viernes, 19 de marzo de 2010

San Juan Hill ( Las Lomas de San Juan ), 1898.



Las Lomas de San Juan se encontraban protegidas inicialmente por 137 hombres del Regimiento de Talavera, y formaban parte del dispositivo español alrededor de Santiago de Cuba. Llama la atención el hecho de que a pesar de la importancia de la posición se hubiera destinado a su defensa tan exiguas tropas.

La estratégica posición se encontraba situada en un terreno abrupto y con densa vegetación aunque las tropas españolas habían despejado algunas áreas de terreno (de igual manera que en El Caney) para facilitar así el tiro desde las posiciones defensivas.

Contaba como defensas naturales con la presencia del río San Juan y de varios arroyos que discurrían cercano a las Lomas, y con una colina (llamada "Kettle" por los americanos) como avanzadilla del sistema defensivo. Entre esta colina y las Lomas existía, además, un estanque de agua que contribuía a facilitar su defensa.

Para reforzar el dispositivo español se habían realizado, con anterioridad al ataque norteamericano, obras defensivas consistentes en un blocao de ladrillo y algunos de madera en la cima de las
Lomas, mientras que en la colina de Kettle se aprovecharon las infraestructuras de una plantación de caña. Todo el conjunto se mejoró con la excavación de trincheras "carlistas", pozos de tirador y el tendido de alambradas.



La pequeña guarnición fue reforzada con otras 2 compañías (una del Provisional de Puerto Rico y otra del Talavera, 60 Voluntarios y 2 piezas de montaña Krupp de tiro rápido. En total 521 soldados.
Una segunda línea defensiva, establecida a unos 700 metros por detrás de las Lomas de San Juan, en el punto donde el General Linares estableció su Cuartel General, estaba constituida por 3 compañías del Talavera con un total de 411 hombres.
Las fuerzas de esta segunda línea fueron desplegadas de la siguiente manera:

q 1 Cía. en el camino de El Pozo, cuya finalidad era evitar que las tropas norteamericanas envolvieran las posiciones españolas;
q 1 Cía. en la intersección de los caminos de El Pozo y El Caney;
q 1 Cía. en el camino a El Caney.
La tercera línea defensiva se encontraba cerca del fuerte de La Canosa, formada por una Guerrilla a caballo de 140 hombres, que formaban la reserva. A estas fuerzas se sumarían, ya finalizando el combate, 1.000 hombres de las dotaciones de la escuadra de Cervera al mando de Bustamante, que protagonizaron un contraataque que no obtuvo resultados.
Entre las Lomas de San Juan y la colina de Kettle Hill las tropas españolas habían erigido una línea de trincheras y alambradas desde las que dificultar el avance americano.



Mientras el general Lawton atacaba El Caney con casi 7.000 hombres, imaginándose poco menos que un paseo, el general Shafter se preparaba apara realizar el ataque principal sobre éste enclave.
Sus planes preveían desplegar a la derecha la división de caballería, frente a Kettle y la 1ª división de infantería a la izquierda, directamente sobre San Juan.
Como fuerzas de reserva contaba con la 2ª brigada de la división de infantería.
Una vez desplegadas estas fuerzas, la artillería batiría las posiciones españolas mientras los norteamericanos las asaltaban.


Al mismo tiempo, las "victoriosas" unidades de la división Lawton tras aniquilar El Caney deberían sumarse al ataque a la hora prevista para ello (las 10:00 de la mañana), haciéndolo por la derecha del despliegue americano.


Hacia las 08:20 de la mañana la artillería americana comienza a abrir fuego sobre las Lomas, desde una distancia algo mayor a los 2.000 metros para proteger el avance de sus tropas pero, delatados por el humo que producen sus disparos al utilizar pólvora negra, son acallados por el fuego de contrabatería de los dos cañones krupp españoles a las 09:00 de la mañana, causando bajas no sólo entre los artilleros norteamericanos sino también sobre algunas unidades que han sido desplegadas cerca de las piezas.


Las tropas norteamericanas, fiadas en su superioridad numérica y en la creencia de la escasa combatividad de las tropas españolas, se lanzaron directamente al ataque sin reconocer previamente el terreno, repitiéndose la misma escena que en El Caney: lo certero y el volumen de los disparos españoles obligan a los americanos a echarse al suelo sin poder avanzar. Las tropas comienzan a apelotonarse sobre el intrincado terreno, negándose incluso algunas unidades a avanzar, por lo que son obligadas a abandonar los caminos para no entorpecer las evoluciones del resto de tropas.
El caos reinante es enorme en esos primeros momentos del combate entre las fuerzas del U.S. Army, un hecho que no llega a ser aprovechado por las tropas españolas debido a la falta de refuerzos.

Ante el intenso fuego español que impedía los movimientos de las tropas americanas, éstas elevaron un globo de observación, hacia las 09:30 de la mañana, de un color amarillo que contrastaba fuertemente sobre el azul del cielo y que fue prontamente abatido por los cañones españoles.

Además, los cañones españoles dirigen su fuego sobre el lugar desde donde se ha elevado el globo al suponer, acertadamente, que allí se concentran unidades americanas, causándoles gran número de bajas.


Sin embargo, antes de ser abatido desde el globo de observación se ha avistado un sendero por el que son desplegando las apelotonadas unidades del US. Army.
A pesar de ello, el fuego español no decreció ni en intensidad ni en puntería, a pesar de las bajas, obligando a los norteamericanos a ralentizar su avance ante las pérdidas que estaba sufriendo.
Sobre las 10:00 de la mañana, algunas unidades americanas ya se han desplegado frente a Kettle Hill mientras otras se han situado en posición tal que les permite llevar a cabo el ataque sobre San Juan.

