miércoles, 15 de julio de 2009

Caporetto. 24 octubre-9 noviembre de 1917.


Después de la undécima batalla de Isonzo, comenzada en Agosto de 1917, finalmente las tropas italianas habían doblegado a las del Imperio Austrohúngaro. Después de cientos de miles de víctimas por ambas partes, los italianos controlaban el escenario de la batalla. Más de 540.000 soldados italianos habían atacado a lo largo del frente y el Ejercito Austrohúngaro del general Boroevic apenas pudo oponerse a semejante fuerza. Después de once intentos y más de 400.000 bajas, el general italiano Cardona veía Viena más cercana.

Por primera vez desde el comienzo de la guerra el Imperio Austrohúngaro solicitó ayuda a Alemania para evitar el desastre que se cernía sobre el frente italiano. Las tropas austrohúngaras estaban exhaustas y no serían capaces de repelar un ataque italiano sobre el estratégico puerto de Trieste, muy ansiado por Italia. Se calculaba que los italianos habían situado entorno a los 608 batallones de infantería y a las 3.700 piezas de artillería en los terrenos altos que hasta hacía poco habían estado en mano de los austriacos. A pesar de la importancia de las posesiones austrohúngaras amenazadas, Alemania decidió no involucrarse de lleno en una batalla que el Alto Mando consideraba secundaria con respecto a las del Frente Occidental. Para ello y debido a los continuos fracasos austrohúngaros, el Alto Mando militar alemán, ahora en manos del general Ludendorff, decidió que el Frente Italiano pasase a estar bajo dirección alemana y que la estrategia de la futura batalla estuviese en manos alemanas.



Bajo estas premisas de no implicación total y de mando alemán se creo el XIV Ejercito conjunto austro-alemán compuesto por siete divisiones de infantería alemanas y ocho divisiones de infantería austrohúngaras. Todas ellas estarían bajo el mando directo del general Otto von Below. Éste era primo del general Fritz von Below(que había dirigido con maestría a los alemanes en El Somme) y veterano ya de Rusia(estando presente en Tannenberg) y Macedonia. Considerado un hombre capaz, tenía bajo su mando a parte de las nuevas tropas de asalto alemanas que tan buen resultado estaban dando con acciones como la toma de Riga. A pesar del carácter secundario que se había dado a esta acción, Alemania dotó de una gran cantidad de piezas de artillería, de un importante destacamento aéreo (que constaba de un escuadrón por cada kilómetro de frente) que resultaría idóneo para observar al enemigo en tan escarpado terreno y por último de más de mil unidades de proyectores de gases similares a los británicos Sistemas Livens.

A toda esta fuerza había que sumarle los restos de los I y II Ejércitos austrohúngaros del general Boroevic. El plan de ataque sería conocido como ”Waffentreue”, “fidelidad a las armas”.




Mientras tanto, un exultante general jefe Cadorna vaticinaba que hasta finales del invierno las tropas autrohúngaras no se recuperarían del castigo inflingido en Isonzo. Desatendió las informaciones que le hablaban de una importante concentración de tropas enfrente suya, de que parte de esas tropas eran alemanas e incluso ignoró los testimonios de prisioneros austriacos que habían sido capturados portando máscaras antigás y que confesaban los planes de ofensiva conjunta. Para él, en caso de que un ataque se llegase a producir, éste sería más al norte, cerca de Trentino.



El plan alemán para la batalla que se avecinaba era el de una ofensiva inicial contra las posiciones italianas de Tolmino y Plezzo, dos pequeñas poblaciones sobre el Isonzo y desde allí penetrar en la llanura véneta en la región de Friuli. Desde allí se desplegaría la fuerza principal y se atraparía a los italianos contra los Alpes Cárnicos. En esa zona el trazado del rio y los valles dejaban al ejercito italiano débilmente comunicado entre las diferentes unidades.

Para el rápido avance que se necesitaba se iban a usar las tropas de asalto que tan buen resultado estaban dando en los otros frentes. Pertrechadas con ametralladoras y artillería ligera, se introducirían rapidamente entre las líneas de la vanguardia italiana, cortando sus comunicaciones y dejándolas aisladas del resto de las tropas de su país y a merced de el núcleo principal de las tropas austrohúngaras y alemanas, que mediante el uso de artillería pesada y de los gases tóxicos (las máscaras de protección italianas eran del todo insuficientes) podrían fácilmente rendirlas. Así de esa manera se liberaba a muchos soldados de asaltos por empinadas montañas en donde el defensor tenía la ventaja y se permitía que se ocupasen de los refuerzos de retaguardia enemigos.



Se ordenó que la batalla la iniciase el XIV Ejército de von Below que debería atacar por sorpresa al II Ejercito italiano al mando del general Luigi Capello en Udine. Dicho general italiano se encontraba convaleciente por afecciones renales, por lo que su capacidad de mando se encontraba sumamente mermada. El día 24 de Octubre comenzó el ataque.

Se lanzó una importante barrera artillera en un frente de 40 km en medio de una noche lluviosa. El gas fue utilizado ya desde un primer momento debido a que los alemanes sabían que pocas tropas italianas estaban dotadas de medidas de protección. Como al día siguiente comenzó muy nublado, el avance austro-alemán gozó de cobertura adicional. Se avanzó en tres direcciones: dos agrupaciones contra los flancos y la otra agrupación directamente contra el débil centro italiano.

