la Flota). Este desplante del Ejército obligó al Estado Mayor Naval a reducir sus pretensiones y elaborar un nuevo plan que satisficiera a quienes iban a llevar el peso de las operaciones terrestres. Por ello decidieron que su avance se centrara en el aislamiento de Australia. El avance de los japoneses se produciría desde Rabaul y Truk hacia Nueva Guinea Oriental, Salomón y más al sur, hacia las Nuevas Hébridas, Nueva Caledonia, Fidji y Samoa.

De este modo, el nuevo plan trazado por el Estado Mayor Naval (si bien el mayor poder de decisión correspondían, dentro de las fuerzas navales, al Estado Mayor de la Marina) se puso en marcha a principios de marzo de 1942, con la ocupación de las islas de Lae y Salamauna. En abril ya estaban en marcha los preparativos para la ocupación de Port Moresby y Tulagi. Sin embargo el famoso raid (incursión) que llevó a cabo el coronel Doolittle contra Tokio, lanzando sus bombarderos B-25 Mitchell como respuesta al traicionero ataque nipón de Pearl Harbour, reforzó de forma imprevista la posición del Estado Mayor de la Flota nipona, y por ende a Yamamoto, ya que esta incursión demostraba la incapacidad que tenían para salvaguardar la capital nipona de los ataques aéreos. Por este motivo, el 5 de mayo de 1942, el almirante Nagano, en nombre del Emperador transmitió la Directiva 18, en la cual se ordenaba a Yamamoto a “ocupar Midway y puntos clave de las Aleutianas occidentales con el apoyo de las fuezas de tierra”.



Aunque, como consecuencia de la decisión de Nagano, los planes del Estado Mayor de la Marina fueron pospuestos, la acción contra Port Moresby-Tulagi estaba ya en una fase demasiado avanzada para poderse revocar; de modo que los japoneses se encontraron ante la necesidad de organizar dos planes estratégicos opuestos que impondrían una gran dispersión de sus Fuerzas Armadas. La operación contra Port Moresby, proyectada para el mes de marzo, se tuvo que aplazar para primeros de mayo a causa de la presencia de portaaviones americanos en el Pacífico sudoccidental, de modo que la 51 Sección naval de portaaviones de la Escuadra de Nagumo, que entonces regresaba a Japón después de haber concluido las operaciones en el océano índico, pudiera emplearse para reforzar la 4ª. Escuadra en Truk y en Rabaul.

El plan para la Operación «MO», como se designó al inminente ataque, se basaba en supuestos muy sencillos: con el apoyo de la Marina y de las Fuerzas terrestres de los mares del Sur, los japoneses debían invadir Port Moresby, punto clave de la Papuasia y del extremo meridional de Nueva Guinea, con objeto de consolidar sus posiciones en la isla y en el sector de Rabaul. Debía asegurarse, además, una base que situaría el norte de Australia dentro del radio de acción de sus buques de guerra y de los bombarderos, y cubrir el flanco del avance previsto hacia Nueva Caledonia, las Fidji y Samoa.

Tulagi, que también debería ocuparse, se encontraba en la otra parte del brazo de mar de Guadalcanal, en las islas Salomón meridionales y, además de servir de base a los hidroaviones, permitía proteger las operaciones contra Port Moresby y el consiguiente avance hacia el Sudeste. El éxito de la empresa proporcionaría a los japoneses la posibilidad de dominar el mar del Coral y aislar a Australia, dejándola fuera de la guerra.

Por supuesto, se esperaba un encuentro con las fuerzas aliadas del Pacífico, ya que se sabía que desde las bases terrestres de Australia septentrional operaban unos 200 aviones y que la actividad aérea norteamericana hacía difícil ocultar los movimientos navales, eliminándose por tanto el factor sorpresa. No obstante, se creía que en aquel sector las fuerzas navales aliadas eran escasas, y que no contarían más que con un portaaviones, el Saratoga. Además, se esperaba que con la ocupación preventiva de Tulagi, cuya conquista se había fijado para el 3 de mayo, y con la creación de una base para hidroaviones, los Aliados tendrían mayores dificultades en seguir los movimientos japoneses desde Port Moresby y Numea. En cuanto la Task Force de los Aliados entrara en el mar del Coral, se proponía destruirla mediante una maniobra de tenaza, con los almirantes Goto en el flanco oeste y Takagi en el este; mientras tanto el grupo de invasión se deslizaría rápidamente a través del canal Jomard, dirigiéndose hacia su objetivo.

Una vez puesta fuera de combate la Escuadra aliada, el grupo de invasión podría bombardear libremente las bases de Queensland. Sin embargo, los acontecimientos no iban a ser como esperaban los japoneses.

Port Moresby era para los Aliados de vital importancia, ya que por una parte garantizaba la seguridad de Australia y por otro representaba el punto de partida para futuras ofensivas en el Pacífico sudoccidental. Por todo ello, el almirante norteamericano Chester W. Nimitz, Comandante en Jefe de la flota norteamericana en el Pacífico, y Douglas McArthur, Comandante en Jefe de la zona Pacífico sudoccidental, tenían presente que podía existir, casi con toda probabilidad, una seria amenaza de ataque sobre tan importante base. De hecho, sus temores se hicieron realidad cuando el 17 de abril fueron informados de que un grupo debuques de transporte, protegidos por el portaaviones ligero Shoho y una fuerza naval de la que formaban parte otros dos grandes portaaviones, estaban apunto de entrar en el mar del Coral. El día 20, Nimitz llegó a la conclusión de que el objetivo no podía ser otro que Port Moresby y que el ataque se iniciaría, con toda probabilidad, el 31 de mayo o los días inmediatamente posteriores.

A pesar de tener claro (o casi) dónde se iba a producir el próximo movimiento japonés, el afrontarlo era otra cosa. El portaaviones Saratoga estaba en el dique seco, reparándose. Del resto de portaaviones, el Enterprise y el Hornet, estaban de regreso de la incursión de Doolittle en Tokio, con lo que casi seguramente no iban a poder tomar parte en el combate que se avecinaba. Sin embargo, Nimitz tenía claro que para detener los planes de la Marina Imperial japonesa, debería basar su superioridad en una contraofensiva aérea, por lo que decidió emplear todos los portaaviones que tuviera a su disposición, por lo que movilizó a todos los efectivos del Yorktown y del Lexington. Se formaron dos fuerzas de choque: la 17ª. Task Force del Yorktown estaba formada por los cruceros pesados Astoria, Chester y Portland, los destructores Hammann, Anderson, Russell, Walke, Morris y Sims y el buque cisterna Neosho. La 11ª. Task Force del Lexington estaba en mejores condiciones, puesto que había dejado Pearl Harbor el 16 de abril, después de tres semanas de descanso y revisión. Con el «Lady Lex», como se llamaba afectuosamente al Lexington, figuraban los cruceros pesados Minneapolis y New Orleans y los destructores Phelps, Dewey, Farragut, Aylwin y Monaghan.



Sin embargo, el total de fuerzas aéreas que sumaban entre el Lexington y el Yorktown no alcanzaba las 150 unidades La Task Force, que operaba a lo largo de San Francisco, estaba compuesta en su casi totalidad por acorazados construidos en el período anterior a la guerra, y a causa de su reducida velocidad no podían seguir la marcha de los portaaviones. Quedaban, pues, tan sólo los buques de la 44ª. Task Force, al mando del contraalmirante J. C. Crace, de la Marina británica. Los cruceros pesados Australia y Hobart, pertenecientes a dicha fuerza y que se encontraban en Sidney, recibieran la orden de reunirse con Fletcher el día 4 de mayo en el mar del Coral; asimismo el crucero pesado estadounidense Chicago y el destructor Perkins, también recibieron la orden de reunirse con Fletcher.

Para el 29 de abril, Nimitz finalizó sus planes, que se limitaban a asignar a Fletcher el mando táctico de todas las fuerzas, designadas como 17ª. Task Force, y le ordenaban operar en el mar del Coral a partir del día 1 de mayo.