Sin el apoyo de sus baterías, el avance norteamericano es recibido con un nutrido fuego por parte de los 2 cañones y de los mauser españoles que provocan una gran cantidad de bajas entre sus filas, pero pronto la munición de las dos piezas comienza a agotarse.

Los planes de las tropas norteamericanas se han visto seriamente alterados debido a la dura resistencia que oponen las tropas españolas.
Dándose cuenta del error cometido al enviar sobre El Caney las fuerzas de la división Lawton, que no terminan de aplastar la resistencia de las tropas de Vara del Rey y por tanto no pueden participar en el ataque a San Juan, se les ordena cesar la acción y regresar de inmediato.


Pero Lawton está librando su propia guerra y, aunque se trate de un triunfo estéril, no desea dejar escapar la oportunidad de alcanzar su propia victoria por lo que desacata las órdenes recibidas y continúa con su ataque sobre El Caney, comprometiendo seriamente las operaciones sobre el verdadero objetivo.


A las 13:00 de la mañana, las unidades de la Brigada Summer pertenecientes a la división de Caballería (los regimientos 3º, 6º y 9º) inician el asalto de Kettle Hill, al principio muy lentamente debido a la resistencia española. Finalmente, el número se impone y los defensores, que tras haberse defendido con gran determinación han sufrido numerosas bajas que no pueden ser cubiertas con tropas de refuerzo, se repliegan hacia sus nuevas posiciones en las Lomas, permitiendo a los norteamericanos conquistar la colina.
La conquista de esta posición tendría fatales consecuencias para la escasa guarnición española, que se verá obligada a distraer unidades para defender uno de los flancos que desde Kettle Hill ahora amenazaban las tropas americanas.

Apoyados por el fuego que desde la recién conquistada posición efectúan sobre los defensores españoles las fuerzas de la Brigada Summers, se inicia el ataque a las defensas principales de San Juan.

El 16º y el 6º de Infantería de la Brigada Hawkins se lanzan al asalto, viendo su avance frenado por el fuego que desde las trincheras españolas les llega.
Mientras tanto, los dos cañones españoles que con su fuego bien dirigido habían silenciado a la artillería americana, se quedaban sin municiones, permitiéndo a los norteamericanos utilizar, ahora ya impunemente, sus baterías.
A una distancia de poco más de 500 metros, los norteamericanos sitúan 3 ametralladoras gatling que comienzan a barrer las posiciones
españolas arrojando sobre ellas en pocos minutos una cantidad ingente de proyectiles que barren las trincheras provocando multitud de bajas. Poco después, a la acción de las ametralladoras se uniría el fuego de la artillería norteamericana que tan eficazmente había sido anulada por los españoles y que ahora no encontraba oposición alguna a su fuego.

Apoyados por las tropas que ocupan Kettle, las tropas americanas se lanzan al asalto de las trincheras españolas, ya vacías y encontrando tan sólo la oposición que desde los blocaos hacen un puñado de defensores, Pero la situación para las tropas españolas es ya insostenible, con la mayoría de los defensores muertos o heridos, y sin posibilidad de recibir refuerzos, deben retirarse progresivamente hacia la seguna línea defensiva.


Es tal la situación de inferioridad numérica en la que se encuentran las fuerzas españolas que para reforzar algunas de las posiciones se utilizan algunos hombres convalecientes de heridas o enfermedades, sacándolos para ello de los hospitales en los que se encuentran.
Las Lomas de San Juan son totalmente ocupadas por los extenuados soldados americanos, que se deben enfrentar ahora a las tropas españolas situadas en la segunda línea defensiva.

Pero en ese momento, cuando parece que el avance norteamericano va a continuar sobre esta línea, se produce un inesperado contraataque español, llevado a cabo por una compañía formada por los trozos de desembarco de la escuadra de Cervera, al mando de Capitán de Navío Bustamante, que a no consigue recuperar las posiciones perdidas.

Bustamante, que dirige el ataque montado a caballo, es herido en el vientre, falleciendo a consecuencia de las heridas el día 19 de julio.
Sin embargo, esta acción detiene el avance americano, que ve como aún no hacen acto de presencia en el campo de batalla las tan necesitadas tropas que todavía están colapsadas en El Caney.
Por tanto, ante el temor de nuevos contraataques españoles que puedan ser llevados a cabo por las tropas de refuerzo que se sabe están a punto de recibir los españoles, les lleva a tomar la
determinación de reforzar sus posiciones en todo el frente, continuando los combates, con menor intensidad, durante dos días más, pero sin decidirse a realizar un ataque definitivo.

Las tropas españolas lamentaron tanto en las Lomas como en el Caney un total de 165 muertos, 376 heridos y 121 prisioneros. Los norteamericanos sufrieron en los duros combates por hacerse con el control de las Lomas de San Juan un total de 205 muertos y 1.180heridos, lo que supone casi un 10% de las tropas del U.S. Army destinadas en Cuba.

Las tropas cubanas de Calixto que participaron en la acción sufrieron unas 200 bajas.
El combate en las Lomas de San Juan produjo una honda preocupación en los mandos americanos, así como una gran desmoralización.

El propio Roosevelt escribía al senador Henry Cabot lo siguiente:
"Diga al presidente que, por amor del cielo, nos envíe cada regimiento y, sobre todo, cada batería que sea posible. Hasta ahora hemos ganado con un alto coste, pero los españoles luchan muy duramente y estamos muy cerca de un terrible desastre militar(...)".

La desesperación en las filas americanas ante la imposibilidad de superar las defensas españolas es tal, que el día 3 de julio el general Shafter le envió al Secretario de Guerra el siguiente telegrama:

"Tenemos la ciudad cercada por el norte y por el este, pero con una línea muy débil(...) y estoy considerando seriamente una retirada de 5 millas(...)".
Sin embargo, ese mismo día, se servía en bandeja la victoria a los americanos al realizar, a plena luz del día, su salida de la bahía de Santiago la escuadra española.

miércoles, 15 de julio de 2009

Caporetto. 24 octubre-9 noviembre de 1917.


