jueves, 16 de octubre de 2008

Balaklava, 25 de octubre de 1854. La carga de la brigada ligera.





"Media legua, media legua,

Media legua ante ellos.

Por el valle de la Muerte

Cabalgaron los seiscientos.

"¡Adelante, Brigada Ligera!"

"¡Cargad sobre los cañones!", dijo.

En el valle de la Muerte

Cabalgaron los seiscientos.

"¡Adelante, Brigada Ligera!"

¿Algún hombre desfallecido?

No, aunque los soldados supieran

Que era un desatino.

No estaban allí para replicar.

No estaban allí para razonar,

No estaban sino para vencer o morir.

En el valle de la Muerte

Cabalgaron los seiscientos.

Cañones a su derecha,
Cañones a su izquierda,
Cañones ante sí
Descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
Cabalgaron con audacia,
Hacia las fauces de la Muerte,
Hacia la boca del Infierno
Cabalgaron los seiscientos.

Brillaron sus sables desnudos,
Destellaron al girar en el aire,
Para golpear a los artilleros,
Cargando contra un ejército,
Que asombró al mundo entero:
Zambulléndose en el humo de las baterías
Cruzaron las líneas;
Cosacos y rusos
Retrocedieron ante el tajo de los sables
Hechos añicos, se dispersaron.
Entonces regresaron, pero no
No los seiscientos.

Cañones a su derecha,
Cañones a su izquierda,
Cañones detrás de sí
Descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
Mientras caballo y héroe caían,
Los que tan bien habían luchado
Entre las fauces de la Muerte
Volvieron de la boca del Infierno,
Todo lo que de ellos quedó,
Lo que quedó de los seiscientos.

¿Cuándo se marchita su gloria?
¡Oh qué carga tan valiente la suya!
Al mundo entero maravillaron.
¡Honrad la carga que hicieron!
¡Honrad a la Brigada Ligera,
A los nobles seiscientos!"


Lord Tennyson 1854



Balaklava es una de esas batallas míticas que quedan fijadas en la memoria colectiva. La carga suicida lanzada por la brigada ligera de la caballería al mando de Lord Cardigan ha sido inmortalizada en poemas, libros y películas. Sin embargo, Balaklava no fue más que una batalla menor en medio de una guerra caótica. Apenas tuvo importancia militar, y mezcló el heroismo más admirable con la incompetencia más escandalosa.

Balaklava era un pequeño puerto de la península de Crimea, al sur de Sebastopol. Durante la guerra de Crimea fue ocupado por una fuerza militar turco-británica el 26 de septiembre de 1854. La operación se enmarcaba dentro de una estrategia más amplia que buscaba aislar el puerto fortificado de Sebastopol. Para ello, la principal fuerza franco-británica había desembarcado el 14 de septiembre en la bahía de Calamita, al norte de la ciudad. Tras abrirse paso combatiendo a través de la linea costera, esta fuerza había llegado el día 24 al este de Sebastopol. El desembarco en Balaklava y el posterior enlace de esta fuerza con el grueso del ejército aliado completaron el cerco de la ciudad, de la cual se había retirado el grueso del ejército ruso el 25 de septiembre. Las cosas parecían ir bien para los aliados, que comenzaron inmediatamente el asedio del puerto ruso. No obstante, el jefe de las fuerzas rusas en Crimea, el príncipe Ménshikov, necesitaba obtener una victoria para congraciarse con el zar tras su mediocre dirección anterior de las operaciones. A finales de octubre, Ménshikov había logrado reunir a 25000 hombres y 70 piezas de artillería, con las que intentó romper el asedio desde el exterior.

El plan de Ménshikov consistía en atacar el flanco aliado, cortando las comunicaciones entre la fuerza sitiadora y el puerto de Balaklava, su principal base logística. Si lo conseguía, los aliados no tendrían más remedio que levantar el asedio o arriesgarse a utilizar como línea de aprovisionamiento el largo y tortuoso camino hasta la bahía de Calamita. El 26 de septiembre se lanzó el ataque ruso, que arrasó los fortines de la línea exterior de la defensa aliada.

Ante el peligro inminente, el comandante en jefe británico, lord Raglan, ordenó desplegar en la zona la división de caballería británica al mando de lord Lucan. Esta divisiónse componía de una brigada pesada y otra ligera. Una afortunada carga realizada por la primera contra las unidades de caballería rusas que protegían el flanco de la penetración obligó a los rusos a detenerse. A ello también contribuyó la enérgica resistencia presentada por la infantería de marina británica, que defendía la segunda línea de defensa en Balaklava.

En ese momento de equilibrio fue cuando se produjo la fatal sucesión de malentendidos que dieron origen a la tragedia. Lord Raglan advirtió una maniobra por la cual los rusos intentaban retirar algunas piezas de artillería capturadas de las colinas que dominaban los valles situados al norte de Balaklava. Sin pérdida de tiempo envió una confusa orden a lord Lucan para que éste intentase recuperar las piezas. Pero éste, desde su posición en el fondo del valle, no podía ver la acción de los rusos, por lo que supuso que lord Raglan se refería a la artillería enemiga que había tomado posición al otro lado del valle. Lord Lucan entendió que debía realizar un ataque frontal y no pidió más explicaciones, indignado por la insolente actitud del capitán Nolan, el oficial de Estado Mayor que había llevado la orden. Lord Lucan ordenó realizar la carga a la brigada ligera al mando de su cuñado lord Cardigan. La enemistad entre ambos concuñados impidió cualquier explicación sobre una acción que se anticipaba suicida, al estar el fondo del valle erizado de piezas de artillería enemiga.