Los soldados italianos mostraron una mayor disposición a luchar que lo que se esperaba de ellos y los flancos aguantaron el empuje, pero en el centro, hacia la población de Caporetto cedió ante las fuerzas austrohúngaras y alemanas. Mientras tanto el general Capello, postrado en cama, se negaba a dejar el mando a sus subordinados y pretendía dirigir personalmente la defensa. En los días 25 y 26, la llanura de Bainsizza, que tantas vidas italianas y tiempo costó conquistar durante la última batalla de Isonzo, volvió a manos austrohúngaras. Mientras las fuerzas conjuntas procedían a terminar con los resistentes italianos en los terrenos elevados. A temperaturas bajo cero, mal equipados y agotados, muchos italianos decidieron rendirse


Las tropas italianas del centro en Caporetto ante el temor de ser envueltas comienzan la retirada. Lo que empezó como una retirada organizada terminó en un torrente de hombres presos del pánico. El II Ejercito italiano dejó de existir como fuerza: armamento de todo tipo(cañones, obuses, ametralladoras, municiones,…)fue abandonado sobre el terreno, los soldados desertaban en masa, muchos se rendían a los enemigos, etc etc. Hay que decir que el soldado italiano medio después de cruentas batallas con escaso éxito, sometido a numerosas privaciones y enfrentados a sus mandos directos por la manera severa como eran tratados (muchos habían recibido hasta castigo físico por parte de sus oficiales), ya estaban al límite por lo que vieron en el entregarse al enemigo la mejor manera más rápida de acabar con la guerra.

Mientras el centro italiano se retiraba cada vez más hacia el oeste, sus flancos quedaban en una posición peligrosa. Tanto el III Ejército al sur como el IV Ejército al norte se tuvieron que replegar bajo el acoso enemigo para no ser rodeados. En cuatro días, Cadorna había perdido todo el territorio que había costado conquistar tantos meses.




El 3 de Noviembre los agotados supervivientes de los ejércitos de Italia cruzaron el río Tagliamento. Paradójicamente las potencias centrales no habían prevenido una victoria de tal calibre y no contaron con las provisiones ni con la caballería necesarias para cortar el camino a los italianos y haberles inflingido una derrota total. Al cruzar el río, destruyeron los puentes y al encontrarse las aguas muy caudalosas los austrohúngaros y los alemanes no pudieron seguirlos, por lo que aprovecharon la pausa para reorganizarse.

Tanto Francia como Gran Bretaña enviaron fuerzas a reforzar a su aliado (en total 11 divisiones y 44 baterías) y asegurar que ni Venecia ni el Trentino cayesen en manos alemanas. El día 9 de Noviembre es destituido el general Cadorna por el general Diaz, un hombre más preparado para la guerra y apreciado por la tropa. Finalmente se fija la línea defensiva en el río Piave y el monte Grappa en donde las ya débiles y agotadas divisiones alemanas y austrohúngaras deciden también detenerse después de unos infructuosos ataques en Diciembre de ese año.

Entre muertos, heridos, prisioneros y desaparecidos, Italia perdió alrededor de 700.000 hombres



jueves, 21 de mayo de 2009

Cabo de Palos, 6-III-1938. "Tanto alemán que tienen, tanto italiano y a un español le basta solo una mano"

Crucero "Baleares"




La noche del 5 al 6 de marzo de 1938, los tres cruceros nacionales, Canarias, Cervera y Baleares, escoltaban a dos mercantes, la operación parecía rutinaria (el almirante Moreno jefe habitual cedió el mando al almirante Vierna) y hubo exceso de confianza. El almirante republicano Ubieta había preparado un ataque de lanchas torpederas contra los cruceros en Palma de Mallorca con el apoyo lejano de la escuadra republicana. La operación de las lanchas se suspendió por el mal tiempo, pero Ubieta decidió mantenerse en el mar. Así las dos escuadras avanzaban en la oscuridad sin saber una de la otra hacia cabo de Palos.

A las 00.36 casi a la vez los cruceros Libertad y Méndez Núñez y cinco destructores avistaron a los tres cruceros nacionales a 2000 metros, solo uno de los destructores pudo disparar torpedos antes de perder contacto.


Artillería del "Canarias", gemelo del "Baleares"


Las dos escuadras hicieron varios cambios de rumbo de forma que a las 02.00 el Baleares descubrió de nuevo a la escuadra republicana y abrió fuego a unos 2000 metros, pero el almirante Vierna cometió el error de disparar proyectiles iluminantes alrededor del horizonte, e hizo señales luminosas, con lo que descubrió claramente a sus buques. Esta vez los republicanos tuvieron tiempo de responder, el Libertad alcanzó al Baleares y casi de forma simultánea también por dos torpedos (lanzados por el destructor Lepanto probablemente) que volaron el pañol de municiones de proa y el puente, el buque se detuvo, escorando rápidamente y con varios incendios a bordo. El Canarias, que le seguía, esquivó los restos, y guió al Cervera fuera de la acción. Por su parte los republicanos abandonaron también el combate.



El Canarias y el Cervera pusieron a salvo al convoy, y luego volvieron a recoger a los supervivientes. Para entonces y después de tres horas el navío se había hundido y los supervivientes habían sido salvados por destructores de la Royal Navy. El buque se llevó al fondo a 700 de sus tripulantes.


El fin del Baleares prefigura el de los cruceros americanos y australianos cuatro años después frente a Guadalcanal. Los cruceros pesados de mucha eslora y protección antisubmarina insuficiente, corrían un riesgo enorme frente a los destructores armados con torpedos en combate nocturno. El mando nacional, sin embargo, se vio obligado a emplear los cruceros en solitario ante las pobres características de los destructores comprados en Italia.



Crucero Libertad.

martes, 19 de mayo de 2009

Lepanto 1571, freno a la expansión turca en el Mediterráneo.