Después de la undécima batalla de Isonzo, comenzada en Agosto de 1917, finalmente las tropas italianas habían doblegado a las del Imperio Austrohúngaro. Después de cientos de miles de víctimas por ambas partes, los italianos controlaban el escenario de la batalla. Más de 540.000 soldados italianos habían atacado a lo largo del frente y el Ejercito Austrohúngaro del general Boroevic apenas pudo oponerse a semejante fuerza. Después de once intentos y más de 400.000 bajas, el general italiano Cardona veía Viena más cercana.

Por primera vez desde el comienzo de la guerra el Imperio Austrohúngaro solicitó ayuda a Alemania para evitar el desastre que se cernía sobre el frente italiano. Las tropas austrohúngaras estaban exhaustas y no serían capaces de repelar un ataque italiano sobre el estratégico puerto de Trieste, muy ansiado por Italia. Se calculaba que los italianos habían situado entorno a los 608 batallones de infantería y a las 3.700 piezas de artillería en los terrenos altos que hasta hacía poco habían estado en mano de los austriacos. A pesar de la importancia de las posesiones austrohúngaras amenazadas, Alemania decidió no involucrarse de lleno en una batalla que el Alto Mando consideraba secundaria con respecto a las del Frente Occidental. Para ello y debido a los continuos fracasos austrohúngaros, el Alto Mando militar alemán, ahora en manos del general Ludendorff, decidió que el Frente Italiano pasase a estar bajo dirección alemana y que la estrategia de la futura batalla estuviese en manos alemanas.



Bajo estas premisas de no implicación total y de mando alemán se creo el XIV Ejercito conjunto austro-alemán compuesto por siete divisiones de infantería alemanas y ocho divisiones de infantería austrohúngaras. Todas ellas estarían bajo el mando directo del general Otto von Below. Éste era primo del general Fritz von Below(que había dirigido con maestría a los alemanes en El Somme) y veterano ya de Rusia(estando presente en Tannenberg) y Macedonia. Considerado un hombre capaz, tenía bajo su mando a parte de las nuevas tropas de asalto alemanas que tan buen resultado estaban dando con acciones como la toma de Riga. A pesar del carácter secundario que se había dado a esta acción, Alemania dotó de una gran cantidad de piezas de artillería, de un importante destacamento aéreo (que constaba de un escuadrón por cada kilómetro de frente) que resultaría idóneo para observar al enemigo en tan escarpado terreno y por último de más de mil unidades de proyectores de gases similares a los británicos Sistemas Livens.

A toda esta fuerza había que sumarle los restos de los I y II Ejércitos austrohúngaros del general Boroevic. El plan de ataque sería conocido como ”Waffentreue”, “fidelidad a las armas”.




Mientras tanto, un exultante general jefe Cadorna vaticinaba que hasta finales del invierno las tropas autrohúngaras no se recuperarían del castigo inflingido en Isonzo. Desatendió las informaciones que le hablaban de una importante concentración de tropas enfrente suya, de que parte de esas tropas eran alemanas e incluso ignoró los testimonios de prisioneros austriacos que habían sido capturados portando máscaras antigás y que confesaban los planes de ofensiva conjunta. Para él, en caso de que un ataque se llegase a producir, éste sería más al norte, cerca de Trentino.



El plan alemán para la batalla que se avecinaba era el de una ofensiva inicial contra las posiciones italianas de Tolmino y Plezzo, dos pequeñas poblaciones sobre el Isonzo y desde allí penetrar en la llanura véneta en la región de Friuli. Desde allí se desplegaría la fuerza principal y se atraparía a los italianos contra los Alpes Cárnicos. En esa zona el trazado del rio y los valles dejaban al ejercito italiano débilmente comunicado entre las diferentes unidades.

Para el rápido avance que se necesitaba se iban a usar las tropas de asalto que tan buen resultado estaban dando en los otros frentes. Pertrechadas con ametralladoras y artillería ligera, se introducirían rapidamente entre las líneas de la vanguardia italiana, cortando sus comunicaciones y dejándolas aisladas del resto de las tropas de su país y a merced de el núcleo principal de las tropas austrohúngaras y alemanas, que mediante el uso de artillería pesada y de los gases tóxicos (las máscaras de protección italianas eran del todo insuficientes) podrían fácilmente rendirlas. Así de esa manera se liberaba a muchos soldados de asaltos por empinadas montañas en donde el defensor tenía la ventaja y se permitía que se ocupasen de los refuerzos de retaguardia enemigos.



Se ordenó que la batalla la iniciase el XIV Ejército de von Below que debería atacar por sorpresa al II Ejercito italiano al mando del general Luigi Capello en Udine. Dicho general italiano se encontraba convaleciente por afecciones renales, por lo que su capacidad de mando se encontraba sumamente mermada. El día 24 de Octubre comenzó el ataque.

Se lanzó una importante barrera artillera en un frente de 40 km en medio de una noche lluviosa. El gas fue utilizado ya desde un primer momento debido a que los alemanes sabían que pocas tropas italianas estaban dotadas de medidas de protección. Como al día siguiente comenzó muy nublado, el avance austro-alemán gozó de cobertura adicional. Se avanzó en tres direcciones: dos agrupaciones contra los flancos y la otra agrupación directamente contra el débil centro italiano.