Movimientos iniciales.
La 11ª. Task Force, al mando del contraalmirante Fitch, se unió a Fletcher, a las 6:30 horas del día 1 de mayo, a unas 250 millas al sudeste de Espíritu Santo, pasando inmediatamente bajo su mando táctico. A las 7:00 horas, Fletcher ordenó el aprovisionamiento de combustible del Neosho y cursó instrucciones a Fitch para que hiciese lo mismo del Tippecanoe. Fitch había calculado que la operación no se completaría antes de las 12:00 horas del día 4, mientras Fletcher trataba de ultimar «el pleno» el día 2 de mayo. Como los informes recibidos señalaban que el enemigo se estaba aproximando, Fletcher decidió no esperar ni a Fitch ni a Crace, y el día 2 de mayo se dirigió solo hacía el centro del mar del Coral.
A las 8:00 horas del 3 de mayo Fletcher y Fitch estaban separados por una distancia de más de 100 millas e ignoraban los detalles de los movimientos japoneses. Pero a las 19:00 horas la Task Force del Yorktown recibía la comunicación que Fletcher «esperaba hacía dos meses»: los japoneses estaban desembarcando en Tulagi y ocupando la isla de Florida, en la parte meridional del archipiélago de las Salomón. Como consecuencia, Fletcher modificó sus planes y tras ordenar al Neosho y al Russell que se separasen de la formación, se dirigió al norte, dispuesto a atacar Tulagi con los aparatos de que disponía en su portaaviones. Para las 07:00 horas del día 4 estaba a unas 100 millas al sudoeste de Guadalcanal.

Mientras tanto, Fitch había recibido las nuevas órdenes y Crace se estaba aproximando al punto establecido con el Australia y el Hobart. Ninguno de los dos habría podido ayudar a Fletcher en caso de necesidad, puesto que se dirigían al sudeste, aumentando de este mudo la distancia que los separaba del Yorktown. Afortunadamente para Fletcher, los japoneses habían supuesto que Tulagi, una vez conquistarda, no sería atacada, y por esta razón, los grupos de Goto y de Marushige, que habían conducido la operación, se retiraron a las 11 horas del 3 de mayo, dejando la isla sólidamente guarnecida.

Los portaaviones de Hara se encontraban entonces al norte de Bougainville, mientras el grupo que debía invadir Port Moresby salía en aquel momento de Rabaul. Además, Fletcher, en el preciso instante en que se aproximaba a la posición prevista para el lanzamiento de los aviones, entró en el margen septentrional de un frente frío de 160 km de anchura, que sirvió de cortina de protección de sus buques y de sus aviones hasta que se encontraron a una veintena de millas de Tulagi, donde, por el contrario, prevalecían buenas condiciones atmosféricas. A las 6,30 horas del 4 de mayo, 12 aviones torpederos Devastator y 28 bombarderos en picado Dauntlessles despegaron del Yorktown para llevar a cabo el primer ataque. Cada escuadrón atacó por cuenta propia, según el procedimiento utilizado entonces. Estos aparatos regresaron al Yorktown a las 8,15 horas, después de haber averiado el destructor Kikuzuki y hundido tres dragaminas. En una segunda incursión, en la que se perdió un avión torpedero americano, se destruyeron dos hidroaviones y se averió un guardacostas; y en un tercer ataque, lanzado a las 14 por los 21 Dauntless, a pesar de haber arrojado 2 1 bombas de media tonelada, únicamente se hundieron cuatro barcazas de desembarco.

Los últimos aviones de retorno de la acción se posaron en la cubierta del Yorktown a las 16,32, dándose “la batalla” de Tulagi había terminado. La operación contra la isla fue, según palabras de Nimitz, «una desilusión, considerando las cantidades de municiones empleadas respecto de los resultados obtenidos».

El día siguiente, 5 de mayo, transcurrió tranquilo para ambos contendientes. Fletcher, ya reunido con Fitch y con Crace, empleó la mayor parte del día en abastecerse de combustible del Neosho, a una distancia de señal óptica de los otros dos almirantes y manteniéndose en ruta hacia el sudeste.

Por otro lado, la formación japonesa estaba entrando en el mar del Coral. Hacia las 19:00 horas, la Escuadra del almirante Takagi, que se dirigía hacia el Sur, dobló San Cristóbal, viró luego al oeste pasó al norte de la isla de Rennell y al alba del 6 de mayo se encontraba ya en el mar del Coral. El grupo de invasión de Port Moresby y el grupo de apoyo de Marushige se dirigían hacia el sur, al canal Jomard, mientras el grupo de cobertura del almirante Goto repostaba combustible al sur de Bougainville.



El día 5, el grueso de los aviones japoneses lanzaba un ataque contra Port Moresby. El 6 de mayo aumentó la tensión, pues tanto Fletcher como lnouye intuían que el encuentro era inevitable y que se produciría inmediatamente. El comandante americano decidió que había llegado el momento de dar curso a la orden de operaciones del 1 de mayo y, en consecuencia, modificó la disposición de sus unidades para la batalla. Con los cruceros pesados Minneapolis, New Orleans, Chester y Portland, el crucero ligero Astoria y los destructores Phelps, Dewey, Farragut, Aylwin y Monagham, constituyó una formación de ataque al mando del contraalmirante Kinkaid; los cruceros pesados Australia, Hobart y Chicago, en unión de los destructores Perkins y Walke, constituyeron la formación de apoyo de Crace; el grupo que durante las operaciones aéreas actuaría al mando táctico de Fitch comprendía los portaaviones Yorktown y Lexington y los destructores Morris, Anderson, Hammann y Russell.

Hasta aquel momento, por culpa del inadecuado reconocimiento aéreo desde las bases terrestres, Fletcher no tenía todavía una idea muy clara de los movimientos de los portaaviones de Takagi, ni el plan de cerco enemigo. Sus aparatos de reconocimiento se habían aproximado muchísimo a la formación nipona; pero sin poder avistarlas, ya que estaba escondida bajo las nubes y además porque a las 9,30 había virado al sur, aproximándose, por consiguiente, a los primeros buques de Fletcher. A medianoche, la 17ª. Task Force se encontraba a unas 310 millas de la isla de Deboyne, frente al extremo meridional de Nueva Guinea, donde los japoneses hablan establecido una base de hidroaviones.

De haber sido más eficaz el reconocimiento aéreo de ambos adversarios, la batalla principal del mar del Coral podría haber tenido lugar el 6 de mayo. Pero ese día Takagi ordenó, inexplicablemente, un reconocimiento de poco alcance, y en aquel momento perdió la posibilidad de interceptar a Fletcher mientras estaba abasteciéndose de combustible en pleno día. Un avión de reconocimiento japonés de la base de Rabaul fue el único que informó respecto a la exacta posición de Fletcher; pero Takagi recibió este informe al día siguiente. En determinado momento se encontró, sin saberlo, a sólo 70 millas de la 17ª. Task Force.



Sin embargo, el 6 de mayo, los americanos avistaron algunas unidades de la formación japonesa. A las 10,30 horas varios aparatos procedentes de las bases australianas, localizaron y bombardearon al Shoho, del grupo de cobertura de Goto, al sur de Boungainville, pero las bombas no alcanzaron su objetivo. Otros aviones aliados avistaron nuevamente a los buques de Goto hacia el mediodía; después, navegando hacia el Sur, localizaron en las proximidades del canal Jomard al grupo de invasión de Port Moresby. Inouye que calculaba que Fletcher se encontraba a unas 500 millas al sudoeste y esperaba su ataque al día siguiente, ordenó la prosecución de la operación según los planes previstos. A medianoche, los buques que transportaban las fuerzas de invasión estaban en las proximidades de la isla de Misima, prontos a lanzarse por el canal Jormard. Marushige destacó al portahidroaviones Kamikawa Maru a Deboyne, retirándose luego al Noroeste. Goto, que protegía el flanco izquierdo del grupo de invasión, también se encontraba a unas 90 millas al noroeste de la isla. Los japoneses se sentían optimistas, porque todo se desarrollaba según sus planes y porque, además aquel día habían recibido la noticia de la caída de las Filipinas, con la rendición de las tropas americanas en Corregidor.

La batalla propiamente dicha comenzó al día siguiente. Takagi, siguiendo el consejo de Hara, hizo despegar sus aparatos de reconocimiento a las 6:00 horas, pero «la decisión -como admitieron después los mismos japoneses- fue poco feliz». A las 7:30 horas uno de los aparatos comunicó haber avistado un portaaviones y un crucero en el límite oriental del sector reconocido, y Hara, aceptando como buena la información, acortó distancias y ordenó un ataque general de los bombarderos y de los aviones torpederos. Pero, en realidad, los buques avistados eran el Neosho, buque de apoyo, y el destructor Sims, que se habían separado de la formación antes de iniciarse la batalla. El Sims, alcanzado por tres bombas de 250 kilos, dos de las cuales estallaron en la sala de máquinas, escoró y se hundió en pocos minutos, pereciendo 379 hombres. Mientras tanto, otros 20 bombarderos en picado atacaban al Neosho alcanzándolo con siete bombas. El sacrificio de estos dos buques no fue inútil, pues si la acción no hubiese obligado a Hara a modificar sus planes, los japoneses habrían podido descubrir y atacar a Fletcher el 7 de mayo.