A las 11 de la mañana, la brigada ligera se lanzó a la carga, apoyada en su flanco sur por la brigada pesada. Al momento recibió una granizada de fuego que obligó a lord Cardigan a aumentar la velociad de la carga, por lo que perdió el contacto con la brigada pesada. La media milla que tuvo que atravesar para llegar hasta las piezas rusas fue una pesadilla. Increíblemente, y a pesar de unas bajas espantosas, parte de la unidad consiguió alcanzar la posición enemiga y poner en fuga a los artilleros rusos pero todo atisbo de orden se vino abajo cuando contraatacaron las reservas de caballería rusas.

Luchando por sus vidas con auténtica desesperación, 193 de los 673 hombres que componían la brigada lograron regresar a sus líneas. El resto murió o fue hecho prisionero tras haber sido heridos. En ese momento la brigada ligera desapareció como unidad de combate.

La batalla de Balaklava acabó en tablas y no modificó la situación. Los aliados siguieron con su asedio a Sebastopol, que tardó un año en rendirse. Pero la leyenda de "los seiscientos cabalgando por el valle de la Muerte", inmortalizada en un poema de Tennyson, sobrevivió a la guerra y formó parte de los sueños y mitos juveniles durante muchos años.

Lord Cardigan sobrevivió al combate, y en marzo de 1855 expuso su experiencia en la cámara de los comunes:

«Avanzamos por una pendiente gradual de más de un kilómetro, las baterías vomitaban sobre nosotros obuses y metralla, con una batería a nuestra izquierda y una a nuestra derecha, y el espacio intermedio erizado de fusiles rusos; así cuando llegamos a 50 metros de la boca de los cañones que habían arrojado la destrucción sobre nosotros, estábamos, de hecho, rodeados por un muro de fuego, además del de los fusiles en nuestro flanco.
Mientras ascendíamos la colina, el fuego oblicuo de la artillería caía sobre nuestra retaguardia, de tal modo que recibíamos un nutrido fuego sobre la vanguardia, los flancos y la retaguardia. Entramos en el espacio de la batería, la atravesamos, los dos regimientos en cabeza hiriendo un gran número de artilleros rusos al pasar. En los dos regimientos que tuve el honor de dirigir, cada oficial, con una única excepción, fue o bien herido, o muerto, o vio al caballo que montaba muerto o herido. Estos regimientos pasaron, seguidos por la segunda línea, formada por dos regimientos suplementarios, que siguieron con su deber de herir a los artilleros rusos.
Después vino la tercera línea, formada por otro Regimiento, que completó la labor asignada a nuestra Brigada. Creo que ello se hizo con verdadero éxito, y el resultado fue que ese cuerpo, formado por tan sólo 670 hombres aproximadamente, logró atravesar la masa de la caballería rusa que —como hemos sabido posteriormente— disponía de 5.240 hombres; y habiendo atravesado esta masa, dan la vuelta, como dice nuestra expresión técnica militar, «al fondo de todo», y se retiraron de la mismo modo, provocando tantos daños como era posible en la caballería enemiga. De regreso a la colina de la que había partido el ataque, tuvimos que sufrir la misma mano de hierro y padecer el mismo riesgo de disparos de los tiradores en nuestro flanco que a la ida. Muchos de nuestros hombres fueron alcanzados, hombres y cabalgaduras resultaron muertos, y muchos de los hombres cuyas monturas murieron fueron masacrados cuando intentaban escapar.
Pero, mylord, ¿cuál fue el sentimiento de estos valientes que regresaron a su posición, de cada regimiento no retornó sino un pequeño destacamento, dos tercios de los efectivos implicados en la acción se habían perdido?. Creo que cada hombre que participó en este desastroso asunto de Balaklava, y que tuvo la bastante suerte como para seguir con vida, debe notar que fue solamente por un decreto de la Divina Providencia que escapó a la muerte más cierta que era posible concebir»

El valle de la muerte.

miércoles, 15 de octubre de 2008

El Jarama. Febrero de 1937






"Fue en España en el valle del Jarama
lugar que nunca podré olvidar
pues allí cayeron camaradas
jóvenes que fueron a luchar.
Nuestro batallón era el Lincoln
luchando por defender Madrid
con el pueblo hermanados peleamos
los de la Quince Brigada allí.
Lejos ya de ese valle de lágrimas
su recuerdo nadie borrará
Y así antes de despedirnos
recordemos quien murió allá"

En febrero de 1937 el ejército franquista sigue obsesionado con tomar Madrid por lo que se inicia de nuevo otra ofensiva, esta vez por sur-este de la capital, el objetivo, cortar la carretera Madrid- Valencia. Pero esta vez los fascistas se enfrentaban con un ejército mucho mejor preparado, lo que sería el ejército popular regular republicano, junto a las excelentes Brigadas Internacionales. En los varios libros que he consultado no se está muy de acuerdo en si la batalla acabó en tablas o fue una victoria republicana, bajo mi siempre subjetivo punto de vista la batalla fue en cierta manera una victoria republicana por el simple hecho de que los objetivos fascistas fracasaron . La batalla transcurrió de la siguiente manera :


Los nacionales atacaron con cinco brigadas dirigidas por Varela y formadas por legionarios y marroquíes, cada brigada bajo el mando de García Escámez, Sáenz de Buruaga, Barrón, Asensio y Rada, apoyadas por seis baterías de 155 mm y un grupo de artillería de la legión Cóndor. Se llevó a cabo en un frente de unos 16 Km, extendidos de norte a sur.