Los soldados italianos mostraron una mayor disposición a luchar que lo que se esperaba de ellos y los flancos aguantaron el empuje, pero en el centro, hacia la población de Caporetto cedió ante las fuerzas austrohúngaras y alemanas. Mientras tanto el general Capello, postrado en cama, se negaba a dejar el mando a sus subordinados y pretendía dirigir personalmente la defensa. En los días 25 y 26, la llanura de Bainsizza, que tantas vidas italianas y tiempo costó conquistar durante la última batalla de Isonzo, volvió a manos austrohúngaras. Mientras las fuerzas conjuntas procedían a terminar con los resistentes italianos en los terrenos elevados. A temperaturas bajo cero, mal equipados y agotados, muchos italianos decidieron rendirse


Las tropas italianas del centro en Caporetto ante el temor de ser envueltas comienzan la retirada. Lo que empezó como una retirada organizada terminó en un torrente de hombres presos del pánico. El II Ejercito italiano dejó de existir como fuerza: armamento de todo tipo(cañones, obuses, ametralladoras, municiones,…)fue abandonado sobre el terreno, los soldados desertaban en masa, muchos se rendían a los enemigos, etc etc. Hay que decir que el soldado italiano medio después de cruentas batallas con escaso éxito, sometido a numerosas privaciones y enfrentados a sus mandos directos por la manera severa como eran tratados (muchos habían recibido hasta castigo físico por parte de sus oficiales), ya estaban al límite por lo que vieron en el entregarse al enemigo la mejor manera más rápida de acabar con la guerra.

Mientras el centro italiano se retiraba cada vez más hacia el oeste, sus flancos quedaban en una posición peligrosa. Tanto el III Ejército al sur como el IV Ejército al norte se tuvieron que replegar bajo el acoso enemigo para no ser rodeados. En cuatro días, Cadorna había perdido todo el territorio que había costado conquistar tantos meses.




El 3 de Noviembre los agotados supervivientes de los ejércitos de Italia cruzaron el río Tagliamento. Paradójicamente las potencias centrales no habían prevenido una victoria de tal calibre y no contaron con las provisiones ni con la caballería necesarias para cortar el camino a los italianos y haberles inflingido una derrota total. Al cruzar el río, destruyeron los puentes y al encontrarse las aguas muy caudalosas los austrohúngaros y los alemanes no pudieron seguirlos, por lo que aprovecharon la pausa para reorganizarse.

Tanto Francia como Gran Bretaña enviaron fuerzas a reforzar a su aliado (en total 11 divisiones y 44 baterías) y asegurar que ni Venecia ni el Trentino cayesen en manos alemanas. El día 9 de Noviembre es destituido el general Cadorna por el general Diaz, un hombre más preparado para la guerra y apreciado por la tropa. Finalmente se fija la línea defensiva en el río Piave y el monte Grappa en donde las ya débiles y agotadas divisiones alemanas y austrohúngaras deciden también detenerse después de unos infructuosos ataques en Diciembre de ese año.

Entre muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos, Italia perdió alrededor de 700.000 hombres



jueves, 21 de mayo de 2009

Cabo de Palos, 6-III-1938. "Tanto alemán que tienen, tanto italiano y a un español le basta solo una mano"

Crucero "Baleares"




La noche del 5 al 6 de marzo de 1938, los tres cruceros nacionales, Canarias, Cervera y Baleares, escoltaban a dos mercantes, la operación parecía rutinaria (el almirante Moreno jefe habitual cedió el mando al almirante Vierna) y hubo exceso de confianza. El almirante republicano Ubieta había preparado un ataque de lanchas torpederas contra los cruceros en Palma de Mallorca con el apoyo lejano de la escuadra republicana. La operación de las lanchas se suspendió por el mal tiempo, pero Ubieta decidió mantenerse en el mar. Así las dos escuadras avanzaban en la oscuridad sin saber una de la otra hacia cabo de Palos.

A las 00.36 casi a la vez los cruceros Libertad y Méndez Núñez y cinco destructores avistaron a los tres cruceros nacionales a 2000 metros, solo uno de los destructores pudo disparar torpedos antes de perder contacto.


Artillería del "Canarias", gemelo del "Baleares"


Las dos escuadras hicieron varios cambios de rumbo de forma que a las 02.00 el Baleares descubrió de nuevo a la escuadra republicana y abrió fuego a unos 2000 metros, pero el almirante Vierna cometió el error de disparar proyectiles iluminantes alrededor del horizonte, e hizo señales luminosas, con lo que descubrió claramente a sus buques. Esta vez los republicanos tuvieron tiempo de responder, el Libertad alcanzó al Baleares y casi de forma simultánea también por dos torpedos (lanzados por el destructor Lepanto probablemente) que volaron el pañol de municiones de proa y el puente, el buque se detuvo, escorando rápidamente y con varios incendios a bordo. El Canarias, que le seguía, esquivó los restos, y guió al Cervera fuera de la acción. Por su parte los republicanos abandonaron también el combate.



El Canarias y el Cervera pusieron a salvo al convoy, y luego volvieron a recoger a los supervivientes. Para entonces y después de tres horas el navío se había hundido y los supervivientes habían sido salvados por destructores de la Royal Navy. El buque se llevó al fondo a 700 de sus tripulantes.


El fin del Baleares prefigura el de los cruceros americanos y australianos cuatro años después frente a Guadalcanal. Los cruceros pesados de mucha eslora y protección antisubmarina insuficiente, corrían un riesgo enorme frente a los destructores armados con torpedos en combate nocturno. El mando nacional, sin embargo, se vio obligado a emplear los cruceros en solitario ante las pobres características de los destructores comprados en Italia.



Crucero Libertad.

martes, 19 de mayo de 2009

Lepanto 1571, freno a la expansión turca en el Mediterráneo.



En 1453 los turcos se habían hecho con el poder en Constantinopla , hecho que los impelió a intentar tener la hegemonía en el Mediterráneo.