En 1453 los turcos se habían hecho con el poder en Constantinopla , hecho que los impelió a intentar tener la hegemonía en el Mediterráneo.

Para frenar la amenaza turca en el Mare Nostrum, se constituyó la Santa Liga en mayo de 1571, donde se aliaron el papado bajo el pontificado de Pío V, Felipe II rey de España, y la ciudad de Venecia. El temor se justificaba ya que los turcos en 1569, se habían apoderado de Túnez y en 1570, habían tomado Chipre, posesión de Venecia, rompiendo el sultán Selim II, el tratado de paz con Venecia que siempre había respetado su antecesor, Seliman, avanzando inexorablemente, hasta apoderarse de Nicosia el 9 de septiembre.

El acuerdo de la alianza cristiana, incluía el financiamiento de los gastos de la empresa bélica, por parte de los aliados, correspondiéndole la mitad de las erogaciones a España. Los venezianos afrontarían un tercio, y la sexta parte estaría a cargo del pontificado. El botín de guerra se repartiría en esa misma proporción. Se establecía, además, la imposibilidad de hacer la paz por separado. Las acciones se dirigirían contra Turquía, incluyéndose sus posesiones en el norte africano, que le corresponderían a España.


Al mando fue colocado Don Juan de Austria, hermano del rey español Felipe II a bordo de “la Real”, secundado por Álvaro Bazán,y Gian Andrea Doria. Se formó una flota de 315 naves y un gran ejército, de aproximadamente 30.000 hombres, formado en su mayoría por españoles, que partió por el Mediterráneo, el día 15 de septiembre. Sebastián Veniero dirigía la flota veneziana, formada por 140 naves. Marco Antonio Colonna conducía la fuerza pontificia.


Por delante del resto de la flota iba Juan de Cardona, y ocho millas más atrás las fuerzas se dividían en cuatro cuerpos. El de la derecha, formado por 54 galeras era conducido por Juan Andrea Doria. Al centro, al mando de Juan de Austria se ubicaban 64 galeras. Las 53 galeras de la izquierda eran conducidas por Agustino Barbarigo. Las 30 galeras restantes, al mando de Álvaro de Bazán, tenían función de reserva.

Los turcos adoptarían una formación similar en cuatro cuerpos, pero en forma de media luna, siendo comandados cada uno de ellos, por Mahomet Siroco, Uluch Alí, Cara Kodja, y Murat Dragut.

Enterado Juan de Austria de la presencia de los turcos en Lepanto, reunió un consejo de guerra, que desaprobó el enfrentamiento, por ser superiores las fuerzas enemigas. Sin embargo, Juan de Austria consideró que una dilación podía acarrear peores consecuencias. Allí se suscitó un conflicto entre los venezianos y Juan de Austria, por el asesinato de un hombre de Juan de Austria a manos de los venezianos, que lo acusaban de herir a uno de sus hombres. Sin embargo, tras debatir sobre la responsabilidad de Veniero, acusado del hecho, decidieron combatir, y olvidar el incidente.

LA BATALLA

En el Golfo de Lepanto, cercano a las costas griegas, se produjo el enfrentamiento entre los turcos, que respondían al Sultán Selim II, quien puso la flota al mando de Alí Baja, a bordo de “La Sultana” y los cristianos, el 7 de octubre de 1571.

El ala derecha turca arremetió contra la izquierda cristiana, resultando muerto Barbarigo, cuando una flecha, arma preferida de los turcos, se le incrustó en el ojo, pero su nave no pudo ser apresada, por el auxilio prestado por el resto de las galeras aliadas.

La embarcación de Alí Baja, golpeó de frente a la de Juan de Austria, quien ayudado por el resto de su escuadra, rodearon y capturaron a “La Sultana” de Alí, luego de un sangriento combate cuerpo a cuerpo, donde también pereció Alí, que fue degollado.

Uluch Alí, desde la izquierda, consiguió asestar un duro golpe a la flota cristiana, destruyendo varias embarcaciones, pero su éxito fue solo temporal, ya que debió huir ante la resistencia de los aliados.

DESENLACE

Ese mismo día, se produjo la victoria de los aliados, debiendo lamentar los vencidos la muerte de 30.000 hombres, de un total de 90.000, y la pérdida de 230 naves. Solo 50 naves turcas lograron huir. Los cristianos perdieron aproximadamente 30 galeras y 8.000 hombres.

Al anochecer, y previéndose mal tiempo, los cristianos se retiraron victoriosos al puerto de Petala.


El 17 de octubre, la galera “El Ángel” entró en Venecia trayendo la noticia de la victoria, inundando de gozo a la cristiandad, que en su conmemoración, instituyó el día 7 de octubre como el día de Nuestra Señora del Rosario, en agradecimiento a la virgen a quien el Papa había solicitado protección.

viernes, 1 de mayo de 2009

Pearl Harbor 7-12-1941. El despertar del gigante dormido.





Cuando Japón firmó el pacto del Eje con Alemania e Italia, Estados Unidos supo que sus posesiones en el Pacífico que había conseguido en el siglo XIX corrían riesgo, pero desestimaba el poder bélico del Imperio nipón. Todavía sentía la Segunda Guerra Mundial demasiado lejos como para involucrarse.

Pero Japón se estaba preparando para la guerra desde hace mucho. Había tomado Manchuria y estaba planeando un ataque sorpresa para destruir la flota norteamericana apostada en Pearl Harbor (Hawai), y así inclinar la balanza del poder a su lado en el Pacífico. La flota de Nagumo se había reunido para ese fin en la bahía de Tankan desde el 22 de noviembre de 1941: estaba compuesta por tres portaaviones, dos acorazados, dos cruceros pesados, un crucero ligero, 16 destructores y tres submarinos. Delante de ellos 27 submarinos más, cinco de ellos con submarinos enanos para atacar a los buques norteamericanos anclados en el puerto. Toda esta operación se realizaba mientras los embajadores de ambos países estaban negociando en Washington un tratado de paz.