El ataque comenzó el 6 de febrero. La brigada de Escámez avanzó con furia hacia el pueblo de Ciempozuelos, defendido por la XV Brigada Internacional ( en la cual estaba integrado el famoso batallón norteamericano Abraham Lincoln ), cuya vanguardia fue destruida. Al día siguiente la columna de Barrón alcanzaba el punto de unión de los ríos Jarama y Manzanares, donde podía someter a la carretera Madrid - Valencia bajo su fuego artillero. El día 8 Miaja envía hacia allí a la XI Brigada, a las órdenes de Líster para ayudar al general Pozas, jefe del ejército del centro. El día 9 la defensa republicana estaba reorganizada en la orilla oriental del Jarama, pero el día 11 los nazi-onales cruzan el río, un Tabor de moros se deslizó silenciosamente hasta el puente de Pindoque ( puente que inspiraría a Hemingway en su libro “Por quién doblan las campanas”) donde los muy carniceros degollaron uno por uno a los centinelas del batallón André Marty, inmediatamente los hombres de Barrón cruzan el río. Los republicanos hicieron volar el puente, pero la mala fortuna hizo que éste quedase aún transitable para las tropas fascistas, pero los italianos del batallón Garibaldi concentraron el fuego sobre la cabeza de puente impidiendo pasar el río a más moros. Mientras, más al sur, la brigada de Asensio conquistó las alturas del monte Pingarrón, al otro lado del río ( logró cruzar el río por otro puente y con una estrategia calcada a la de Barrón ), poco después la columna de Sáenz de Buruaga se unía a la de Asensio. Los dos días siguientes fueron de una intensa lucha en la que los fachas no consiguieron avanzar casi nada. El control del cielo estaba en manos republicanas gracias a los extraordinarios “Chatos” que hacian desaparecer con gran facilidad a los Junkers alemanes.



La inexperta XV brigada internacional tuvo en el Jarama su bautismo de fuego. El batallón inglés de la brigada había recibido el embate del asalto de Asensio y tuvieron que defender una colina a la que apodaron “colina del suicidio” durante siete horas bajo el fuego de ametralladoras y artillería que les lanzaban desde la cima del Pingarrón los nacionales. Aproximadamente unas tres cuartas partes de los hombres de ese batallón no habían tenido nunca un arma cargada en sus manos, pero se portaron valientemente conteniendo los ataques de casi todas las reservas nacionalistas, mientras Líster y su experimentada Iª Brigada, llegaba por el flanco izquierdo del batallón para darles apoyo. La batalla duró todo el día 12 y las Brigadas Internacionales sufrieron grandes pérdidas. Cuatro días después gracias a la aviación, los tanques rusos y la artillería (dirigida por rusios) los legionarios y marroquíes se vieron obligados a adoptar una postura defensiva.



El día 17 de febrero fue el día del contraataque republicano, una División hizo retroceder a Barrón más allá de la carretera de Valencia, pero los ataques por parte de los internacionales contra el frente nacional fracasaron entre el día 23 y 27. En estos ataques participó el batallón Lincoln, al mando de Robert Merriman ( que inspiraría a Hemingway para crear el personaje de Robert Jordan en “Por quién doblan las campanas”), compuesto por 450 norteamericanos. Lucharon, al igual que sus compañeros ingleses, faltos de preparación pero con una valentía sorprendente, y sin apoyo artillero de los 450 murieron 120 y 175 resultaron heridos.




A partir del contraataque republicano ocurrió lo que había sucedido en la carretera de la Coruña dos meses antes, cada bando era demasiado fuerte para ser atacado, por lo que se construyeron fortificaciones y el frente se equilibró. Los nacionales sólo obtuvieron 15 Km más de terreno, mientras que los republicanos consiguieron conservar la importante carretera de Valencia. Las bajas fueron altas, 10000 entre los republicanos y 6000 entre los nacionales.




martes, 14 de octubre de 2008

Bannockburn 1314



Las guerras de independencia entre Inglaterra y Escocia comenzaron en 1296. Al principio, los ingleses salieron victoriosos con el saqueo de Berwick, la derrota escocesa en Dunbar y la expulsión del trono de John Balliol. La derrota inglesa en el puente de Stirling, en el año 1297, fue respondida por el triunfo de Eduardo I de Inglaterra en Falkirk al año siguiente. En 1304 se conquistó Escocia. Dos años más tarde, en 1306, Robert Bruce ocupó el trono escocés, y las guerras se reanudaron.

Eduardo II, que llegó al trono en 1307, era incapaz de proporcionar el liderato firme que su padre había ejercido. La posición inglesa se fue tornando más y más dificil. Uno de los castillos más importantes en manos inglesas era el de Stirling, que dominaba la ruta hacia el norte, hacia los Highlands. En la primavera de 1314 fue sitiado por Eduardo, el hermano del rey Rober Bruce. Se alcanzó un acuerdo según el cual si a mediados de verano no había llegado ninguna fuerza de relevo, el castillo se rendiría a los escoceses ( durante mucho tiempo se pensó que este acuerdo se realizó en 1313, pero hoy se sabe que fue un error del biógrafo de Bruce, John Barbour ).



Los ingleses no podían pasar por alto este desafío. Los preparativos militares ya estaban en marcha; las noticias prcedentes de Stirling empujaron a Eduardo II a la acción. Disponía de un ejército considerable. Se lanzó un llamamiento feudal, señal de que iba a ser una gran campaña, a una escala similar a las realizadas por Eduardo I en Escocia. Probablemente el ejército ascendía a 2000 soldados de caballería y 15000 infantes, muchos de los cuales serían arqueros. Eduardo y sus consejeros eran muy conscientes del terreno donde los escoceses probablemente iban a retarles, y se dio orden de que las tropas se preparasen para un enemigo establecido en la zona pantanosa próxima al río Forth.