Pero la fortuna decidió sonreir a la escuadra norteamericana. A las 6:45 horas, cuando se encontraba a poco más de 120 millas al sur de Rossel, ordenó al grupo de apoyo de Crace que se dirigiera al noroeste para atacar el grupo de invasión de Port Moresby, mientras el resto de la 17ª. Task Force se dirigía hacia el norte. Evidentemente, Fletcher, que esperaba un encuentro con los aparatos de los portaaviones de Takagi, quería impedir la invasión, sin preocuparse de su propia suerte; ahora bien, destacando a Crace, no cabía duda de que debilitaba su cobertura antiaérea. Las consecuencias de este movimiento podían haber sido fatales si los japoneses no hubieran cometido otro grave error, concentrando las formaciones aéreas de tierra contra los buques de Crace, en lugar de hacerlo contra los de Fletcher. A las 8:10 horas un hidroavión japonés avistó el grupo de apoyo, y a las 13:58 horas, cuando los navíos de Crace se encontraban al sur del canal de Jomard, 11 bombarderos monomotores los atacaron, aunque sin éxito.


Inmediatamente después aparecieron 12 aviones tipo Sally (aviones de la Marina de base en tierra), que se aproximaron a baja cota y lanzaron ocho torpedos, que los buques lograron evitar maniobrando con asombrosa rapidez y derribando al mismo tiempo cinco aviones enemigos. Más tarde, 19 bombarderos japoneses, que atacaron desde una cota entre 4500 y 6000 m, repitieron el intento; pero una vez más los buques salieron indemnes. Antes de la noche Crace se libró de un cuarto ataque, esta vez de los B-26 norteamericanos, que habían tomado su formación por una enemiga. A medianoche se encontraba a 120 millas al sur del extremo meridional de Nueva Guinea, y más tarde, al saber que el grupo de invasión se había retirado, invirtió su rumbo y se dirigió hacia el sur.



Mientras, los aviones de Takagi bombardeaban al Neosho y al Sims, el portaaviones Shoho, del grupo de cobertura de Goto, se había deslizado a barlovento, al sudeste, para lanzar cuatro aparatos de reconocimiento y enviar otros en apoyo del grupo de invasión. A las 8:30 horas, Goto, que conocía ya la posición exacta de Fletcher, ordenó al Shoho que se preparase para el ataque. Mientras tanto otros aviones acababan de avistar, más al oeste, a los buques de Crace. El almirante Inouye, al recibir estos informes, se preocupó por la seguridad del grupo de invasión, y a las 9:00 horas le ordenó que se alejase de la desembocadura del canal de Jomard y se pusiera a salvo hasta que Fletcher y Crace fuesen neutralizados.

Pero lo cierto fue que los transportes japoneses ya no lograron adentrarse en el canal de Jomard ni entonces ni después.

El día siguiente, 5 de mayo, transcurrió tranquilo para ambos contendientes. Fletcher, ya reunido con Fitch y con Crace, empleó la mayor parte del día en abastecerse de combustible del Neosho, a una distancia de señal óptica de los otros dos almirantes y manteniéndose en ruta hacia el sudeste.


Por otro lado, la formación japonesa estaba entrando en el mar del Coral. Hacia las 19:00 horas, la Escuadra del almirante Takagi, que se dirigía hacia el Sur, dobló San Cristóbal, viró luego al oeste pasó al norte de la isla de Rennell y al alba del 6 de mayo se encontraba ya en el mar del Coral. El grupo de invasión de Port Moresby y el grupo de apoyo de Marushige se dirigían hacia el sur, al canal Jomard, mientras el grupo de cobertura del almirante Goto repostaba combustible al sur de Bougainville.

El día 5, el grueso de los aviones japoneses lanzaba un ataque contra Port Moresby. El 6 de mayo aumentó la tensión, pues tanto Fletcher como lnouye intuían que el encuentro era inevitable y que se produciría inmediatamente. El comandante americano decidió que había llegado el momento de dar curso a la orden de operaciones del 1 de mayo y, en consecuencia, modificó la disposición de sus unidades para la batalla. Con los cruceros pesados Minneapolis, New Orleans, Chester y Portland, el crucero ligero Astoria y los destructores Phelps, Dewey, Farragut, Aylwin y Monagham, constituyó una formación de ataque al mando del contraalmirante Kinkaid; los cruceros pesados Australia, Hobart y Chicago, en unión de los destructores Perkins y Walke, constituyeron la formación de apoyo de Crace; el grupo que durante las operaciones aéreas actuaría al mando táctico de Fitch comprendía los portaaviones Yorktown y Lexington y los destructores Morris, Anderson, Hammann y Russell.

También Fletcher hizo despegar a sus aparatos de reconocimiento al alba del día 7. A las 8:15 horas un avión del Yorktown señaló la presencia de «dos portaaviones y cuatro cruceros pesados» a unas 225 millas al noroeste, más allá del archipiélago de las Luisiadas. Suponiendo que se trataba de la escuadra de ataque de Takagi, Fletcher lanzó contra ella, entre las 9:26 y las 10:30 un total de 93 aviones, reteniendo 47 para su protección. Pero cuando los aparatos de reconocimiento del grupo de ataque del Yorktown, que habían despegado en su totalidad, estuvieron de vuelta, se descubrió que la señalización de «dos portaaviones» y «cuatro cruceros pesados» era un error y se trataba, en realidad, de dos cruceros ligeros y dos cañoneras del grupo de apoyo de Marushige. Sin embargo, Fletcher, aun sabiendo que acababa de desencadenar un ataque masivo contra un objetivo secundario, decidió valientemente no interrumpir la acción emprendida, porque calculaba que en aquella zona no faltarían otros objetivos importantes, puesto que el grupo de invasión se encontraba a poca distancia.

Poco después de las 11:00 horas, cuando las formaciones aéreas del Lexington, mucho más avanzadas que las del Yorktown, se estaban aproximando a la isla de Misima, el capitán de corbeta Hamilton, que dirigía uno de los escuadrones de aparatos Dauntless, avistó a unas 25 millas a la derecha un portaaviones, dos o tres cruceros y algunos destructores. Se trataba del Shoho y del resto de la formación de cobertura de Goto. El Shoho se hallaba a poca distancia del objetivo inicial –35 millas más al sudeste-, de modo que fue fácil ordenar a los aviones atacantes que corrigiesen su ruta para enviarlos contra el portaaviones enemigo. El primer ataque, dirigido por el capitán de fragata W.B Ault, sólo logró destruir cinco aparatos sobre la cubierta del Shoho. Pero fue seguido inmediatamente por los diez Dauntless de Hamilton a las 11:10 horas, por los aviones torpederos del Lexington, a las 11:17 horas y por los bombarderos del Yorktown a las 11:25 horas. Sometido a un ataque tan concentrado, el Shoho estaba condenado: en pocos minutos se incendió y quedó inmovilizado. Poco después de las 11:35 horas, alcanzado por 13 bombas y 7 torpedos, se fue a pique.



Cuando regresaban los aviones tras el ataque al Shoho, Fletcher decidió revocar la orden de ataques ulteriores contra la formación de Goto pues ya sabía entonces, gracias a los mensajes de radio interceptados, que Takagi había localizado exactamente su posición, mientras que él, aún no había logrado localizar al otro portaaviones japonés. Las condiciones atmosféricas, que estaban empeorando, le disuadieron de insistir en la búsqueda. Así, durante la noche del 7 al 8, se dirigió al oeste, esperando que el grupo de invasión enemigo comparecería a la mañana siguiente en el canal de Jomard. Hasta aquel momento ignoraba que Inouye había decidido que los transportes volvieran atrás. El 7 de mayo Takagi y Hara estaban resueltos a volver a intentar, al día siguiente, el ataque contra los portaaviones norteamericanos. Hara escogió a los 27 pilotos más expertos en acciones nocturnas, y poco antes de las 16:30 horas sus aparatos despegaron del Shokaku y del Zuikaku: si lograban avistar a Fletcher, la orden era de atacarlo.

Lo cierto es que faltó muy poco para que pudieran llevar a cabo sus órdenes, pues llegaron muy cerca de la 17ª. Task Force, pero no consiguieron localizarla a causa del mal tiempo y de la escasa visibilidad. Los cazas norteamericanos de escolta, guiados por el radar, interceptaron y derribaron nueve de los valiosos aviones de Hara. Una hora más tarde, a las 19:00 horas, otros tres aviones nipones, en vuelo de retorno, tomaron los portaaviones norteamericanos por los suyos propios y fueron localizados al lado de estribor del Yorktown, mientras transmitían mensajes en alfabeto morse con las luces de señalización. Sin embargo, aunque fueron reconocidos, lograron huir. Veinte minutos después, otros tres aparatos incurrieron en el mismo error, intentando posarse sobre el Yorktown, y uno de ellos fue abatido. Hara perdió otros 11 aviones más, que cayeron al mar durante la maniobra de aterrizaje nocturno, de modo que de los 27 aparatos que partieron sólo 6 volvieron indemnes.