El 26 de noviembre la flota japonesa parte hacia Pearl Harbor en el más absoluto sigilo. El factor sorpresa fue tan importante que cualquier embarcación que los avistara debía ser capturada o hundida (si fuera un buque de guerra la operación sería suspendida).

El plan de ataque se dividiría en dos etapas: la primera consistía en el ataque de 183 aviones, entre bombarderos, torpederos, cazas y escoltas hacia las cinco bases aéreas de la zona (en realidad eran seis), la base de hidroaviones de Kanehoe y la isla Ford, donde se concentraba la flota norteamericana. El segundo, con 213 aviones más 70 de reconocimiento y reserva, para completar el trabajo de la primera.



En los primeros días de diciembre la flota japonesa recibió la noticia de un espía que en Pearl Harbor no habían portaaviones, pero sí 8 acorazados. Nagumo decide seguir la marcha. En la noche del 6, la flota llegó al punto donde debían desplegar el ataque. A las 5 am. del 7 de diciembre, dos hidroaviones salen a recorrer las islas para encontrar a los portaaviones Enterprise y Lexington, sin éxito.

A las 6:15 am. sale la primera oleada de aviones.



El éxito de la operación fue ayudada por la ineptitud de las comunicaciones norteamericanas. La más grave de todas (en la madrugada tardaron tres horas en detectar y destruir un submarino) fue la detección por radar de muchos aviones a 220 kilómetros de distancia. Cuando transmitieron la información al Centro base, les contestaron que se esperaba la llegada de una flotilla de bombardeos B-17 americanos. De esta forma se desestimó un posible ataque.

A las 7:50 am. del 7 de diciembre de 1941 se produce el primer ataque a Pearl Harbor. Los norteamericanos fueron tomados totalmente por sorpresa, aunque reaccionaron para alcanzar sus puestos de combate y defenderse como pudieran, pero la inmensidad de la ofensiva hizo inútil la resistencia. Hacia las 8:25 am. casi todos los buques de guerra fueron destruidos o puestos fuera de combate en el mejor de los casos: los acorazados Arizona, West Virginia, Nevada, California y Oklahoma recibieron los primeros impactos de los torpederos. Luego el Tennessee y el Maryland corrieron la misma suerte, mientras que los primeros fueron rematados. Sólo el buque insignia Pensylvania se salvó por estar en dique seco.




A las 8:40 am. comenzó el segundo ataque al mando del comandante Shimazaki enviando 170 aparatos. Esta vez la defensa norteamericana estuvo mejor organizada, pero no pudo evitar más daños: el Pensylvania, el único acorazado sin ser alcanzado, fue la víctima de la oleada junto con otros tres destructores.

A las 10:00 am. Nagumo dio por concluido al ataque a Pearl Harbor, a pesar que sus comandantes le habían aconsejado un tercer ataque y la búsqueda del portaaviones Enterprise que estaba muy cerca a la zona del desastre. Japón había perdido la oportunidad de destruir completamente la flota norteamericana: tres acorazados, 12 cruceros y otros 60 barcos menores no sufrieron daños, y sus talleres, diques secos y sus vitales depósitos de combustible quedaron intactos. Además, los portaaviones no fueron siquiera buscados.



Aun así, Estados Unidos había perdido dos acorazados, tres destructores y cuatro buques menores; otros tres cruceros y tres destructores sufrieron graves daños, y casi todos los aviones (246) fueron destruidos o muy dañados. Murieron 2403 personas y 1778 fueron heridos. Por el lado japonés, perdieron 29 aviones y sus cinco submarinos enanos; y 55 pilotos y 10 submarinistas murieron o fueron capturados.

Minutos después del primer ataque, Washington recibió la declaración de guerra de Japón, a pesar que ésta fue enviada antes de producida. Horas más tarde, Estados Unidos le declaró la guerra a Japón. El 11, Alemania le declaró la guerra a Estados Unidos y así la cadena del conflicto se extendió a los 5 continentes.

jueves, 30 de abril de 2009

Marengo, 14 de junio de 1800.



La Batalla de Marengo tuvo lugar cerca de la ciudad de Alessandria, en el Piamonte, al noreste de Italia el 14 de junio de 1800, durante la guerra de la Segunda Coalición. Concluyó con una victoria francesa y con la retirada de las tropas austríacas de la mayor parte del territorio italiano.

El ejército francés dirigido por Napoleón Bonaparte (recién nombrado Primer Cónsul después del golpe de estado del 18 de Brumario) fue atacado por los austríacos al mando del general Michael von Melas. Los franceses fueron tomados por sorpresa. Sin embargo, el curso de la batalla fue dramáticamente alterado con el regreso (en respuesta de un llamado urgente de Napoleón) de tropas francesas al mando del general Louis Charles Antoine Desaix de Veygoux.



Un contraataque dirigido por Desaix, luego de un breve bombardeo de la artillería, impactó en el ala derecha de los austríacos y una carga de caballería dirigida por François Etienne de Kellermann completó su derrota. Los austríacos se retiraron a Alessandria, habiendo perdido a la mitad de su ejército. Las bajas francesas fueron mucho menores, pero el general Desaix, quien había acudido en ayuda de Napoleón, y sin cuya intervención la batalla se habría perdido, pereció en la batalla.