Apenas existen datos sobre la composición del ejército escocés. Probablemente estuviese compuesto por entre 7000 y 10000 hombres de armas, con un máximo de 500 caballeros. La caballería escocesa no disponía de un equipo tan completo como el de la inglesa; es posible que contase con caballería ligera, adecuada para escaramuzas y tareas de reconocimiento, pero no para cargar contra las líneas enemigas. La infantería dispondría de pocas armas, entre ellas a destacar: hachas, espadas y picas, con un número escaso de arqueros.

La información sobre la batalla proporcionada por John Barbour ( biógrafo de Bruce ), escrita muy avanzado el siglo XIV, sugiere que los ingleses avanzaron sobre Stirling en diez divisiones, o cuerpos, aunque resulta poco probable. Los precedentes de otros ejércitos ingleses, como los de 1298 y 1300, indican la improbabilidad de más de cuatro secciones como máximo. Posiblemente los escoceses se habrían repartido en tres divisiones, preparados para luchar en schiltroms ( círculos defensivos de hombres armados con picas ).

La batalla fue inusual porque duró dos días; la mayor parte de los conflictos medievales eran muy breves, duraban sólo unas horas. El 23 de junio avanzaron dos formaciones de caballería inglesas. La vanguardia al mando de los condes de Gloucester y Hereford se encontró con un cuerpo de escoceses. Entre ellos estaba el mismo Bruce, que luchó cuerpo a cuerpo con Enrique de Bohun, sobrino de Hereford. Bohun intentó atacar a Bruce, y cuando los dos se vieron frente a frente, el rey escocés lo decapitó con su hacha. La lucha entre los dos bandos prosiguió su curso. Este enfrentamiento relativamente menor demostró que la caballería inglesa no era precisamente invulnerable. La otra fuerza de caballería inglesa, que se encontraba al mando de Robert Clifford, avanzó en el flanco opuesto. Le tocó enfrentarse a un schiltrom comandado por Thomas Randolf, conde de Moray. Clifford y sus hombres se retiraron, confusos e incapaces de romper la formación escocesa.



Por la noche las fuerzas inglesas cruzaron el río conocido como Bannock Burn y establecieron su posición en la llanura. Alexander Seton, un caballero escocés al servicio de Eduardo II, desertó del campamento inglés y se dirigió a comunicar a Bruce la baja moral de los ingleses y a animarle para que no dudara en lanzar un ataque al día siguiente. Los escoceses salieron de los bosques de New Park al amanecer, animados por las palabras de su rey. Los arqueros ingleses pudieron haber frenado el avance de los escoceses, pero fueron neutralizados por una carga de la caballería escocesa comandada por sir Robert Keith.

La respuesta inglesa al avance escocés fue una carga erncabezada por el conde de Gloucester, un hombre joven cuya carrera hasta el momento había estado marcada por la sensatez y la moderación, pero que por entonces entabló una disputa con el conde de Hereford sobre quién tenía derecho de guiar a la vanguardia de la batalla. Gloucester también discutió con el rey sobre la idea de que había que posponer el combate, y Eduardo le acusó de cobarde. Quizá fuera este el detonante que aguijoneó a Gloucester a emprender su fatal carga. Pocos hombres le acompañaron en su misión, y cuando llegó a las líneas escocesas no tardó en verse completamente rodeado, muriendo allí mismo.



La lucha se generalizó rápidamente, y los ingleses se vieron empujados hacia atrás por los escoceses en sus schiltroms. La caballería fue doblegada y rodeada, y cuando las tropas inglesas retrocedieron, comprobaron que cada vez les resultaba más dificil maniobrar. La lucha fue tremenda. Como cuenta Barbour: " Se produjo un estrépito de golpes cuando las armas chocaban contra las armaduras, y las lanzas se partían, y empujones y arremetidas..". Los ingleses fueron incapaces de mantener sus formaciones y rompieron filas.

A medida que se iba haciendo patente que los ingleses habían perdido, los hombres de Eduardo II decidieron que había que alejar al rey del desastre. Cuando Eduardo estuvo a salvo, un caballero llamado Giles de Argentine declaró heroicamente que él no estaba acostumbrado a huir. Se dio la vuelta y realizó su última carga contra las filas escocesas.

Aunque los datos sibre la batalla no coinciden entre si, las razones del triunfo escocés son patentes. Éstos lograron establecer una posición fuerte en un terreno que les era favorable. Contaban con un líder carismático y con un estudiado plan de acción. Los ingleses carecían de toda coherencia en su organización. Las acciones caballerescas, como las del conde de Gloucester o de Giles de Argentine resultaron ser auténticos suicidios. La derrota abrió el norte de Inglaterra a los ataques de los escoceses. El curso de la guerra fue favorable a Escocia hasta 1332 y 1333, con las victorias inglesas de Dupplin Moor y Halidon Hill.

Caballería inglesa atacando un schiltrom escocés.


Efigie funeraria de Robert Bruce en St Conan's Kirk.

Panipat 1526. El nacimiento del imperio Mogol.





Timur el Cojo ( 1336-1405), gobernador de Samarcanda, había creado un rico imperio asiático desde su base en Transoxiana. Sus sucesores lucharon por conservar su legado. En 1494, la responsabilidad de intentar recuperar la fortuna de la dinastía recayó en un niño de once años, Zahir al-Din Muhammad Babur. La lengua y ascendencia paterna de Babur eran turcas, y su madre era una mongol descendiente de Gengis Khan. El imperio que finalmente formaría Babur tomó su nombre en esa línea familiar: mogol. Babur era un amante de la literatura y un consumado poeta, aunque sus primeros años de vida estuvieron dominados por una rígida educación militar.