Mientras tanto, Inouye había ordenado a los cruceros de Goto que se reunieran al este de la isla de Rossel para un ataque, pero sin especificar si el objetivo serían los buques de Fletcher o los de Crace. No obstante, a medianoche, habiendo modificado el plan, impartió nuevas instrucciones: se aplazaba la invasión por dos días, una parte de los cruceros de Goto se unirían a los transportes del grupo de invasión y la otra a la Escuadra de Takagi. También Takagi, sabiendo que los portaaviones americanos estaban a unas 50 ó 60 millas, había pensado en una acción nocturna; pero las tripulaciones de los aviones estaban cansadas, y por otra parte debía dar preferencia a cualquier demanda de protección de los transportes, privados ahora de la cobertura del Shoho. Por consiguiente, se aplazó de nuevo la acción principal, si bien tanto americanos como japoneses esperaban la confrontación decisiva para el día 8. Llegados a este punto, todo dependía de la posibilidad de localizar al enemigo al día siguiente lo más rápidamente posible. De eso dependía la victoria.

Los aviones de reconocimiento de ambos contendientes despegaron poco antes del alba y localizaron casi simultáneamente los portaaviones adversarios. El balance de fuerzas aéreas era el siguiente: Fitch, que ostentaba el mando operativo de los norteamericanos, disponía de 121 aparatos, mientras que Hara, su directo adversario, contaba con 122 aviones. Los japoneses eran pilotos más experto, sin embargo los norteamericanos eran superiores en aviones de bombardeo. Así, pues, la primera batalla de la Historia en la que se combatió entre portaaviones comenzó en condiciones de igualdad casi total.
El primero en avistar a los portaaviones enemigos fue uno de los aparatos de reconocimiento del Lexington, hacia las 8:15 horas. El piloto informó que Takagi se encontraba a 175 millas al nordeste de la posición de Fletcher. Pero a eso de las 9:30 horas, el capitán de corbeta Dixon avistó a la escuadra japonesa mientras se dirigía hacia el sur: Takagi se había desplazado 5 millas al nordeste, lo que no se correspondía con los cálculos de los norteamericanos, según los cuales, a las 9:00 horas el enemigo debería encontrarse 45 millas más al sur.

Esta diferencia acarreó dificultades a las formaciones de ataque del Lexington, que ya habían despegado, puesto que Fitch había ordenado a sus aviones que despegaran entre las 9:00 horas y las 9:25 horas. Eso fue lo que hicieron veinticuatro bombarderos con dos cazas de escolta del Lexington y nueve aviones torpederos del junto con otros cuatro cazas escolta del Yorktown, que levantaron el vuelo diez minutos antes que los aparatos del Lexington. Los bombarderos en picado fueron los primeros en avistar a los japoneses, y aprovecharon la cobertura que les ofrecían las nubes para esperar la llegada de los Devastator. Mientras el Shokaku estaba ocupado en lanzar otras patrullas de combate, el Zuikaku se sustrajo a la vista del adversario tras una cortina de lluvia, de forma que el ataque (que comenzó a las 10:57 horas) sólo tuvo como objetivo el primer portaaviones. El resultado, pese a que los pilotos del Yorktown actuaron de forma muy coordinada, fue mediocre. El Shokaku logró evitar los lentos torpedos americanos, algunos de los cuales ni siquiera estallaron, y sólo dos bombas alcanzaron su objetivo: una, en la banda de estribor, incendió el combustible; la otra destruyó un taller de reparaciones en popa. A pesar del incendio, los aviones todavía podían tomar tierra en la cubierta, pero ya no les era posible despegar.



Los veintidós bombarderos en picado del Lexington, que salieron diez minutos después de la primera oleada, no lograron localizar el objetivo, por lo que el ataque únicamente lo realizaron los once Devastator y los cuatro aparatos de reconocimiento armados. Tampoco esta vez los torpedos dieron en el blanco; pero una tercera bomba lo alcanzó de lleno. Sin embargo, el Shokaku, con 108 muertos entre los hombres de su tripulación, no había recibido ningún impacto bajo la línea de flotación y asimismo los incendios declarados a bordo quedaron aislados rápidamente. La mayor parte de sus aviones pasaron al Zuikaku, antes de que a las 13 el navío recibiera de Takagi la orden de separarse de la formación y dirigirse hacia Truk. Aunque maltrecho, el portaaviones no se estaba «hundiendo rápidamente», como informaron los pilotos norteamericanos.

Los norteamericanos había calculado que los japoneses desatarían el ataque contra la 17ª. Task Force hacia las 11:00 horas y, efectivamente, el Lexington y el Yorktown fueron atacados durante el intervalo entre las incursiones de sus respectivas formaciones aéreas contra los portaaviones adversarios. Los japoneses empezaron a despegar casi al mismo tiempo que los norteamericanos, pero su fuerza atacante, compuesta por 18 aviones torpederos, 33 bombarderos y 18 cazas, era superior, más equilibrada y estaba mejor dirigida. Y aunque el radar americano localizó a los aviones japoneses a 70 millas de distancia, Fitch contaba con muy pocos aviones de caza para poder interceptarlos con éxito. Para la defensa no le quedó más que la artillería antiaérea de a bordo. A las 11:18 horas, la batalla -por decirlo en palabras de un marinero norteamericano- «estalló de golpe». El Yorktown, con un radio de viraje inferior al del Lexington, pudo evitar los ocho torpedos que le lanzaron, y cinco minutos más tarde, maniobrando hábilmente, escapó a un ataque de bombarderos en picado. Pero a las 11:27 recibió por primera y única vez el impacto de una bomba de 400 kilos, que penetró hasta la cuarta cubierta, aunque sin impedir las operaciones de vuelo. No obstante, las continuas maniobras para eludir los ataques, distanciaron entre sí a los portaaviones americanos, y si bien las unidades de escolta estaban dispuestas entre ambos, a intervalos casi regulares, la rotura de la pantalla defensiva contribuyó al éxito de los japoneses.

El radio de viraje del Lexington, que era la unidad mayor, tenía un diámetro de 1350 -1800 metros, contra los 900 del Yorktown. Además, el Lexington tuvo la desdicha de sufrir un ataque en «tenaza» por parte de los aviones torpederos japoneses, que aparecieron a las 11:18 horas a ambos lados de la proa y lanzaron sus torpedos desde cotas comprendidas entre los 150 y los 600 metros. Y a pesar de las hábiles maniobras de la tripulación del portaaviones, este fue alcanzado por dos torpedos, primero en la banda de babor y después en la de estribor. Simultáneamente comenzó a sufrir un bombardeo en picado, siendo alcanzado por dos bombas. Para aumentar la confusión, una explosión averió la instalación de la sirena, que ululó lúgubremente durante casi todo el ataque.


Unos 19 minutos más tarde la batalla de los portaaviones podía considerarse prácticamente terminada, con resultados casi iguales para ambos contendientes. Mas para los norteamericanos la tragedia estaba aún en su prólogo. Al principio pareció que el Lexington sobreviviría y que podría seguir combatiendo: las máquinas se hallaban indemnes y se había corregido una escora de 7 grados. Los pilotos que aterrizaban en la cubierta no tuvieron la impresión de que hubiera recibido daños verdaderamente graves. Sin embargo, pocos minutos después, a las 12:47 horas, el buque fue violentamente sacudido por una terrible explosión, provocada por la combustión de los vapores de gasolina incendiados por un grupo electrógeno que se había dejado en funcionamiento. El Lexington continuó acogiendo a bordo a los aviones, pero nuevas y violentas explosiones interrumpieron las comunicaciones exteriores. A las 14:45 horas, otra explosión, más fuerte todavía, sacudió todo el buque y desde aquel momento ya no fue posible aislar los incendios. El destructor Morris acudió en su ayuda, mientras los últimos aviones iban a posarse en la cubierta del Yorktown.

