viernes, 1 de mayo de 2009

Pearl Harbor 7-12-1941. El despertar del gigante dormido.





Cuando Japón firmó el pacto del Eje con Alemania e Italia, Estados Unidos supo que sus posesiones en el Pacífico que había conseguido en el siglo XIX corrían riesgo, pero desestimaba el poder bélico del Imperio nipón. Todavía sentía la Segunda Guerra Mundial demasiado lejos como para involucrarse.

Pero Japón se estaba preparando para la guerra desde hace mucho. Había tomado Manchuria y estaba planeando un ataque sorpresa para destruir la flota norteamericana apostada en Pearl Harbor (Hawai), y así inclinar la balanza del poder a su lado en el Pacífico. La flota de Nagumo se había reunido para ese fin en la bahía de Tankan desde el 22 de noviembre de 1941: estaba compuesta por tres portaaviones, dos acorazados, dos cruceros pesados, un crucero ligero, 16 destructores y tres submarinos. Delante de ellos 27 submarinos más, cinco de ellos con submarinos enanos para atacar a los buques norteamericanos anclados en el puerto. Toda esta operación se realizaba mientras los embajadores de ambos países estaban negociando en Washington un tratado de paz.



El 26 de noviembre la flota japonesa parte hacia Pearl Harbor en el más absoluto sigilo. El factor sorpresa fue tan importante que cualquier embarcación que los avistara debía ser capturada o hundida (si fuera un buque de guerra la operación sería suspendida).

El plan de ataque se dividiría en dos etapas: la primera consistía en el ataque de 183 aviones, entre bombarderos, torpederos, cazas y escoltas hacia las cinco bases aéreas de la zona (en realidad eran seis), la base de hidroaviones de Kanehoe y la isla Ford, donde se concentraba la flota norteamericana. El segundo, con 213 aviones más 70 de reconocimiento y reserva, para completar el trabajo de la primera.



En los primeros días de diciembre la flota japonesa recibió la noticia de un espía que en Pearl Harbor no habían portaaviones, pero sí 8 acorazados. Nagumo decide seguir la marcha. En la noche del 6, la flota llegó al punto donde debían desplegar el ataque. A las 5 am. del 7 de diciembre, dos hidroaviones salen a recorrer las islas para encontrar a los portaaviones Enterprise y Lexington, sin éxito.

A las 6:15 am. sale la primera oleada de aviones.



El éxito de la operación fue ayudada por la ineptitud de las comunicaciones norteamericanas. La más grave de todas (en la madrugada tardaron tres horas en detectar y destruir un submarino) fue la detección por radar de muchos aviones a 220 kilómetros de distancia. Cuando transmitieron la información al Centro base, les contestaron que se esperaba la llegada de una flotilla de bombardeos B-17 americanos. De esta forma se desestimó un posible ataque.

A las 7:50 am. del 7 de diciembre de 1941 se produce el primer ataque a Pearl Harbor. Los norteamericanos fueron tomados totalmente por sorpresa, aunque reaccionaron para alcanzar sus puestos de combate y defenderse como pudieran, pero la inmensidad de la ofensiva hizo inútil la resistencia. Hacia las 8:25 am. casi todos los buques de guerra fueron destruidos o puestos fuera de combate en el mejor de los casos: los acorazados Arizona, West Virginia, Nevada, California y Oklahoma recibieron los primeros impactos de los torpederos. Luego el Tennessee y el Maryland corrieron la misma suerte, mientras que los primeros fueron rematados. Sólo el buque insignia Pensylvania se salvó por estar en dique seco.




A las 8:40 am. comenzó el segundo ataque al mando del comandante Shimazaki enviando 170 aparatos. Esta vez la defensa norteamericana estuvo mejor organizada, pero no pudo evitar más daños: el Pensylvania, el único acorazado sin ser alcanzado, fue la víctima de la oleada junto con otros tres destructores.

A las 10:00 am. Nagumo dio por concluido al ataque a Pearl Harbor, a pesar que sus comandantes le habían aconsejado un tercer ataque y la búsqueda del portaaviones Enterprise que estaba muy cerca a la zona del desastre. Japón había perdido la oportunidad de destruir completamente la flota norteamericana: tres acorazados, 12 cruceros y otros 60 barcos menores no sufrieron daños, y sus talleres, diques secos y sus vitales depósitos de combustible quedaron intactos. Además, los portaaviones no fueron siquiera buscados.



Aun así, Estados Unidos había perdido dos acorazados, tres destructores y cuatro buques menores; otros tres cruceros y tres destructores sufrieron graves daños, y casi todos los aviones (246) fueron destruidos o muy dañados. Murieron 2403 personas y 1778 fueron heridos. Por el lado japonés, perdieron 29 aviones y sus cinco submarinos enanos; y 55 pilotos y 10 submarinistas murieron o fueron capturados.

Minutos después del primer ataque, Washington recibió la declaración de guerra de Japón, a pesar que ésta fue enviada antes de producida. Horas más tarde, Estados Unidos le declaró la guerra a Japón. El 11, Alemania le declaró la guerra a Estados Unidos y así la cadena del conflicto se extendió a los 5 continentes.