Babur ganó en tres ocasiones la capital de Samarcanda, y tres veces la perdió, antes de retroceder hasta Kabul obligado por los uzbekos en 1511. En 1514, sus aliados persas fueron derrotados en Chaldiran por el sultán otomano Selim el Severo. Después de aceptar que no iba a poder recuperar los antiguos territorios timuríes, Babur puso su atención en la India. Su pequeño ejército poseía las mejores cualidades de su herencia turca y mogol, y consitía principalmente en una fuerza móvil muy disciplinada de arqueros a caballo. Además Babur aprendió de los turcos el uso de las armas de pólvora. Equipó a gran parte de su infantería con pistolas de mecha y formó un impresionante tren de artillería.



Babur comenzó su campaña India en 1519 soemtiendo a las tribus de las montañas que bloqueaban su ruta de invasión hacia el Punjab. Posteriormente, desplegó varias incursiones en el norte de la India. Los adversarios de Babur eran principalmente afganos que habían emigrado a las llanuras durante el reinado de la dinastía Lodi. Babur tuvo ocasión de establecer una breve alianza con el poco fiable Daulat Kan Lodi, virrey del Punjab, y con su tío Alam Kan. Juntos intentaron derrocar al sultán de Delhi, Ibrahim Lodi. Sin embargo las intrigas de Daulat Kan ( que acabaron destruyendo la alianza ) y la presión uzbeka sobre la tierra natal de Babur retrasaron un intento de invasión en toda regla. Babur tuvo que esperar al año 1525 para poder retomar su entrada en la India. Un ejército enemigo al mando de su antiguo aliado, Daulat Kan se disolvió ante su avance. El sultán Ibrahim tomó el terreno.



El ejército de Ibrahim Lodi contaba, según las fuentes, con unos 100 000 hombres, diez veces más que la fuerza invasora de babur. Además el sultán iba acompañado por 1000 elefantes de guerra. Babur, no obstante, permaneció impávido: consideraba al sultán un joven e inexperto comandante que marchaba sin orden, se retiraba o se detenía sin un plan y entraba en batalla sin visión de futuro. Pretendía utilizar una combinación de armas de fuego ( el sultán carecía de ellas ) y la movilidad de su caballería para contrrarestar la superioridad numérica de su enemigo.

El 12 de abril de 1526, Babur ocupó una posición con su flanco derecho afianzado en Panipat, al norte de Delhi. En el centro de su línea de batalla apostó su cañón y los hombres equipados con armas de fuego. Imitando a los otomanos en Chaldirán, fortificó su posición con 700 carros encadenados y una línea de parapetos. Asimismo reforzó la posición de sus flancos izquierdo y derecho con zanjas defensivas y una "abatis" ( muralla de árboles derribados ). Entre las posiciones fortificadas se dejaron huecos de la anchura de un tiro de ballesta con el fin de permitir el avance de la caballería cuando llegase la oportunidad. Curiosamente, Babur pudo trabajar en sus fortificaciones durante ocho días ante la mirada del ejército de Ibrahim Lodi, que premaneció sorprendentemente inactivo después de su llegada a Panipat. Durante este tiempo, los jinetes de Babur cabalgaron hasta las líneas enemigas y dispararon flechas a su campamento sin obtener una respuesta.



El 20 de abril, Babur intentó un ataque nocturno sobre Ibarhim que salió muy mal. Esta pequeña victoria envalenonó al sultán y a sus hombres, y al día siguiente se desplegaron para la batalla. Babur había dividido a su ejército en seis divisiones proncipales; centro derecha e izquierda, alas derecha e izquierda, guardia avanzada y reserva. Además, siguiendo las tradiciones mongoles, había separado dos flancos de caballería ligera ( el de la extrema derecha, comandada por su hermano Humayan ). Estos cuerpos de jinetes llevarían a cabo la maniobra de "tulughma", una amplia acción envolvente que ataca al enemigo desde la retaguardia una vez que éste se halla inmerso en la batalla.


El 21 de abril, el ejército afgano se dispuso por fin a atacar, y lo hizo con un asalto concentrado sobre el ala derecha de Babur. La reserva de éste se desplazó para ayudar a la parte amenazada, pero los hombres de Ibrahim se retiraron rápidamente a las fortificaciones del campo de batalla. Las filas traseras presionaron sin darse cuenta de que estaban conduciendo a sus camaradas hacia las "abatis". Desde detrás de las defensas de Babur, arcos, pistolas, arcabuces y cañones dispararon implacablemente contra las masas desordenadas. La caballería se movió entre los huecos que se habían producido y ahuyentó a los elefantes con lluvias de flechas. Los hombres del ala izquierda de Babur avanzaron. Durante un breve espacio de tiempo se quedaron estancados, hasta que llegaron más soldados desde el centro para apoyar el contraataque. Los afganos realizaron varias cargas desesperadas, pero cada una de ellas fue rechazada y los supervivientes regresaron a sus propias filas.



Mientras la batalla hervía en el centro, la tulughma se ejecutó con éxito. Los destacamentos de los flancos pronto se situaron detrás de las tropas de Ibrahim, cortando todos los caminos de huida y disparando una flecha tras otra hacia las filas repletas de hombres atrapados. Como recordaba Babur, sus enemigos "no podían avanzar hacia nosotros ni hallar una vía de escape". El propio Ibrahim Lodi vio como se le cerraba el paso y luchó con valentía hasta el último aliento junto a miles de sus hombres. La batalla terminó al mediodía, en el campo quedaron tendidos los cuerpos de 15 000 afganos, entre muertos y heridos, mientras que las bajas de Babur no pasaron del millar.