Al día siguiente, el general Melas comenzó las negociaciones que condujeron a los austríacos a evacuar el norte de Italia, y a suspender las operaciones militares en Italia. La posición de Bonaparte como Primer Cónsul se afianzó gracias al resultado de la batalla y de la campaña que le precedió. Austria, sin embargo, permaneció en guerra con Francia hasta que sus fuerzas en el norte de los Alpes fueron derrotadas en la Batalla de Hohenlinden, el 3 de diciembre de 1800, por el ejército francés al mando del general Jean Victor Marie Moreau






La batalla de Marengo fue la victoria que selló el éxito de la campaña italiana de Napoleón en 1800. En breve, gracias a un osado cruce de los Alpes antes de que los pasos estuvieran abiertos, Napoleón se había colocado entre las líneas de comunicación de Melas con la creencia de que éste se vería obligado a atacarlo. Melas no lo hizo. Napoleón se convenció de que los austríacos no lo atacarían, ya que se hallaban en plena retirada. Napoleón envió fuertes contingentes para bloquear las rutas de Melas al norte del Po, y al sur de Génova. Hasta este punto, Melas atacó, y debido a la brillantez de la campaña anterior, Napoleón se halló en una significativa desventaja la mayor parte de la batalla.



Las tropas austríacas (cerca de 31.000 hombres y 100 piezas de artillería) avanzaron desde Alessandria hacia el este, atravesando el río Bormida por dos puentes ubicados en una angosta desviación en el curso del río (ese era el lugar por el cual se podía cruzar el río). Esto evitó cualquier desarrollo rápido de su ataque; el movimiento comenzó alrededor de las 6 a.m., pero el ataque no se desarrolló completamente sino hasta las 9 a.m.
El ejército austríaco (una fuerza de 3.300 hombres al mando del general Andreas O' Reilly) hizo que los puestos de avanzada franceses se retiraran y luego de eso se desplegó para convertirse en el ala derecha de los austríacos.

La fuerza central austríaca (cerca de 18.000 hombres al mando del general Zach) avanzó hacia Marengo hasta que fue detendida por dos divisiones francesas al mando de Claude Victor-Perrin), desplegadas detrás de un arroyo que corría justo delante de la villa de Marengo. En el ala izquierda austríaca, compuesta por 7.500 hombres al mando del general Ott se dirigió a la villa de Castel Ceriolo, justo al norte de las posiciones francesas (en la errónea creencia que la villa estaba bajo control francés, pero con las posibilidades de atacar por el flanco a los franceses o de cortar la línea de comunicación entre el ejército de Napoleón y Milán con un avance mayor).

Los franceses mantuvieron la línea en el arroyo hasta el anochecer; pero con sus dos flancos expuestos. A pesar de que tomó a Bonaparte (a cuatro kilómetros de Marengo) hasta las 10 a.m. el reconocer a Melas, sus subordinados Lannes y Murat habían conducido a sus tropas con el fin de apoyar a Claude Victor-Perrin. Las tropas de Jean Lannes se habían desplegado en el crucial flanco derecho. La caballería de Murat y Kellerman tomaron una posición para proteger el flanco izquierdo. Para las 11 a.m., Bonaparte se encontraba en el campo de batalla y había enviado llamados urgentes a sus recientemente separadas, e incorporó a sus últimas reservas.

A medida que se acercaban, se les ordenó a proteger el flanco derecho francés, en lugar de mantener la posición en Marengo (donde los hombres de Victor se estaban quedando sin municiones). Cerca de las 2 p.m. los franceses atacaron Castel Ceriolo. Pero casi al mismo tiempo, Marengo cayó ante los austríacos.

El flanco izquierdo de los franceses se retiró unos 2 kilómetros y trató de reagruparse para defender la villa de San Giuliano. Con los franceses superados en número (23.000 tropas y 16 piezas de artillería) y conducidos fuera de su mejor posición defensiva, la batalla parecía ganada por los austríacos. Melas, quien se hallaba ligeramente herido, le dio el mando al general Zach y los austríacos reunieron una masiva columna para un ataque en las posiciones de las cuales los franceses se estaban retirando.

Poco después de las 3 p.m., el general Desaix, al mando de las tropas que Bonaparte había enviado al sur reportó a Napoleón en persona que sus tropas (5.000 hombres y 8 piezas de artillería) se encontraban cerca. La historia dice que, al preguntarle Bonaparte acerca de qué pensaba de la situación, Desaix dijo: "Ésta batalla está completamente perdida, pero apenas son las 2 p.m., hay tiempo para ganar otra."

Loas franceses fueron rápidos al traer y desplegar las tropas frente a San Giuliano, y los austríacos fueron lentos al montar su ataque (una columna de cerca de 6.000 hombres). La mayoría de la artillería francesa sobreviviente fue disparada contra los austríacos a medida que avanzaban. La división francesa del general Boudet avanzó en línea contra el frente de la columna austríaca.

Al encontrarse con los franceses, la columna austríaca intentó desplegarse pero estaba tremendamente amenazada por su cercanía con los franceses. Un poco detrás, un vagón de municiones austríaco explotó. En la confusión, la columna fue atacada en su flanco derecho por la caballería pesada de Kellerman (cerca de 400 hombres) y fue desintegrada. Zach y muchos de sus hombres fueron tomados prisioneros y el ala derecha austríaca buscó refugio detrás del Bormida, con los franceses persiguiéndolos. Durante la persecución, el general Desaix fue mortalmente herido.

Los austríacos al mando de Ott se retiraron en buen orden, pero habían sufrido muchas bajas en las 12 horas de combate: 40 piezas de artillería, 8.000 prisioneros y 6.000 muertos. Las bajas francesas, entre muertos y heridos fueron de 4.000 a 7.000, pero retuvieron el campo de batalla y la iniciativa estratégica.