Pero cada vez resultaba más claro que la unidad estaba perdida. A las 17:10 horas Fitch dio a Sherman, almirante al mando del portaaviones, la orden de abandonarlo. El Minneapolis, el Morris, el Hammann y el Andersen participaron en las operaciones de salvamento. El trasbordo se desarrolló ordenadamente –incluso se puso a salvo el perro de a bordo- y Sherman fue el último en abandonar su buque, dejándose deslizar por un cable que pendía de popa. A las 19:56 horas, el destructor Phelps recibió la orden de dar el golpe de gracia al buque, lanzándole cinco torpedos. Y a las 20:00 horas el Lexington desaparecía bajo las aguas. La batalla del mar del Coral había terminado.



Los pilotos japoneses informaron que habían echado a pique a los dos portaaviones americanos. Y entonces Inouye, convencido de la exactitud del informe, decidió retirar el Shokaku para que fuera reparado, y asimismo ordenó que se retirase la escuadra de ataque. Aunque estaba seguro de la destrucción de ambas unidades enemigas, el prudente almirante japonés consideró necesario aplazar la invasión, porque no creía estar en condiciones de proteger a las unidades de desembarco contra los aviones aliados con base en tierra. Yamamoto, sin embargo, no compartía sus temores y a las 24:00 horas anuló las disposiciones de Inouye, ordenándole localizar y destruir los buques norteamericanos supervivientes. Pero mientras los aparatos nipones inspeccionaban la zona, Fletcher ya estaba fuera de su alcance.

Tácticamente, la batalla fue una victoria de los japoneses, ya que aunque el 8 de mayo habían perdido 43 aviones contra los 33 de los norteamericanos, y aunque a Hara le quedaban sólo nueve aparatos operativos, sus ataques aéreos habían conseguido resultados mucho más notables. El hundimiento del Lexington, del Neosho y del Sims compensaba con mucho la pérdida del Shoho y de algunas pequeñas unidades sin importancia. Sin embargo, desde el punto de vista estratégico, la batalla del mar del Coral fue una victoria norteamericana: había fracasado la conquista de Port Moresby, objetivo final de los japoneses. A pesar de la ocupación de Tulagi, los japoneses habían asegurado muy pocos de los objetivos previstos al principio. Además, las averías sufridas por el Shokaku y la necesidad de reorganizar las malparadas fuerzas aéreas del Zuikaku impidieron a ambos portaaviones participar en la batalla de Midway, donde su presencia habría podido tener un peso determinante. Pero, sobre todo, la batalla del mar Coral abrió un capítulo nuevo en los anales de la guerra en el mar, pues fue la primera en la lucharon portaaviones y en la que las pérdidas se infligieron, mediante ataques aéreos. Ninguna unidad de superficie se puso en contacto, ni siquiera a la vista, con unidades enemigas.

miércoles, 15 de julio de 2009

Caporetto. 24 octubre-9 noviembre de 1917.


Después de la undécima batalla de Isonzo, comenzada en Agosto de 1917, finalmente las tropas italianas habían doblegado a las del Imperio Austrohúngaro. Después de cientos de miles de víctimas por ambas partes, los italianos controlaban el escenario de la batalla. Más de 540.000 soldados italianos habían atacado a lo largo del frente y el Ejercito Austrohúngaro del general Boroevic apenas pudo oponerse a semejante fuerza. Después de once intentos y más de 400.000 bajas, el general italiano Cardona veía Viena más cercana.

Por primera vez desde el comienzo de la guerra el Imperio Austrohúngaro solicitó ayuda a Alemania para evitar el desastre que se cernía sobre el frente italiano. Las tropas austrohúngaras estaban exhaustas y no serían capaces de repelar un ataque italiano sobre el estratégico puerto de Trieste, muy ansiado por Italia. Se calculaba que los italianos habían situado entorno a los 608 batallones de infantería y a las 3.700 piezas de artillería en los terrenos altos que hasta hacía poco habían estado en mano de los austriacos. A pesar de la importancia de las posesiones austrohúngaras amenazadas, Alemania decidió no involucrarse de lleno en una batalla que el Alto Mando consideraba secundaria con respecto a las del Frente Occidental. Para ello y debido a los continuos fracasos austrohúngaros, el Alto Mando militar alemán, ahora en manos del general Ludendorff, decidió que el Frente Italiano pasase a estar bajo dirección alemana y que la estrategia de la futura batalla estuviese en manos alemanas.



Bajo estas premisas de no implicación total y de mando alemán se creo el XIV Ejercito conjunto austro-alemán compuesto por siete divisiones de infantería alemanas y ocho divisiones de infantería austrohúngaras. Todas ellas estarían bajo el mando directo del general Otto von Below. Éste era primo del general Fritz von Below(que había dirigido con maestría a los alemanes en El Somme) y veterano ya de Rusia(estando presente en Tannenberg) y Macedonia. Considerado un hombre capaz, tenía bajo su mando a parte de las nuevas tropas de asalto alemanas que tan buen resultado estaban dando con acciones como la toma de Riga. A pesar del carácter secundario que se había dado a esta acción, Alemania dotó de una gran cantidad de piezas de artillería, de un importante destacamento aéreo (que constaba de un escuadrón por cada kilómetro de frente) que resultaría idóneo para observar al enemigo en tan escarpado terreno y por último de más de mil unidades de proyectores de gases similares a los británicos Sistemas Livens.

A toda esta fuerza había que sumarle los restos de los I y II Ejércitos austrohúngaros del general Boroevic. El plan de ataque sería conocido como ”Waffentreue”, “fidelidad a las armas”.




Mientras tanto, un exultante general jefe Cadorna vaticinaba que hasta finales del invierno las tropas autrohúngaras no se recuperarían del castigo inflingido en Isonzo. Desatendió las informaciones que le hablaban de una importante concentración de tropas enfrente suya, de que parte de esas tropas eran alemanas e incluso ignoró los testimonios de prisioneros austriacos que habían sido capturados portando máscaras antigás y que confesaban los planes de ofensiva conjunta. Para él, en caso de que un ataque se llegase a producir, éste sería más al norte, cerca de Trentino.



El plan alemán para la batalla que se avecinaba era el de una ofensiva inicial contra las posiciones italianas de Tolmino y Plezzo, dos pequeñas poblaciones sobre el Isonzo y desde allí penetrar en la llanura véneta en la región de Friuli. Desde allí se desplegaría la fuerza principal y se atraparía a los italianos contra los Alpes Cárnicos. En esa zona el trazado del rio y los valles dejaban al ejercito italiano débilmente comunicado entre las diferentes unidades.

Para el rápido avance que se necesitaba se iban a usar las tropas de asalto que tan buen resultado estaban dando en los otros frentes. Pertrechadas con ametralladoras y artillería ligera, se introducirían rapidamente entre las líneas de la vanguardia italiana, cortando sus comunicaciones y dejándolas aisladas del resto de las tropas de su país y a merced de el núcleo principal de las tropas austrohúngaras y alemanas, que mediante el uso de artillería pesada y de los gases tóxicos (las máscaras de protección italianas eran del todo insuficientes) podrían fácilmente rendirlas. Así de esa manera se liberaba a muchos soldados de asaltos por empinadas montañas en donde el defensor tenía la ventaja y se permitía que se ocupasen de los refuerzos de retaguardia enemigos.



Se ordenó que la batalla la iniciase el XIV Ejército de von Below que debería atacar por sorpresa al II Ejercito italiano al mando del general Luigi Capello en Udine. Dicho general italiano se encontraba convaleciente por afecciones renales, por lo que su capacidad de mando se encontraba sumamente mermada. El día 24 de Octubre comenzó el ataque.

Se lanzó una importante barrera artillera en un frente de 40 km en medio de una noche lluviosa. El gas fue utilizado ya desde un primer momento debido a que los alemanes sabían que pocas tropas italianas estaban dotadas de medidas de protección. Como al día siguiente comenzó muy nublado, el avance austro-alemán gozó de cobertura adicional. Se avanzó en tres direcciones: dos agrupaciones contra los flancos y la otra agrupación directamente contra el débil centro italiano.

Los soldados italianos mostraron una mayor disposición a luchar que lo que se esperaba de ellos y los flancos aguantaron el empuje, pero en el centro, hacia la población de Caporetto cedió ante las fuerzas austrohúngaras y alemanas. Mientras tanto el general Capello, postrado en cama, se negaba a dejar el mando a sus subordinados y pretendía dirigir personalmente la defensa. En los días 25 y 26, la llanura de Bainsizza, que tantas vidas italianas y tiempo costó conquistar durante la última batalla de Isonzo, volvió a manos austrohúngaras. Mientras las fuerzas conjuntas procedían a terminar con los resistentes italianos en los terrenos elevados. A temperaturas bajo cero, mal equipados y agotados, muchos italianos decidieron rendirse


Las tropas italianas del centro en Caporetto ante el temor de ser envueltas comienzan la retirada. Lo que empezó como una retirada organizada terminó en un torrente de hombres presos del pánico. El II Ejercito italiano dejó de existir como fuerza: armamento de todo tipo(cañones, obuses, ametralladoras, municiones,…)fue abandonado sobre el terreno, los soldados desertaban en masa, muchos se rendían a los enemigos, etc etc. Hay que decir que el soldado italiano medio después de cruentas batallas con escaso éxito, sometido a numerosas privaciones y enfrentados a sus mandos directos por la manera severa como eran tratados (muchos habían recibido hasta castigo físico por parte de sus oficiales), ya estaban al límite por lo que vieron en el entregarse al enemigo la mejor manera más rápida de acabar con la guerra.