Tras la victoria, Delhi y Agra fueron tomadas. Desde esta base, Babur consolidó su dominio en el norte de la India. Derrotó a los rajputos en Kanua en 1527 y asaltó la fortaleza de Chandiri en 1528. A su muerte en 1530, Babur poseía todo un imperio que incluía Kabul, el Punjab y Delhi. Al este llegaba hasta Bihar; al sur hasta Gwalior. Además sus sucesores heredaron un ejército que resultó ser un excelente instrumento de conquista. Así, en Panipat, nació el imperio Mogol, que llegaría a dominar todo el subcontinente indio.


lunes, 13 de octubre de 2008

Leuthen y Rossbach 1757: el resurgir de las águilas prusianas.




Leuthen, 5 de diciembre de 1757

En 1757, tras un año de la llamada Guerra de los Siete Años, parecía que el poderíó austríaco en Silesia era incontestable, pero el rey de Prusia, Federico el Grande decidió lanzar una ofensiva para detener al ejército de Austria al mando de Carlos de Lorena. Federico contaba con un ejército de primer orden integrado por unos 35000 hombres, y el príncipe Carlos de Lorena contaba con unos 54000.

Un factor crucial fue que Federico tomó y mantuvo la iniciativa, ofreciendo un magnífico ejemplo del orden de ataque oblicuo. Aprovechando que unas colinas cubrían sus movimientos, los prusianos hicieron girar el flanco izquierdo de los austríacos, mientras un ataque de distracción propició que los austríacos enviasen sus reservas para reforzar el flanco derecho. Los prusianos se beneficiaron mucho de la movilidad de su artillería. Carlos ordenó dar la vuelta a su ejército creando un nuevo frente orientado hacia el sur extendido a ambos lados de la villa de Leuthen.

La segunda fase de la batalla se centró en una serie de ataques prusianos contra este nuevo frente, y sobre todo contra Leuthen, que fue finalmente ocupada después de una reñida lucha, pero la infantería de Federico el Grande quedó expuesta a las acometidas de la caballería de Carlos de Lorena. Se logró evitar que un contraataque de la caballería austríaca mandado por Lucchese alcanzase el flanco descubierto de la infantería prusiana gracias a la rápida intervención de la caballería de Prusia y al final, la infantería austríaca, ya muy mermada, emprendió la retirada.

Los prusianos perdieron a 6380 hombres entre muertos y heridos, los austríacos a 10000 y 12000 fueron hechos prisioneros. Tras su derrota, las tropas austríacas abandonaron la mayor parte de Silesia. Leuthen fue una reñida victoria alcanzada por un ejército bien adiestrado. Puso de manifiesto la potencia de fuego prusiana, la habilidad de Federico para aprovechar las características del terreno, la calidad en el combate de la caballería prusiana y la destreza de los mandos prusianos para tomar la iniciativa.

Rossbach, 5 de noviembre de 1757.

Menos de un año después, un ejército de 30000 franceses y 11000 alemanes avanzaron para atacar a los 21000 prusianos de Federico el Grande en Rossbach, Sajonia. Los aliados planeaban hacer girar el flanco izquierdo del rey, pero se equivocaron al dar por sentado que Federico no se quedaría y lucharía, y por ello no tomaron las debidas precauciones en la disposición de su orden de batalla.



Federico respondió enérgicamente, empleando las estribaciones del monte Jano para ocultar el movimiento de su ejñercito hacia el noreste; después arrastró las columnas de los aliados hacia el sur y el oeste. La caballería prusiana, mandada por el mayor general Seydlitz, sorprendió a la caballería enemiga y la derrotó, atacándoles de frente y con un doble movimiento de flanqueo. La caballería aliada fue empujada hacia atrás y se disolvió en una confusa masa. Seydlitz era un comandante de caballería muy enérgico, que era capaz de mantener el control sobre sus hombres. Luego dirigió su caballería con rapidez y la volvió contra la infantería franco-alemana.

Las columnas de vanguardia de la infantería francesa cayeron enseguida bajo las salvas del fuego de mosquetería de los prusianos apoyado por una batería de 18 cañones pesados. La caballería de Seydlitz atacó después a la infantería francesa, y a su ataque se le sumó el avance de la infantería prusiana, que avanzaba disparando. Los franceses emprendieron una confuda huida, cubiertos por su infantería ligera.



Los prusianos perdieron menos de 550 hombres, sus adversarios más de 10000, en su mayoría hechos prisioneros. La habilidad de Federico en asumir y mantener la iniciativa, y la disciplina tanto de la caballería como de la infantería prusianas resultó determinante.

Rossbach aseguró el flanco occidental de Federico, convenció a Jorge II de Inglaterra de que debía reanudar la lucha contra los franceses en Hanover y dejó seriamente dañado el prestigio del ejército y la monarquía franceses. A partir de entonces, los franceses serían mucho más precavidos a la hora de enfrentarse a las fuerzas prusianas.

sábado, 11 de octubre de 2008

Noreia, 112 a.C



Los cimbrios y teutones abandonaros sus tierras natales alrededor del mar Báltico, en la península de Jutlandia, al sur de Escandinavia. Viajaron hacia el sureste, donde se encontraron con los escordiscos, con quienes lucharon. Tras obtener la victoria, siguieron avanzando hasta llegar al Danubio, en el Nórico (113 a. C.), hogar de los tauriscios, y aliados de Roma. Incapaces de repeler a los nuevos invasores, los tauriscios solicitaron ayuda romana. El cónsul Cneo Papirio Carbón respondió dirigiendo a sus legiones hacia Noricum (Nórico), acampando cerca de Aquilea.