Para frenar la amenaza turca en el Mare Nostrum, se constituyó la Santa Liga en mayo de 1571, donde se aliaron el papado bajo el pontificado de Pío V, Felipe II rey de España, y la ciudad de Venecia. El temor se justificaba ya que los turcos en 1569, se habían apoderado de Túnez y en 1570, habían tomado Chipre, posesión de Venecia, rompiendo el sultán Selim II, el tratado de paz con Venecia que siempre había respetado su antecesor, Seliman, avanzando inexorablemente, hasta apoderarse de Nicosia el 9 de septiembre.

El acuerdo de la alianza cristiana, incluía el financiamiento de los gastos de la empresa bélica, por parte de los aliados, correspondiéndole la mitad de las erogaciones a España. Los venezianos afrontarían un tercio, y la sexta parte estaría a cargo del pontificado. El botín de guerra se repartiría en esa misma proporción. Se establecía, además, la imposibilidad de hacer la paz por separado. Las acciones se dirigirían contra Turquía, incluyéndose sus posesiones en el norte africano, que le corresponderían a España.


Al mando fue colocado Don Juan de Austria, hermano del rey español Felipe II a bordo de “la Real”, secundado por Álvaro Bazán,y Gian Andrea Doria. Se formó una flota de 315 naves y un gran ejército, de aproximadamente 30.000 hombres, formado en su mayoría por españoles, que partió por el Mediterráneo, el día 15 de septiembre. Sebastián Veniero dirigía la flota veneziana, formada por 140 naves. Marco Antonio Colonna conducía la fuerza pontificia.


Por delante del resto de la flota iba Juan de Cardona, y ocho millas más atrás las fuerzas se dividían en cuatro cuerpos. El de la derecha, formado por 54 galeras era conducido por Juan Andrea Doria. Al centro, al mando de Juan de Austria se ubicaban 64 galeras. Las 53 galeras de la izquierda eran conducidas por Agustino Barbarigo. Las 30 galeras restantes, al mando de Álvaro de Bazán, tenían función de reserva.

Los turcos adoptarían una formación similar en cuatro cuerpos, pero en forma de media luna, siendo comandados cada uno de ellos, por Mahomet Siroco, Uluch Alí, Cara Kodja, y Murat Dragut.

Enterado Juan de Austria de la presencia de los turcos en Lepanto, reunió un consejo de guerra, que desaprobó el enfrentamiento, por ser superiores las fuerzas enemigas. Sin embargo, Juan de Austria consideró que una dilación podía acarrear peores consecuencias. Allí se suscitó un conflicto entre los venezianos y Juan de Austria, por el asesinato de un hombre de Juan de Austria a manos de los venezianos, que lo acusaban de herir a uno de sus hombres. Sin embargo, tras debatir sobre la responsabilidad de Veniero, acusado del hecho, decidieron combatir, y olvidar el incidente.

LA BATALLA

En el Golfo de Lepanto, cercano a las costas griegas, se produjo el enfrentamiento entre los turcos, que respondían al Sultán Selim II, quien puso la flota al mando de Alí Baja, a bordo de “La Sultana” y los cristianos, el 7 de octubre de 1571.

El ala derecha turca arremetió contra la izquierda cristiana, resultando muerto Barbarigo, cuando una flecha, arma preferida de los turcos, se le incrustó en el ojo, pero su nave no pudo ser apresada, por el auxilio prestado por el resto de las galeras aliadas.

La embarcación de Alí Baja, golpeó de frente a la de Juan de Austria, quien ayudado por el resto de su escuadra, rodearon y capturaron a “La Sultana” de Alí, luego de un sangriento combate cuerpo a cuerpo, donde también pereció Alí, que fue degollado.

Uluch Alí, desde la izquierda, consiguió asestar un duro golpe a la flota cristiana, destruyendo varias embarcaciones, pero su éxito fue solo temporal, ya que debió huir ante la resistencia de los aliados.

DESENLACE

Ese mismo día, se produjo la victoria de los aliados, debiendo lamentar los vencidos la muerte de 30.000 hombres, de un total de 90.000, y la pérdida de 230 naves. Solo 50 naves turcas lograron huir. Los cristianos perdieron aproximadamente 30 galeras y 8.000 hombres.

Al anochecer, y previéndose mal tiempo, los cristianos se retiraron victoriosos al puerto de Petala.


El 17 de octubre, la galera “El Ángel” entró en Venecia trayendo la noticia de la victoria, inundando de gozo a la cristiandad, que en su conmemoración, instituyó el día 7 de octubre como el día de Nuestra Señora del Rosario, en agradecimiento a la virgen a quien el Papa había solicitado protección.

viernes, 1 de mayo de 2009

Pearl Harbor 7-12-1941. El despertar del gigante dormido.





Cuando Japón firmó el pacto del Eje con Alemania e Italia, Estados Unidos supo que sus posesiones en el Pacífico que había conseguido en el siglo XIX corrían riesgo, pero desestimaba el poder bélico del Imperio nipón. Todavía sentía la Segunda Guerra Mundial demasiado lejos como para involucrarse.

Pero Japón se estaba preparando para la guerra desde hace mucho. Había tomado Manchuria y estaba planeando un ataque sorpresa para destruir la flota norteamericana apostada en Pearl Harbor (Hawai), y así inclinar la balanza del poder a su lado en el Pacífico. La flota de Nagumo se había reunido para ese fin en la bahía de Tankan desde el 22 de noviembre de 1941: estaba compuesta por tres portaaviones, dos acorazados, dos cruceros pesados, un crucero ligero, 16 destructores y tres submarinos. Delante de ellos 27 submarinos más, cinco de ellos con submarinos enanos para atacar a los buques norteamericanos anclados en el puerto. Toda esta operación se realizaba mientras los embajadores de ambos países estaban negociando en Washington un tratado de paz.