Mientras el centro italiano se retiraba cada vez más hacia el oeste, sus flancos quedaban en una posición peligrosa. Tanto el III Ejército al sur como el IV Ejército al norte se tuvieron que replegar bajo el acoso enemigo para no ser rodeados. En cuatro días, Cadorna había perdido todo el territorio que había costado conquistar tantos meses.




El 3 de Noviembre los agotados supervivientes de los ejércitos de Italia cruzaron el río Tagliamento. Paradójicamente las potencias centrales no habían prevenido una victoria de tal calibre y no contaron con las provisiones ni con la caballería necesarias para cortar el camino a los italianos y haberles inflingido una derrota total. Al cruzar el río, destruyeron los puentes y al encontrarse las aguas muy caudalosas los austrohúngaros y los alemanes no pudieron seguirlos, por lo que aprovecharon la pausa para reorganizarse.

Tanto Francia como Gran Bretaña enviaron fuerzas a reforzar a su aliado (en total 11 divisiones y 44 baterías) y asegurar que ni Venecia ni el Trentino cayesen en manos alemanas. El día 9 de Noviembre es destituido el general Cadorna por el general Diaz, un hombre más preparado para la guerra y apreciado por la tropa. Finalmente se fija la línea defensiva en el río Piave y el monte Grappa en donde las ya débiles y agotadas divisiones alemanas y austrohúngaras deciden también detenerse después de unos infructuosos ataques en Diciembre de ese año.

Entre muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos, Italia perdió alrededor de 700.000 hombres



viernes, 1 de mayo de 2009

Pearl Harbor 7-12-1941. El despertar del gigante dormido.





Cuando Japón firmó el pacto del Eje con Alemania e Italia, Estados Unidos supo que sus posesiones en el Pacífico que había conseguido en el siglo XIX corrían riesgo, pero desestimaba el poder bélico del Imperio nipón. Todavía sentía la Segunda Guerra Mundial demasiado lejos como para involucrarse.

Pero Japón se estaba preparando para la guerra desde hace mucho. Había tomado Manchuria y estaba planeando un ataque sorpresa para destruir la flota norteamericana apostada en Pearl Harbor (Hawai), y así inclinar la balanza del poder a su lado en el Pacífico. La flota de Nagumo se había reunido para ese fin en la bahía de Tankan desde el 22 de noviembre de 1941: estaba compuesta por tres portaaviones, dos acorazados, dos cruceros pesados, un crucero ligero, 16 destructores y tres submarinos. Delante de ellos 27 submarinos más, cinco de ellos con submarinos enanos para atacar a los buques norteamericanos anclados en el puerto. Toda esta operación se realizaba mientras los embajadores de ambos países estaban negociando en Washington un tratado de paz.



El 26 de noviembre la flota japonesa parte hacia Pearl Harbor en el más absoluto sigilo. El factor sorpresa fue tan importante que cualquier embarcación que los avistara debía ser capturada o hundida (si fuera un buque de guerra la operación sería suspendida).

El plan de ataque se dividiría en dos etapas: la primera consistía en el ataque de 183 aviones, entre bombarderos, torpederos, cazas y escoltas hacia las cinco bases aéreas de la zona (en realidad eran seis), la base de hidroaviones de Kanehoe y la isla Ford, donde se concentraba la flota norteamericana. El segundo, con 213 aviones más 70 de reconocimiento y reserva, para completar el trabajo de la primera.



En los primeros días de diciembre la flota japonesa recibió la noticia de un espía que en Pearl Harbor no habían portaaviones, pero sí 8 acorazados. Nagumo decide seguir la marcha. En la noche del 6, la flota llegó al punto donde debían desplegar el ataque. A las 5 am. del 7 de diciembre, dos hidroaviones salen a recorrer las islas para encontrar a los portaaviones Enterprise y Lexington, sin éxito.

A las 6:15 am. sale la primera oleada de aviones.



El éxito de la operación fue ayudada por la ineptitud de las comunicaciones norteamericanas. La más grave de todas (en la madrugada tardaron tres horas en detectar y destruir un submarino) fue la detección por radar de muchos aviones a 220 kilómetros de distancia. Cuando transmitieron la información al Centro base, les contestaron que se esperaba la llegada de una flotilla de bombardeos B-17 americanos. De esta forma se desestimó un posible ataque.

A las 7:50 am. del 7 de diciembre de 1941 se produce el primer ataque a Pearl Harbor. Los norteamericanos fueron tomados totalmente por sorpresa, aunque reaccionaron para alcanzar sus puestos de combate y defenderse como pudieran, pero la inmensidad de la ofensiva hizo inútil la resistencia. Hacia las 8:25 am. casi todos los buques de guerra fueron destruidos o puestos fuera de combate en el mejor de los casos: los acorazados Arizona, West Virginia, Nevada, California y Oklahoma recibieron los primeros impactos de los torpederos. Luego el Tennessee y el Maryland corrieron la misma suerte, mientras que los primeros fueron rematados. Sólo el buque insignia Pensylvania se salvó por estar en dique seco.




A las 8:40 am. comenzó el segundo ataque al mando del comandante Shimazaki enviando 170 aparatos. Esta vez la defensa norteamericana estuvo mejor organizada, pero no pudo evitar más daños: el Pensylvania, el único acorazado sin ser alcanzado, fue la víctima de la oleada junto con otros tres destructores.

A las 10:00 am. Nagumo dio por concluido al ataque a Pearl Harbor, a pesar que sus comandantes le habían aconsejado un tercer ataque y la búsqueda del portaaviones Enterprise que estaba muy cerca a la zona del desastre. Japón había perdido la oportunidad de destruir completamente la flota norteamericana: tres acorazados, 12 cruceros y otros 60 barcos menores no sufrieron daños, y sus talleres, diques secos y sus vitales depósitos de combustible quedaron intactos. Además, los portaaviones no fueron siquiera buscados.



Aun así, Estados Unidos había perdido dos acorazados, tres destructores y cuatro buques menores; otros tres cruceros y tres destructores sufrieron graves daños, y casi todos los aviones (246) fueron destruidos o muy dañados. Murieron 2403 personas y 1778 fueron heridos. Por el lado japonés, perdieron 29 aviones y sus cinco submarinos enanos; y 55 pilotos y 10 submarinistas murieron o fueron capturados.

Minutos después del primer ataque, Washington recibió la declaración de guerra de Japón, a pesar que ésta fue enviada antes de producida. Horas más tarde, Estados Unidos le declaró la guerra a Japón. El 11, Alemania le declaró la guerra a Estados Unidos y así la cadena del conflicto se extendió a los 5 continentes.

domingo, 26 de abril de 2009

El Marne. Septiembre de 1914. La muerte se industrializa.



EL 23 de agosto de 1914 fueron concentrados unos 30.000 hombres del B. E. F ( British Expeditionary Force ) en Mons, directamente en el paso del Primer Ejército alemán al mando del general Alexander von Kluck. Unos 90.000 alemanes atacaron las posiciones británicas y por vez primera en casi un mes de combate, las tropas de Von Kluck fueron detenidas.



El fuego de rifle de los "Viejos Despreciables" fue tan devastador que los atemorizados oficiales de la Inteligencia alemana informaron que el enemigo tenía 28 ametralladoras por batallón. Ésta era una gran noticia para los británicos: tenían sólo dos armas automáticas en cada batallón. Ocurría simplemente que los alemanes no se habían enfrentado previamente con tropas cuya destreza, disciplina y entrenamiento fueran superiores a los suyos.

No obstante, los británicos se vieron obligados a replegarse, abrumados por la superioridad numérica. Se retiraron a Le Cateau y el 26 de agosto libraron otra acción preventiva de retaguardia que permitió una retirada ordenada a la línea del río Marne, donde Joffre ordenó mantenerse finalmente atrincherados en posición firme "Ils ne passeront pas!"