Sitio de Antioquía. Octubre 1097-Junio 1098



En el otoño del año 1097 la primera cruzada estaba en su apogeo. El principal cuerpo del ejército cruzado, apoyado por la población armenia de confesión cristiana, cruzó los montes antitauro y Amano antes de llegar a Marash. En el camino los cruzados perdieron muchos de sus caballos antes de conseguir a la próspera ciudad de Marash, presentándose el 20 de octubre ante los muros de Antioquía. El asedio de esta ciudad, que duró hasta junio de 1098, fue un acontecimiento crucial para la primera cruzada, que los contemporáneos designaban a menudo como "guerra de Antioquía".



Las fortificaciones de la ciudad eran realmente inexpugnables si los defensores sabían mantener la calma. Se componían de una muralla de 10 m de altura y cerca de 400 torres de 20 metros situadas a la distancia de un disparo de arco; la ciudadela se hallaba ubicada a 330 metros, sobre el monte Silpio, al norte del río Orontes, cuyas márgenes brindaban aún mayor protección. El comandante turco Yaghi-Siyan tenía bajo su mando una guarnición leal y bien abastecida. Solamente la numerosa población armenia de la ciudad le dio motivo de preocupación.

Takikios, el representante del emperador Alejo de Constantinopla, propuso una estrategia de asedio a distancia basada en el control de la frontera de Baghras, situada 20 Km al norte, pero los jefes cruzados eran conscientes de la necesidad de mantener sus fuerzas unidas y prefirieron estrechar el bloqueo. En noviembre, la guarnición efectuó salidas, lanzando la caballería contra los sitiadores instalados al otro lado del Orontes, de modo que los cruzados construyeron un puente de barcas para poder desplegar sus fuerzas rápidamente en caso de ataque enemigo.



Cuando el invierno se echó encima, los víveres comenzaron a escasear. En Navidad, Bohemundo de Tarento y Roberto de Flandes llevaron a cabo una incursión contra Alepo, capturando rebaños de ganado y abundante botín. Además, tropezaron con una unidad de refuerzo al mando de Duqaq de Damasco y la derrotaron. A pesar de todo, la situación de los suministros alimenticios llegó a ser crítica en enero, cuando los precios en el campamento se elevaron por las nubes y muchos cruzados pobres murieron de hambre. Los caballos de los nobles también sufrieron; apenas 1000 fueron considerados aptos para el servicio.



El 9 de febrero, tropas de refuerzo bajo el mando de Ridwan de Alepo atacaron a los sitiadores, apoyadas por una enérgica salida de la guarnición. Los cruzados, aunque débiles, rechazaron ambas tentativas y capturaron muchos caballos, de los que andaban desesperadamente necesitados. En marzo, su situación comenzó a mejorar, cuando arribaron barcos a San Simeón, el puerto de Antioquía. Pero el primer convoy de víveres procedente de la costa fue objeto de un ataque y hubo de ser rescatado por las tropas de Bohemundo, que infligió 1500 bajas a la caballería antioquena. Este triunfo supuso un gran estímulo para la moral de los cruzados. Rápidamente construyeron dos castillos de asedio para estrechar el cerco a la ciudad. Ese mismo mes se dotó a la mezquita situada frente al puente fortificado con dos torres y muros contruidos con lápidas funerarias musulmanas, tras lo cual se confió su defensa a Raimundo de Saint Gilles. En abril, Tancredo de Galilea fortificó el monasterio de San Jorge ubicado frente a la puerta del mismo nombre.

El primero de estos castillos brindó protección a los suministros de víveres que llegaban desde la costa para los cruzados, mientras que el segundo impidió que los convoyes musulmanes alcanzasen la ciudad.

Se habían vuelto las tornas y ahora les tocaba morirse de hambre a los asediados. Firuz, un prominente cristiano de origen armenio negoció secretamente con Bohemundo. La noche del dos de junio entregó una torre a los cruzados, que irrumpieron en la ciudad enloquecidos. Muchos barrios fueron pasto de las llamas, mientras la guarnición de Yaghi-Siyan se retiraba a la ciudadela. Los acontecimientos que se sucedieron a continuación son casi milagrosos. El cinco de junio, un gran ejército bajo el mando de Kerbogha de Mosul, enviado por el califa de Bagdad, se presentó ante los muros de Antioquía con el propósito de poner cerco a los antiguos sitiadores. Se había retrasado quince días, durante los cuales asedió a Balduino en Edesa. El 8 de junio, arrebató a los cristianos la mezquita fortificada ( La Mahomerie ), dejándoles en una situación calamitosa, atrapados entre dos fuerzas enemigas en una ciudad devastada, carente de provisiones y sin una vía de escape a la vista. Algunos nobles intentaron escabullirse, entre ellos estaban el conde Esteban de Blois y Pedro el Ermitaño, pero fueron descubiertos y regresaron llenos de ignominia.



La moral de los cruzados se elevó con el descubrimiento en la catedral de San Pedro de Antioquía de la "Sagrada Lanza", una supuesta reliquia de la crucifixión. No todos los jefes cruzados estaba convencidos de su autenticidad, pero sirvió para alentar una salida a la desesperada. El 28 de junio, seis "batallas" ( divisiones ) de infantería y unos pocos caballeros emergieron de la ciudad para en enfrentarse a los sitiadores. Las fuerzas musulmanas , tal vez cogidas por sorpresa y ciertamente desorganizadas por la falta de confianza entre Kerbogha y sus emires sirios, fueron rechazadas. Sólo los arqueros turcos montados del flanco occidental intentaron rodear la línea de combate de los cristianos, pero la división de reserva, a lomos de los pocos caballos que quedaban, frustró sus designios.