El 26 de noviembre la flota japonesa parte hacia Pearl Harbor en el más absoluto sigilo. El factor sorpresa fue tan importante que cualquier embarcación que los avistara debía ser capturada o hundida (si fuera un buque de guerra la operación sería suspendida).

El plan de ataque se dividiría en dos etapas: la primera consistía en el ataque de 183 aviones, entre bombarderos, torpederos, cazas y escoltas hacia las cinco bases aéreas de la zona (en realidad eran seis), la base de hidroaviones de Kanehoe y la isla Ford, donde se concentraba la flota norteamericana. El segundo, con 213 aviones más 70 de reconocimiento y reserva, para completar el trabajo de la primera.



En los primeros días de diciembre la flota japonesa recibió la noticia de un espía que en Pearl Harbor no habían portaaviones, pero sí 8 acorazados. Nagumo decide seguir la marcha. En la noche del 6, la flota llegó al punto donde debían desplegar el ataque. A las 5 am. del 7 de diciembre, dos hidroaviones salen a recorrer las islas para encontrar a los portaaviones Enterprise y Lexington, sin éxito.

A las 6:15 am. sale la primera oleada de aviones.



El éxito de la operación fue ayudada por la ineptitud de las comunicaciones norteamericanas. La más grave de todas (en la madrugada tardaron tres horas en detectar y destruir un submarino) fue la detección por radar de muchos aviones a 220 kilómetros de distancia. Cuando transmitieron la información al Centro base, les contestaron que se esperaba la llegada de una flotilla de bombardeos B-17 americanos. De esta forma se desestimó un posible ataque.

A las 7:50 am. del 7 de diciembre de 1941 se produce el primer ataque a Pearl Harbor. Los norteamericanos fueron tomados totalmente por sorpresa, aunque reaccionaron para alcanzar sus puestos de combate y defenderse como pudieran, pero la inmensidad de la ofensiva hizo inútil la resistencia. Hacia las 8:25 am. casi todos los buques de guerra fueron destruidos o puestos fuera de combate en el mejor de los casos: los acorazados Arizona, West Virginia, Nevada, California y Oklahoma recibieron los primeros impactos de los torpederos. Luego el Tennessee y el Maryland corrieron la misma suerte, mientras que los primeros fueron rematados. Sólo el buque insignia Pensylvania se salvó por estar en dique seco.




A las 8:40 am. comenzó el segundo ataque al mando del comandante Shimazaki enviando 170 aparatos. Esta vez la defensa norteamericana estuvo mejor organizada, pero no pudo evitar más daños: el Pensylvania, el único acorazado sin ser alcanzado, fue la víctima de la oleada junto con otros tres destructores.

A las 10:00 am. Nagumo dio por concluido al ataque a Pearl Harbor, a pesar que sus comandantes le habían aconsejado un tercer ataque y la búsqueda del portaaviones Enterprise que estaba muy cerca a la zona del desastre. Japón había perdido la oportunidad de destruir completamente la flota norteamericana: tres acorazados, 12 cruceros y otros 60 barcos menores no sufrieron daños, y sus talleres, diques secos y sus vitales depósitos de combustible quedaron intactos. Además, los portaaviones no fueron siquiera buscados.



Aun así, Estados Unidos había perdido dos acorazados, tres destructores y cuatro buques menores; otros tres cruceros y tres destructores sufrieron graves daños, y casi todos los aviones (246) fueron destruidos o muy dañados. Murieron 2403 personas y 1778 fueron heridos. Por el lado japonés, perdieron 29 aviones y sus cinco submarinos enanos; y 55 pilotos y 10 submarinistas murieron o fueron capturados.

Minutos después del primer ataque, Washington recibió la declaración de guerra de Japón, a pesar que ésta fue enviada antes de producida. Horas más tarde, Estados Unidos le declaró la guerra a Japón. El 11, Alemania le declaró la guerra a Estados Unidos y así la cadena del conflicto se extendió a los 5 continentes.

jueves, 30 de abril de 2009

Marengo, 14 de junio de 1800.



La Batalla de Marengo tuvo lugar cerca de la ciudad de Alessandria, en el Piamonte, al noreste de Italia el 14 de junio de 1800, durante la guerra de la Segunda Coalición. Concluyó con una victoria francesa y con la retirada de las tropas austríacas de la mayor parte del territorio italiano.

El ejército francés dirigido por Napoleón Bonaparte (recién nombrado Primer Cónsul después del golpe de estado del 18 de Brumario) fue atacado por los austríacos al mando del general Michael von Melas. Los franceses fueron tomados por sorpresa. Sin embargo, el curso de la batalla fue dramáticamente alterado con el regreso (en respuesta de un llamado urgente de Napoleón) de tropas francesas al mando del general Louis Charles Antoine Desaix de Veygoux.



Un contraataque dirigido por Desaix, luego de un breve bombardeo de la artillería, impactó en el ala derecha de los austríacos y una carga de caballería dirigida por François Etienne de Kellermann completó su derrota. Los austríacos se retiraron a Alessandria, habiendo perdido a la mitad de su ejército. Las bajas francesas fueron mucho menores, pero el general Desaix, quien había acudido en ayuda de Napoleón, y sin cuya intervención la batalla se habría perdido, pereció en la batalla.