-"¡No pasarán!"- cantaban las reservas francesas que marchaban al frente.

Detrás de las líneas, París se hallaba preparada para un sitio. Un rudo veterano regular, el general Joseph Galliéni, fue nombrado gobernador de la ciudad; el Gobierno se trasladó a Burdeos y la capital se convirtió en un campamento armado. Había tropas por doquier, las barricadas obstruían las calles y hasta el último ciudadano físicamente capacitado fue movilizado para abrir trincheras o para empuñar un arma.

En toda Francia las iglesias desbordaban de gente que pedían en sus oraciones ayuda a Dios para detener a los boches. Suplicaban un milagro, pero los alemanes proseguían su avance.

El milagro largamente ansiado por los franceses se operó en las riberas del río Marne, donde se libró la batalla más decisiva de la Primera Guerra Mundial, desde el 5 al 12 de septiembre, inclusive. El día 5, unidades francesas chocaron contra elementos de avance del ejército de Von Klitus y sobrevino una lucha tremenda. Galliéni, haciendo astuto uso de los aviones con finalidades de reconocimiento encontró el punto para atacar a los alemanes por el flanco y lo hizo con eficacia.



Se abrió una brecha entre el Primer Ejército alemán (Von Kluck) y el Segundo (Von Bülow),vl. Tropaq británicas y francesas penetraron en la brecha ensanchándola. Cuando las unidades de la línea del frente necesitaron refuerzos, del 7 al 8 de septiembre, Galliéni ordenó el precipitado traslado de dos regimientos en taxis parisinos.

Hubo empate en la contienda. Los exploradores montados alemanes alcanzaron un punto desde donde divisaban la punta de la Torre Eiffel en el horizonte, a catorce millas de distancia. Los franceses estaban resueltos a contener al enemigo o morir.

Durante una fase crucial de la batalla, el general Ferdinand Foch, al mando del Ejército 9º envió un despacho a Joffre:

"Me acosan duramente por la derecha. Mi centro sucumbe. Imposible maniobrar. Situación excelente, ¡ataco!



Era imposible desmentir semejante espíritu. El 12 de septiembre los alemanes se retiraron al río Aisne. El general Von Moltke, abrumado por la derrota, informó sombríamente al Kaiser: "¡Sire, hemos perdido la guerra!" En efecto, las palabras fueron proféticas. Alemania había perdido la guerra... pero costaría millonesde vidas, enormes sumas de dinero y cuatro años terribles antes de que la declaración a lo Cassandra devon Moltke se volviera una realidad. El Kaiser perdió la fe en Von Moltke y el 14 de septiembre el jefe del Estado Mayor fue sustituido por el general Erich von Fitlkenhayn. Se anunció que el reemplazo de von Moltke se debía a motivos de salud, pero para nadie era un secreto que esa caída había sido provocada por la derrota del Marne.

En el Oeste había terminado el día de la blitzkrieg (guerra relámpago) exceptuando una sede de batallas conocidas como "Carrera hacia el mar", en las cuales cada bando trató de desbordar al contrario mientras los alemanes intentaban lograr el control de la costa del Canal, también había terminado la guerra de movimiento. Sólo tuvieron éxito con la captura de Amberes, valerosamente defendida por los belgas hasta el 9 de octubre y posteriormente evacuada hábilmente, poniendo de relieve las cualidades del intrépido ejército que combatió con tanta bravura contra un enemigo de increíble superioridad numérica.

El rey Alberto se mantuvo firme en un pequeño rincón de su país hasta el fin de la guerra y comenzó la larga y ardua prueba de guerra de trincheras.

Una lucha final, sangrienta, conocida en la Historia como la Primera Batalla de Ypres, y tuvo lugar desde el 12 de octubre hasta el 11 de noviembre en las tierras fangosas de Flandes. Allí los "Viejos Despreciables" demostraron en todo momento cómo sabía luchar Gran Bretaña. Los alemanes jamás volverían a menospreciar al ejército británico.

Entonces el Frente Occidental se convirtió en una larga serie de trincheras y alambre espinoso.

En una extensión de 1.000 millas cambió totalmente la naturaleza del combate. Se precisaba un nuevo arsenal de armas; la granada de mano, la ametralladora, y el rifle, el mortero de trinchera, la bomba explosiva, llegaron a ser las armas vitales. Los soldados a caballo que durante siglos habían dominado los campos de batalla, fueron eliminados para siempre. Los soldados de caballería nunca volverían a arremeter contra el enemigo a lanza y sable. Había concluido el día de gloria en la guerra. Entonces se convirtió solamente en barro, sangre, muerte y sufrimientos.

En toda la Historia jamás hubo tantos muertos, heridos y mutilados en tan breve espacio de tiempo.

A finales de 1914, más de 854.000 franceses habían derramado su sangre por La Patrie y un total de 677.000 alemanes cayeron muertos por Der Vaterland, mientras que los arrojados B. E.F. perdieron 75.000 de sus 150.000 hombres

domingo, 14 de diciembre de 2008

Batalla de Inglaterra, 1940




Al terminar las hostilidades entre Francia y Alemania, el 25 de junio de 1940, el único enemigo activo que le quedaba al III Reich era Gran Bretaña. Hitler, convencido hasta entonces de que Inglaterra no iría a la guerra o se quedaría en gestos simbólicos, estaba ahora convencido de que había que hacer algo con los recalcitrantes británicos. No se habían estudiado planes en serio para una invasión, y ahora, desde el 5 de junio, el ejército y la escuadra estaban en desacuerdo sobre los planes de la misma, designada bajo el nombre clave de operación León Marino. La Wehrmacht quería una acometida en grande a través de La Mancha y sobre un gran frente, y la Kriegsmarine era renuente incluso a emprender siquiera un ataque menor por el estrecho de Calais, en vista de sus terribles pérdidas en la campaña de Noruega.

El primer requisito de la operación León Marino era adueñarse del cielo, para evitar que la Royal Navy (Marina Real) despedazara la flota de la invasión y para dar a las fuerzas asaltantes el apoyo aéreo necesario contra la RAF. Hermann Goering estaba convencido de que su poderosa Luftwaffe cumpliría aquella misión a pesar de las pérdidas sufridas en la campaña de Francia. Las ambiciones de Goering de hecho iban más allá: estaba convencido de que la Luftwaffe podía obligar a Inglaterra a pedir condiciones, acabar con la RAF y dominar el sur de Inglaterra, de modo que los ingleses comprendiesen la inutilidad de seguir resistiéndose a las armas alemanas. Pero la Luftwaffe había sido diseñada y construida como una aviación táctica y Goering quería imponerle tareas estratégicas frente a la oposición de la mejor fuerza aérea que les faltaba por conocer a los alemanes.

Y mientras continuaba la planificación del León Marino, se aprestaban para entrar en acción las tres formaciones principales de la Luftwaffe: la Luftflotte 5 (general Hans-Jürgen stumpffl con bases en Noruega, la Luftflotte 2 (mariscal Albert Kesselringl con bases en los Países Bajos y el nordeste de Francia, y la Luftflotte 3 (mariscal Hugo Sperrle) con bases al oeste del Sena.


Entre las tres flotas aéreas podían reunir una fuerza de tres mil seiscientos aviones, dos mil setecientos de ellos listos para actuar desde el primero de julio.


Tenían que hacer frente a aquella formidable y fogueada armada aérea alemana las fuerzas del mando de cazas de la RAF a las órdenes del mariscal del aire sir Hugh Dowding: grupo lº (vicemariscal sir Quintín Brand) en el oeste de Inglaterra, grupo 11 (vicemariscal Keith Park) en Londres y sureste de Inglaterra, grupo 12 (vicemariscal Trafford Leigh-Mallory) en Anglia oriental y los Midlands y grupo 13 (vicemariscal R. E. Saul) en el norte de Inglaterra y Escocia. A comienzos de julio los escuadrones de estos cuatro grupos tenían unos efectivos de 871 cazas de un motor, 644 listos para su empleo. Aunque el suministro de aviones desde las fábricas y las unidades de reparación ocasionaron a menudo preocupaciones en el curso de la batalla, el verdadero problema del mando de los cazas era una terrible escasez de pilotos, a pesar de que las demás unidades de la RAF, e incluso del brazo aéreo de la flota, se habían traído todos los refuerzos permisibles.Aunque muy inferior en número, el mando de cazas tenía algunas ventajas muy claras:

Primero el radar y su sistema de control de los cazas, apoyado en observadores visuales estacionados en toda la costa para confirmar o corregir los avisos del radar de las incursiones que se avistaban frente a la costa inglesa.