Carbón ordenó que desocuparan las tierras de los tauriscios inmediatamente. Los cimbrios habían escuchado historias de la temible obstinación romana, y tras ver el tamaño del ejército y su fuerte posición defensiva, se conformaron. Sin embargo, Carbón no iba a permitir que los enemigos de Roma (ni la oportunidad de obtener un triunfo) se escaparan. Envió guías para que escoltaran a los cimbrios y teutones de vuelta a la frontera,pero en realidad pensaba guiarlos hacia una emboscada que él mismo había preparado.

Sin embargo, probablemente por medio de una traición de alguno de los guías, los protogermánicos supieron del ardid que les estaba preparando el cónsul. Superando ampliamente en número de hombres al enemigo, y conocedores de la futura traición, los germanos actuaron en consecuencia y cayeron sobre el desprevenido ejército romano, quienes pasaron de llevar la iniciativa a ser sorprendidos por el numeroso enemigo bárbaro.

Se sabe que la tormenta que cerró aquél día evitó la total destrucción de las fuerzas romanas, pues los germanos cesaron inmediatamente la cacería de las tropas romanas en desbandada, lo que a éstos les permitió reagruparse y huir con los restos de la impedimenta hacia la península italiana.

Este atípico desenlace se produjo porque los germanos creían que los rayos y truenos de las tormentas se debían a la ira de sus dioses, lo cual era mucho más temido para ellos que el propio enemigo.

Carbón y parte del ejército escaparon con vida, a pesar de que las tribus protogermánicas se jactaron de que le habían dado muerte, erróneamente. A su llegada a Roma, el senado le deshonró y fue desposeído del título de cónsul, aunque no fue exiliado como era costumbre hacer con los comandantes completamente derrotados.



Roma se preparó para lo peor, pero los cimbrios y teutones, en vez de entrar en Italia, se dirigieron al Oeste, adentrándose en la Galia. Allí, en 105 a. C., en la batalla de Arausio otra fuerza militar romana más grande, no tuvo tanta suerte como las legiones de Carbón.

Por otra parte, este desastre militar, junto con otros acontecimientos, provocaron las reformas del ejército por Cayo Mario.

Gaugamela, 331 a.C. La gran victoria de Alejandro Magno.


El 1 de octubre de 331 a.C, dos ejércitos se encontraron en Mesopotamia para decidir el destino de un imperio. Con diferencia, el más numeroso de esos ejécitos era el liderado por Darío III, rey de reyes y amo de todas las tierras entre el Éufrates y Afganistán. En cierta ocasión, sus dominios llegaron hasta el Mediterráneo, pero los invasores macedonios de Alejandro Magno conquistaron esas tierras.

Darío ofreció a Alejandro un gran soborno en un desesperado intento de garantizar la paz. Parmenión, uno de los generales de Alejandro, comentó: " Si estuviese en tu lugar, yo lo aceptaría" Y Alejandro le respondió con aspereza: " Si, yo también lo aceptaría si fuese tú".

Tras el rechazo de su oferta, Darío reunió un impresionante ejército de aproximadamente unos 250000 hombres, que incluía escitas de las orillas del mar Negro y bactrios de las estribaciones del Himalaya. Además reclutó a 6000 mercenarios griegos como guardias personales.

El rey persa eligió el campo de batalla con mucho detenimiento. En Isos, dos años antes, el terreno no le permitió emplear a todo su ejército, superior en número al macedonio. Para esta ocasión pensó en la llanura de Gaugamela, en la actual Irak.



La caballería de Darío, su principal baza, contaba con arqueros a caballo y catafractos con armadura. La ancha llanura ofrecía una buena oportunidad para que su caballería superase a la de Alejandro. Aunque los hombres de éste eran superiores en calidad, erna 7000 frente a los 40000 jinetes de Darío. La caballería macedónica llevaba armadura y casco, pero probablemente lucharían sin escudos, ya que necesitaban las dos manos para controlar sus largas lanzas de madera ( sarisas ). La caballería que luchó junto a Alejandro se conocía como "Los Compañeros".

El historiador Arriano cifra la infantería macedonia en 40000 hombres, frente a los 160000 infantes persas, sin embargo la infantería de Darío apenas disponía de armas y de formación, mientras que Alejandro estaba al frente de veteranos curtidos y acostumbrados a la victoria. Algunos macedonios eran "Hypaspist" ( portaescudos ) armados de forma convencional, pero el grueso de la infantería se componía de falangistas. Éstos luchaban en filas de hasta ocho, aunque cada hombre podía ejercer presión con sus largas picas. Cuando se bajaban, las picas formaban ante el enemigo un seto de punzantes lanzas. Esta falange resultaba formidable, pero únicamente si se mantenía la formación. Si se perdía el orden podía ser derrotada y, para ello, Darío contaba con carros equipados con guadañas.



Estos carros presentaban dos puntos débiles: eran vulnerables a la caballería y requerían un terreno muy liso, ya que las enormes guadañas hacían que la pérdida de la formación resultase desastrosa. Darío dependía de su caballería para proteger a sus carros, y en el campo de batalla preparó a conciencia varios caminos libres de obstáculos para conducir los carros hasta el mismo centro de la infantería de Alejandro. Es posible que contase con algunos elefantes que siguieran a los carros, y cuando la caballería hubiera roto todavía más la falange, la infantería persa terminaría el trabajo sin perder a un solo hombre.