Al día siguiente, el general Melas comenzó las negociaciones que condujeron a los austríacos a evacuar el norte de Italia, y a suspender las operaciones militares en Italia. La posición de Bonaparte como Primer Cónsul se afianzó gracias al resultado de la batalla y de la campaña que le precedió. Austria, sin embargo, permaneció en guerra con Francia hasta que sus fuerzas en el norte de los Alpes fueron derrotadas en la Batalla de Hohenlinden, el 3 de diciembre de 1800, por el ejército francés al mando del general Jean Victor Marie Moreau






La batalla de Marengo fue la victoria que selló el éxito de la campaña italiana de Napoleón en 1800. En breve, gracias a un osado cruce de los Alpes antes de que los pasos estuvieran abiertos, Napoleón se había colocado entre las líneas de comunicación de Melas con la creencia de que éste se vería obligado a atacarlo. Melas no lo hizo. Napoleón se convenció de que los austríacos no lo atacarían, ya que se hallaban en plena retirada. Napoleón envió fuertes contingentes para bloquear las rutas de Melas al norte del Po, y al sur de Génova. Hasta este punto, Melas atacó, y debido a la brillantez de la campaña anterior, Napoleón se halló en una significativa desventaja la mayor parte de la batalla.



Las tropas austríacas (cerca de 31.000 hombres y 100 piezas de artillería) avanzaron desde Alessandria hacia el este, atravesando el río Bormida por dos puentes ubicados en una angosta desviación en el curso del río (ese era el lugar por el cual se podía cruzar el río). Esto evitó cualquier desarrollo rápido de su ataque; el movimiento comenzó alrededor de las 6 a.m., pero el ataque no se desarrolló completamente sino hasta las 9 a.m.
El ejército austríaco (una fuerza de 3.300 hombres al mando del general Andreas O' Reilly) hizo que los puestos de avanzada franceses se retiraran y luego de eso se desplegó para convertirse en el ala derecha de los austríacos.

La fuerza central austríaca (cerca de 18.000 hombres al mando del general Zach) avanzó hacia Marengo hasta que fue detendida por dos divisiones francesas al mando de Claude Victor-Perrin), desplegadas detrás de un arroyo que corría justo delante de la villa de Marengo. En el ala izquierda austríaca, compuesta por 7.500 hombres al mando del general Ott se dirigió a la villa de Castel Ceriolo, justo al norte de las posiciones francesas (en la errónea creencia que la villa estaba bajo control francés, pero con las posibilidades de atacar por el flanco a los franceses o de cortar la línea de comunicación entre el ejército de Napoleón y Milán con un avance mayor).

Los franceses mantuvieron la línea en el arroyo hasta el anochecer; pero con sus dos flancos expuestos. A pesar de que tomó a Bonaparte (a cuatro kilómetros de Marengo) hasta las 10 a.m. el reconocer a Melas, sus subordinados Lannes y Murat habían conducido a sus tropas con el fin de apoyar a Claude Victor-Perrin. Las tropas de Jean Lannes se habían desplegado en el crucial flanco derecho. La caballería de Murat y Kellerman tomaron una posición para proteger el flanco izquierdo. Para las 11 a.m., Bonaparte se encontraba en el campo de batalla y había enviado llamados urgentes a sus recientemente separadas, e incorporó a sus últimas reservas.

A medida que se acercaban, se les ordenó a proteger el flanco derecho francés, en lugar de mantener la posición en Marengo (donde los hombres de Victor se estaban quedando sin municiones). Cerca de las 2 p.m. los franceses atacaron Castel Ceriolo. Pero casi al mismo tiempo, Marengo cayó ante los austríacos.

El flanco izquierdo de los franceses se retiró unos 2 kilómetros y trató de reagruparse para defender la villa de San Giuliano. Con los franceses superados en número (23.000 tropas y 16 piezas de artillería) y conducidos fuera de su mejor posición defensiva, la batalla parecía ganada por los austríacos. Melas, quien se hallaba ligeramente herido, le dio el mando al general Zach y los austríacos reunieron una masiva columna para un ataque en las posiciones de las cuales los franceses se estaban retirando.

Poco después de las 3 p.m., el general Desaix, al mando de las tropas que Bonaparte había enviado al sur reportó a Napoleón en persona que sus tropas (5.000 hombres y 8 piezas de artillería) se encontraban cerca. La historia dice que, al preguntarle Bonaparte acerca de qué pensaba de la situación, Desaix dijo: "Ésta batalla está completamente perdida, pero apenas son las 2 p.m., hay tiempo para ganar otra."

Loas franceses fueron rápidos al traer y desplegar las tropas frente a San Giuliano, y los austríacos fueron lentos al montar su ataque (una columna de cerca de 6.000 hombres). La mayoría de la artillería francesa sobreviviente fue disparada contra los austríacos a medida que avanzaban. La división francesa del general Boudet avanzó en línea contra el frente de la columna austríaca.

Al encontrarse con los franceses, la columna austríaca intentó desplegarse pero estaba tremendamente amenazada por su cercanía con los franceses. Un poco detrás, un vagón de municiones austríaco explotó. En la confusión, la columna fue atacada en su flanco derecho por la caballería pesada de Kellerman (cerca de 400 hombres) y fue desintegrada. Zach y muchos de sus hombres fueron tomados prisioneros y el ala derecha austríaca buscó refugio detrás del Bormida, con los franceses persiguiéndolos. Durante la persecución, el general Desaix fue mortalmente herido.

Los austríacos al mando de Ott se retiraron en buen orden, pero habían sufrido muchas bajas en las 12 horas de combate: 40 piezas de artillería, 8.000 prisioneros y 6.000 muertos. Las bajas francesas, entre muertos y heridos fueron de 4.000 a 7.000, pero retuvieron el campo de batalla y la iniciativa estratégica.

Sitio de Antioquía. Octubre 1097-Junio 1098



En el otoño del año 1097 la primera cruzada estaba en su apogeo. El principal cuerpo del ejército cruzado, apoyado por la población armenia de confesión cristiana, cruzó los montes antitauro y Amano antes de llegar a Marash. En el camino los cruzados perdieron muchos de sus caballos antes de conseguir a la próspera ciudad de Marash, presentándose el 20 de octubre ante los muros de Antioquía. El asedio de esta ciudad, que duró hasta junio de 1098, fue un acontecimiento crucial para la primera cruzada, que los contemporáneos designaban a menudo como "guerra de Antioquía".