Según parece, las fuerzas de Kerbogha, muy superiores en número, se desintegraron rápidamente, quemando la hierba para facilitar su huida. Los cruzados atribuyeron su sorprendente victoria a la aparición de un ejército sobrenatural de soldados montados sobre caballos blancos, conducidos por los santos patronos militares San Jorge y San Demetrio.

Al poco se creaba el principado latino de Antioquía, que fue recobrado por los musulmanes en 1268.

11 de septiembre de 1714. El fin.


En 1714, la guerra de Sucesion española hacia ya años que duraba. En ese momento Catalunya combatía ya sola, pues los aliados ingleses, alemanes, portugueses y holandeses se habían retirado en hacía ya meses, no obstante la "Junta de Braços" barcelonesa optó por la resistencia a ultranza

De esta manera, la capital catalana , sola y abandonada, fue inicialmente asediada por las tropas del Duque de Pópuli y después por el Duque de Berwick, en verano de 1714. Las fuerzas estaban fuertemente desequilibradas en número, ya que las fuerzas atacantes sumaban unos 40.000 hombres y 140 cañones frente a 5.000 defensores a las órdenes del General Antoni de Villarroel.

La esperanza del general Villarroel era coger entre dos fuegos a las tropas asaltantes, dado que en el campo habian pequeñas fuerzas al mando del General Josep Moragues y otros prohombres de la ciudad.
Barcelona resistía cuando en otoño del 1713 fue bombardeada intensamente con el fin de abrir brechas en las defensas catalanas. La noche del 10 de septiembre de 1713, 3.000 soldados hispano-franceses lanzan un ataque a la bayoneta contra unos escasos 300 hombres que mandaba el teniente coronel Josep de la Bastida, tomaron el convento de la Santa Madrona, pero se tuvieron que retirar a la mañana siguiente bajo el fuego de las Baterias de Montjuic.



Finalmente, en julio de 1714, el poderoso ejército borbónico ejercito dirigido por el duque de Berwick, cierra el sitio de la ciudad, dejándola totalmente aislada.
El día 27 de julio comenzó empieza el bombardeo mas intenso sobre Barcelona de toda la guerra, abriendo numerosas brechas en la muralla, no obstante los defensores lo contrarrestan con contratrinchera y contraminas que frenaron el asalto de las tropas borbónicas.
El 8 de agosto , en un nuevo consejo de guerra, los jefes militares juran con las autoridades civiles, desenvainando y alzando las espadas, resisitir y morir antes que rendirse al enemigo, en contra de la opinión de Rafael Casanova y del general Villarroel, quien consideraba que la decisión de resistir era impracticable desde el punto de vista militar.



El día 12 se desencadenó un furioso ataque al Portal Nou y al día siguiente al portal de Santa Clara. Tras una intensa preparación artillera se inició el asalto a ambas posiciones, siendo repelidos por los defensores. Ante el fracaso de este intento, el Mariscal Berwick hizo una propuesta de armisticio, recibiendo la contestación “de no escuchar ninguna proposición para rendir la plaza”.
El 3 de septiembre , a punto del asalto final, el Duque de Berwick, pide la rendición de la ciudad, peticion denegada unánimamente por los defensores. Dos días después, Villarroel presentó su dimisión, aunque aceptó mantenerse en funciones hasta que se encontrara un sustituto.



Finalmente, el 11 de septiembre, comenzó el ataque final sobre la ciudad condal. A las 4:30 de la mañana, las fuerzas hispano-francesas lanzaron un gran ataque sobre la muralla de Levante, mientras las andanadas de la artilleria causaba estragos entre los defensores. Una hora y media después, los atacantes se habían apoderado de los baluartes del Portal Nou, Santa Clara y Levante, así como del Monasterio de Santa Clara.
El pueblo de Barcelona, asediado, se dispuso a defender su ciudad a la desesperada bajo las órdenes del general Villarroel y del Conseller en Cap, Rafael de Casanovas. Los cañones no paraban de tronar, y las bombas caían pordoquier mientras las campanas de los campanarios de la Ciudad repicaban incesantemente. A las 09:00, aproximadamente el ejército borbónico atacaba por dos sectores que iban desde el Portal Nou hasta las reales Atarazanas. La desproporcion de las fuerzas era grandiosa, de uno a cinco a favor de los asaltantes, pero aun así, los defensores plantaron cara con valor y desesperación.



En uno de los contragolpes, los defensores catalanes, pudieron recobrar y girar las baterias que causaban estragos a Barcelona, mientras que en un ataque a la bayoneta se sorprendió al enemigo que en una desordenada retirada perdió cuatro banderas, mientras que el coronel Pau Thoar con una columna de defensores, mantenía a ralla a los asaltantes en la puerta de Sant Agustí.
Las fuerzas de la Coronela ( milicia ciudadana ) se batían heroicamente en el Portal Nou, lugar principal de la batalla y donde hubo feroces combates cuerpo a cuerpo, viendo el duque de Berwick como sus tropas reculaban. La lucha en el interior en las calles fue sangrienta: 6.000 bajas borbónicas y 3.900 catalanas.