Alejandro Magno estableció su campamento junto al río Boulemus y siguió adelante con sus hombres, transportando únicamente equipo para el combate y provisiones para unos días. Los macedonios llegaron a la llanura de Gaugamela a primera hora de la tarde del 30 de septiembre y se encontraron con el ejército del rey en formación, cuyo frente se extendía varios kilómetros a lo largo de la llanura. Alejandro quería entrar en batalla de inmediato, pero Parmenión le rogó que se contuviese. Probablemente este gesto salvó al ejército, ya que Alejandro dispuso así del tiempo necesario para reconocer el terreno y descubrir los caminos para carros de la trampa de Darío.

Parmenión aconsejó a Alejandro que la batalla tuviera lugar por la noche alegando que la oscuridad mitigaría la ventaja numérica persa, pero éste se negó diciendo que no iba a hurtar la victoria. De esta manera Darío se vio obligado a mantener a sus tropas vigilantes toda la noche por si acaso, mientras que los macedonios aprovecharon el descanso nocturno.

Al amancer, el ejército macedónico formó con precisión de plaza de armas, ligeramente a la izquierda del centro persa en el que Darío se encontraba. Avanzó, pero de forma oblicua y hacia la izquierda de los persas. Este ataque como de cangrejo les alejó de los caminos para los carros de Darío y obligó al rey persa a prolongar el flanco izquierdo de su ejército.



Darío tuvo que poner en marcha a los carros antes de lo que pensaba. A medida que se acercaban a los macedonios, se enfrentaban a jabalinas y flechas. Cuando los últimos llegaron a la falange, las filas se abrieron poco a poco y las atravesaron sin sufrir ningún daño. Tal y como había planeado Darío, la falange era ya vulnerable; pero los carros habían atacado demasiado pronto, y la caballería destinada a aprovechar la apertura de la falange quedó bloqueada por un contraataque de los lanceros de Alejandro. Darío ordenó a toda prisa a la caballería del flanco derecho que se uniera a la batalla, pero había mucho terreno que cubrir antes de llegar al flanco izquierdo macedónico, liderado por Parmenión.

Alejandro se unió personalmente a la batalla y guió a sus "Compañeros" contra el ala izquierda de la infantería persa. Según Plutarco: " replegáronse los bárbaros, y se les perseguía con ardor, procurando Alejandro impeler los vencidos hacia el centro, donde se hallaba Darío".

La batalla fue muy equilibrada. Los carros de Darío fallaron, pero sus infantes arrinconaron a los lanceros macedonios. En el flanco derecho, la caballería persa había golpeado a la izquierda macedónica, ya muy desgastada. Si la caballería conseguía introducirse entre los falangistas y desestabilizarlos, Darío podría dominar al resto con su infantería.

Lo que comenzó siendo una batalla entre generales acabó convirtiéndose en una refriega caótica. La caballería provocó enormes nubes de polvo, cegando a todos los combatientes excepto a los que se encontraban en su propio rincón de terreno. Alejandro estaba demasiado ocupado con su intervención personal en el combate como para ver el panorama en su conjunto; Darío, por su parte, sufrió las dificultades de un ejército muy numeroso e inexperto.

En consecuencia, cuando la caballería persa se abrió paso entre la izquierda macedonia, los soldados creyeron que la victoria era inminente y se dispusieron a tomar el campamento de Alejandro. Mientras tanto, la derecha macedonia atacó el flanco izquierdo del ejército persa, siguiendo a Alejandro en su intento de alcanzar a Darío. Como si de una partida de ajedrez se tratase, si se atrapaba al rey, se acababa el juego. El historiador Diododoro Sículo creía que Darío luchó bien: " El rey persa recibió el ataque macedonio en su carro, lanzó jabalinas a sus enemigos y tuvo la protección de sus guardias. Cuando los dos reyes acercaron sus filas, una jabalina lanzada por Alejandro contra Darío falló, pero derribó al conductor del carro que iba detrás del rey. Los persas que rodeaban a Darío gritaron al ver la escena, y los que se encontraban más alejados creyeron que su rey había caído. Éstos fueron los primeros en huir, y después los que estaban a su lado, y así sucesivamente hasta que todo el ejército persa se desintegró. Con el enemigo en los dos flancos, el rey se mostró preocupado. Se retiró, y ésa fue la señal de una huida general"

Los biógrafos de Alejandro ( Arriano,Curcio, Rufo y Plutarco ) cuentan que Darío huyó con sólo ver al emperador de Macedonia, pero no son narraciones coetáneas. Una descripción lacónica de un calendario astronómico babilónico apoya la sugerencia de Diodoro de que el ejército de Darío le abandonó, y no al contrario.

Las noticias del éxiro de Alejandro tardaron en llegar a la izquierda macedonia, donde Parmenión tenía muchas dificultades. Había desplazado sus defensas para cubrir la retaguardia del ejército y se encontraba casi rodeado por tres partes. Tras recibir la petición de ayuda de Parmenión, Alejandro salió a su rescate. Sin embargo, cuando llegó descubrió que una carga de la caballería tesalia, combinada con las malas noticias sobre el resto del campo de batalla, había provocado la retirada de los persas.

Alejandró emprendió una brutal persecución hacia la ciudad de Arbela, asesinado a decenas de miles de soldados que huían ya que le perseguía la idea de que Darío iba a organizar otro ejército con esos hombres. Sin embargo Darío fue asesinado por Bessus, el general que estuvo al mando del flanco izquierdo del ejército persa en Gaugamela.



Las bajas en la batalla fueron muy desiguales; mientras que Alejandro perdió a entre 500 y 1000 hombres, el ejército persa contabilizó unas bajas de más de 35000 soldados.

Con la muerte de su rival, Alejandro se convirtió en el señor indiscutible del Imperio Persa, y la influencia griega se extendió casi hasta el Himalaya.