Las fortificaciones de la ciudad eran realmente inexpugnables si los defensores sabían mantener la calma. Se componían de una muralla de 10 m de altura y cerca de 400 torres de 20 metros situadas a la distancia de un disparo de arco; la ciudadela se hallaba ubicada a 330 metros, sobre el monte Silpio, al norte del río Orontes, cuyas márgenes brindaban aún mayor protección. El comandante turco Yaghi-Siyan tenía bajo su mando una guarnición leal y bien abastecida. Solamente la numerosa población armenia de la ciudad le dio motivo de preocupación.

Takikios, el representante del emperador Alejo de Constantinopla, propuso una estrategia de asedio a distancia basada en el control de la frontera de Baghras, situada 20 Km al norte, pero los jefes cruzados eran conscientes de la necesidad de mantener sus fuerzas unidas y prefirieron estrechar el bloqueo. En noviembre, la guarnición efectuó salidas, lanzando la caballería contra los sitiadores instalados al otro lado del Orontes, de modo que los cruzados construyeron un puente de barcas para poder desplegar sus fuerzas rápidamente en caso de ataque enemigo.



Cuando el invierno se echó encima, los víveres comenzaron a escasear. En Navidad, Bohemundo de Tarento y Roberto de Flandes llevaron a cabo una incursión contra Alepo, capturando rebaños de ganado y abundante botín. Además, tropezaron con una unidad de refuerzo al mando de Duqaq de Damasco y la derrotaron. A pesar de todo, la situación de los suministros alimenticios llegó a ser crítica en enero, cuando los precios en el campamento se elevaron por las nubes y muchos cruzados pobres murieron de hambre. Los caballos de los nobles también sufrieron; apenas 1000 fueron considerados aptos para el servicio.



El 9 de febrero, tropas de refuerzo bajo el mando de Ridwan de Alepo atacaron a los sitiadores, apoyadas por una enérgica salida de la guarnición. Los cruzados, aunque débiles, rechazaron ambas tentativas y capturaron muchos caballos, de los que andaban desesperadamente necesitados. En marzo, su situación comenzó a mejorar, cuando arribaron barcos a San Simeón, el puerto de Antioquía. Pero el primer convoy de víveres procedente de la costa fue objeto de un ataque y hubo de ser rescatado por las tropas de Bohemundo, que infligió 1500 bajas a la caballería antioquena. Este triunfo supuso un gran estímulo para la moral de los cruzados. Rápidamente construyeron dos castillos de asedio para estrechar el cerco a la ciudad. Ese mismo mes se dotó a la mezquita situada frente al puente fortificado con dos torres y muros contruidos con lápidas funerarias musulmanas, tras lo cual se confió su defensa a Raimundo de Saint Gilles. En abril, Tancredo de Galilea fortificó el monasterio de San Jorge ubicado frente a la puerta del mismo nombre.

El primero de estos castillos brindó protección a los suministros de víveres que llegaban desde la costa para los cruzados, mientras que el segundo impidió que los convoyes musulmanes alcanzasen la ciudad.

Se habían vuelto las tornas y ahora les tocaba morirse de hambre a los asediados. Firuz, un prominente cristiano de origen armenio negoció secretamente con Bohemundo. La noche del dos de junio entregó una torre a los cruzados, que irrumpieron en la ciudad enloquecidos. Muchos barrios fueron pasto de las llamas, mientras la guarnición de Yaghi-Siyan se retiraba a la ciudadela. Los acontecimientos que se sucedieron a continuación son casi milagrosos. El cinco de junio, un gran ejército bajo el mando de Kerbogha de Mosul, enviado por el califa de Bagdad, se presentó ante los muros de Antioquía con el propósito de poner cerco a los antiguos sitiadores. Se había retrasado quince días, durante los cuales asedió a Balduino en Edesa. El 8 de junio, arrebató a los cristianos la mezquita fortificada ( La Mahomerie ), dejándoles en una situación calamitosa, atrapados entre dos fuerzas enemigas en una ciudad devastada, carente de provisiones y sin una vía de escape a la vista. Algunos nobles intentaron escabullirse, entre ellos estaban el conde Esteban de Blois y Pedro el Ermitaño, pero fueron descubiertos y regresaron llenos de ignominia.



La moral de los cruzados se elevó con el descubrimiento en la catedral de San Pedro de Antioquía de la "Sagrada Lanza", una supuesta reliquia de la crucifixión. No todos los jefes cruzados estaba convencidos de su autenticidad, pero sirvió para alentar una salida a la desesperada. El 28 de junio, seis "batallas" ( divisiones ) de infantería y unos pocos caballeros emergieron de la ciudad para en enfrentarse a los sitiadores. Las fuerzas musulmanas , tal vez cogidas por sorpresa y ciertamente desorganizadas por la falta de confianza entre Kerbogha y sus emires sirios, fueron rechazadas. Sólo los arqueros turcos montados del flanco occidental intentaron rodear la línea de combate de los cristianos, pero la división de reserva, a lomos de los pocos caballos que quedaban, frustró sus designios.



Según parece, las fuerzas de Kerbogha, muy superiores en número, se desintegraron rápidamente, quemando la hierba para facilitar su huida. Los cruzados atribuyeron su sorprendente victoria a la aparición de un ejército sobrenatural de soldados montados sobre caballos blancos, conducidos por los santos patronos militares San Jorge y San Demetrio.

Al poco se creaba el principado latino de Antioquía, que fue recobrado por los musulmanes en 1268.