Ese sistema permitía enviar los cazas, en el número preciso y en el momento dado, a interceptar las formaciones alemanas más importantes. El servicio de información de la Luftwaffe había subestimado la importancia de ese sistema inglés de control, y los alemanes no prestaron siquiera la atención debida a la eliminación de las estaciones costeras de radar, fácilmente visibles.

En segundo lugar, los pilotos ingleses estaban al principio más descansados que sus enemigos, y disfrutaban de la ventaja de actuar sobre su propio país. Los vuelos de regreso con el avión averiado eran relativamente cortos, y los pilotos que tenían que usar paracaídas caían en territorio amigo. Los alemanes, en cambio, tenían que afrontar el penoso vuelo de regreso a Francia con aparatos tocados, o lanzarse sobre Inglaterra o sobre el canal de la Mancha. Del mar solía rescatarlos, ya como prisioneros de guerra, el eficaz servicio británico de rescate aeronaval.

En tercer lugar, la clave del dominio aéreo sobre Inglaterra estaba en los cazas, y la RAF tenía aquí una ventaja más: para cuando los cazas germanos habían llegado al sur de Inglaterra, el tiempo de vuelo que les quedaba en la zona de combate era cortísimo si querían regresar a la base antes de que se les agotase el combustible.


En cuarto lugar, estaban los aviones participantes: los efectivos de la Luftwaffe en la batalla de Inglaterra se dividían en cuatro tipos básicos de aviones: bombarderos bimotores; bombarderos en picado, de un motor; cazas pesados bimotores, y cazas monomotores.

Los ingleses disponían principalmente de cazas de un motor Supermarine-Spitfire y Hawker Hurricane, ligeramente inferiores al Messerschmitt Bf 109 en potencia de fuego, pero de un rendimiento general comparable. Este último factor mejoró desde el principio de la batalla al introducirse progresivamente la hélice de paso variable. Una vez entablada la batalla, los cazas ingleses eran muy superiores a las otras tres clases de aviones alemanes.

No hay manera de fijar la fecha del comienzo definitivo de la batalla de Inglaterra, pero se puede decir que para el 1 de julio había entrado en su primera fase, de ataques de hostigamiento a la navegación costera, puertos e instalaciones inglesas, por las Luftflotten 2 y 3. El plan alemán era muy sencillo: al atacar aquellos blancos fáciles con los bombarderos, los cazas ingleses serían provocados al combate en condiciones favorables para los cazas alemanes, y quedarían diezmados. Subestimando la verdadera fuerza del mando de cazas inglés, los alemanes imaginaban que los británicos empezarían pronto a perder más aviones de los que podían reponer, convirtiéndose así en presa fácil para la segunda fase del ataque alemán. Aquel primer plan les salió al revés. Los cazas ingleses, maniobrando según los avisos del radar, concentraron sus ataques en los bombarderos, tratando en lo posible de eludir el enzarzarse con los Messerschmitt. Esa fase costera de la batalla duró todo julio y la primera semana de agosto, y se tradujo en un serio revés para los alemanes. Las pérdidas de cazas ingleses fueron moderadas, pero las de bombarderos alemanes fueron relativamente graves, y los stukas, hasta entonces campeones en el arte de la guerra, demostraron ser presa fácil para los cazas de un motor.

El 19 de julio, Hitler hizo un llamamiento a Inglaterra para que aceptase unas condiciones «favorables», pero al rehusarlas Inglaterra tres días después, los alemanes empezaron a preparar en serio la derrota de la isla. El 1 de agosto Hitler fijó el escenario de la fase siguiente de la batalla al permitir los ataques aéreos alemanes contra Inglaterra a partir del 5 de agosto. La Luftwaffe atacaría las bases avanzadas de cazas ingleses, estaciones costeras de radar y otros blancos al sur de Inglaterra. El mal tiempo retrasó la ofensiva hasta el 8 de agosto, y esa segunda fase duró sólo dieciséis días. Gran número de formaciones relativamente pequeñas volaron sobre el sur de Inglaterra, ametrallando los aeródromos y los puertos para provocar a los cazas ingleses y hacerlos comabatir "de cerca" El peso de la defensa corrió a cargo del grupo 11 (Park), que, debido al corto intervalo de aviso previo, sólo podía enviar escuadrones individuales o en pareja para hacer frente a las incursiones. Con todo, los ingleses les hicieron frente con éxito, aunque al precio de dejar agotados enseguida sus escuadrones de primera línea.

Dowding demostró su visión en aqueñ momento: dejó que los comandantes a su mando se las arreglasen solos y se concentró en mantener el suministro de pilotos y aviones a los escuadrones que los necesitaban; y de enviar escuadrones de refresco a la primera línea para relevar a las unidades que estaban al borde del agotamiento. En los días principales de esa segunda fase, 8 y 15 de agosto, los alemanes enviaron 1.485 y 1.786 misiones, respectivamente, pero el mando de cazas fue capaz de hacerles frente y de inflingir graves pérdidas a los cazas pesados Bf 110 y a los bombarderos bimotores.


En ese momento, la táctica de caza británica estaba cambiando sus formaciones de antes de la guerra de doce o más aviones por el método alemán de parejas o grupos de cuatro aviones, mucho más eficaces. A los Hurricanes, más numerosos pero algo más lentos, se les encargó despachar a los bombarderos alemanes, mientras los Spitfires se enfrentaban a los cazas. La combinación de repartirse al enemigo y adoptar la táctica de parejas de los alemanes dio un gran resultado en las semanas siguientes. Al terminar el 23 de agosto la segunda fase de la batalla, los ingleses quedaban dueños del cielo en el sur de Inglaterra y los alemanes desconcertados, como resultado de sus grandes pérdidas.

La Luftwaffe intensificó ahora sus esfuerzos introduciendo grandes formaciones de bombarderos en lo que fue la tercera fase de la batalla, a partir del 24 de agosto. La idea era que cien o más bombarderos en formaciones cerradas y escoltados por muchos cazas se lanzaran sobre las bases inglesas y las destruyeran. Los Messerschmitt se enfrentarían a los cazas, que se elevarían a interceptarlos, y los aparatos de la RAF supervivientes del combate hallarían las pistas destruidas. Esta tercera fase, que duró hasta el 5 de septiembre, fue el momento en que los alemanes estuvieron más cerca, por un margen muy pequeño, de acabar con los cazas ingleses. Aunque los alemanes tuvieron también muchas bajas, los ingleses sufrieron la pérdida de más de cuatrocientos cincuenta aparatos y, lo más grave, más de doscientos treinta pilotos cayeron muertos o heridos. Al comenzar septiembre, le quedaba muy poco para poder seguir la lucha.

Entonces fue cuando los alemanes cometieron su mayor error. En todo ese tiempo, el mando inglés de bombarderos había tratado de hacer la guerra a los alemanes atacando de día las concentraciones de lanchas de la futura invasión, y de noche los blancos en Alemania. Berlin fue bombardeado por primera vez el 24 de agosto. Hitler se enfureció tanto, que ordenó que cesaran los ataques a los cazas ingleses, y que todos los esfuerzos se dedicaran a la destrucción de Londres.


Y cuando la aniquilación de los cazas ingleses parecía inminente, la Luftwaffe empezó a bombardear Londres durante el día. Esa fase, la cuarta de la batalla, empezó el 7 de septiembre. Hasta el fin de ese mes los bombarderos alemanes causaron estragos considerables en Londres, pero el mando de cazas tuvo un respiro y, como resultado, los escuadrones de los grupos 11 y 12 pudieron concentrarse sobre las masas de bombarderos y cazas alemanes.

Estos sufrieron pérdidas enormes, y el 15 de septiembre fue tan desastroso para ellos que los ingleses lo celebran como día de la batalla de Inglaterra.

La Luftwaffe no podía soportar aquel ritmo de bajas y el 1 de octubre pasó a la última fase de la batalla. Los cazabombarderos vagaban sobre el sur de Inglaterra de día, mientras los bombarderos atacaban Londres de noche. Pero la marea se había vuelto definitivamente contra la Luftwaffe. Hitler canceló las órdenes para la operación León Marino el 12 de octubre; la batalla de Inglaterra estaba ganada. Siguió desde luego el blitz de bombas sobre Londres y otros centros industriales a partir de noviembre, pero la batalla de Inglaterra había terminado el 31 de octubre. Los ingleses habían perdido 915 aviones, pero los alemanes 1.733, y sus pérdidas humanas fueron mayores, porque gran parte de ellos eran bimotores de varios tripulantes.


Gran Bretaña había ganado la primera batalla aérea estratégica de la historia, y acabado con la amenaza de la invasión alemana.