El general Villarroel, a pesar de su dimisión -por desacuerdo con el Consejo de Gobierno que no le habían consultado, ni a él ni a los jefes militares, las decisiones que habían tomado de proseguir la lucha, y que suponía un sacrificio inútil- se presentó en la Plaza del Borne y se volvió a poner al frente de la resistencia.
A sugerencia de Villarroel, el “Conseller en Cap” Rafael Casanova, seguido de varias figuras de la nobleza y una cohorte de ciudadanos armados, salió hacia el baluarte del Portal Nou para animar a los defensores, enarbolando la bandera de Santa Eulalia, patrona de Barcelona.
Cerca del Hort de Sant Pere, se encontraba el Conseller en Cap Rafael de Casanovas, cuando de repente cae al suelo herido gravemente por un disparo en la pierna, retirándolo y llevándole al Hospital de la Creu. Acudió en su lugar el Conde de Plasencia que alzó nuevamente la bandera de santa Eulàlia, que habia caído al suelo junto al Conseller en Cap.

Con misión parecida salió la representación de la Diputación portando el estandarte de San Jorge, dirigiéndose al sector de la Plaza de Palacio. En las inmediaciones del Portal Nou, se luchó encarnizadamente en el Convento de San Agustín, donde los defensores resistieron ocho horas. Villarroel cayó herido de un tiro en una pierna; herida similar a la de Casanova; pero, no obstante, siguió al frente del combate.

Pasado el mediodía, los defensores, empezaron a batirse en retirada, refugiándose unos en el convento de Sant Pere y otros en las casa de alrededor, desde donde continuaba la lucha, sin embargo a medida que iban pasando las horas, se iban agotando las fuerzas en ambos lados, a pesar que el ejercito asaltante iban renovando las tropas por unas fuerzas frescas de reserva, para continuar el asalto.
A las dos del mediodía, viendo la imposibilidad de contener el avance y para evitar la matanza de mas barceloneses, el general Villarroel, por propia iniciativa y estando herido, como comandante en jefe de la plaza y en acto de coherencia y responsabilidad como militar profesional que era, dio la orden al coronel Ferrer para que hicera tocar "a Parlamento" y que pasara la orden a los otros jefes militares. El general Sants que defendia el baluarte de Migdia, se negó a cumplirla, al igual que el general Bellver en la Puerta de Jonqueres.
Fue entonces cuando se convoca la Junta de Govern y se da a saber una última llamada al exhausto pueblo de Barcelona, a un último esfuerzo de resistencia con este parlamento de una Catalunya agonizante: " que siendo la esclavitud cierta y forzosa, en obligación de nuestros empleos como militares, explicamos , declaramos y protestamos a todos los presentes y damos testimonio a los que vengan, de que han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos, protestando de todos los males, ruinas y desolación que sobrevengan a nuestra común y afligida patriam y exterminio de todos los honores y privilegios, quedando esclavos con todos los otros españoles engañados"..

Villarroel creyó que era imprescindible hallar una solución antes de la noche, para evitar a la ciudad la guerra, el saqueo y el asesinato masivo, de manera que a las tres de la tarde se hizo un alto el fuego para, poco después, iniciarse las negociaciones. Tres Comisionados barceloneses iniciaron las conversaciones con el Mariscal Berwick, que se prolongaron hasta la medianoche. Berwick exigió la rendición incondicional, prometiendo un alto el fuego hasta las 13 horas del día doce.
Tras la consulta con la Junta de Gobierno de la ciudad, los Comisionados catalanes se reunieron con Berwick, firmando la capitulación de Barcelona y Cardona, efectiva desde el 13 de septiembre al amanecer.
El 13 de septiembre los borbónicos entran. Barcelona entierra sus muertos y se entrega de lleno al trabajo con tiendas y obradores abiertos. Ha acabado la guerra de Sucesión y la soberanía de Cataluña.









Mollwitz, 17 de abril de 1741.El primer gran choque de la Guerra de Sucesión austríaca.




La guerra de sucesión austríaca dio comeienzo en diciembre de 1740 con la invasión prusiana de Silesia, que se hallaba bajo gobierno austriaco, la Guerra de Sucesión pretendíasacar provecho de la desaparición de la línea de descendencia masculina con la sucesión de Maria Teresa de Hungría y Bohemia y Archiduquesa de Austria. Mientras que Francia y Baviera también trataron de obtener ganancias territoriales a costa de los dominios de Austria, Gran Bretaña se movilizó para contrarrestar el expansionismo francés. En Italia, los austríacos tuvieron que medirse con una alianza entre borbones de Francia y España.



La primera batalla de la Guerra de Sucesión austríaca fue también la primera batalla en la que intervenían las fuerzas prusianas desde hacia muchos años. El mariscal de campo Neipperg mandaba a 19000 austríacos, que avanzaron desde Moravia para expulsar a los prusianos de Silesia. Los prusianos, bajo el mando de Federico el Grande y el más experimentado mariscal de campo Schwerin contaban con 21600 hombres. Los prusianos avanzaron formando dos líneas a través de un paisaje nevado, pero en el flanco derecho prusiano la caballería austríaca superior en número deshizo a la de sus adversarios. Schwerin advirtió a Federico que abandonase el campo de batalla para evitar que fuese capturado. Federico huyó, pero su infantería luchó con valor, y fue más eficaz que la infantería austríaca pese a su superioridad numérica, pues muchos de sus hombres eran simples reclutas.

Cuando cayó la noche, Neipperg se retiró del campo de batalla. Las pérdidas prusianas entre muertos, heridos y desaparecidos fueron de 4800 frente a las 4500 bajas austríacas, no obstante se consideró a este batalla como un triunfo prusiano.

lunes, 27 de abril de 2009

Mantinea, 418 aC


En plena guerra del Peloponeso Argos y Esparta se enfrentaron continuamente. La batalla más importante entre estos dos estados tuvo lugar en Mantinea. En el 418 ac los argivos reunieron a sus aliados y se lanzaron por el Peloponeso a forzar que otros estados se unieran a su coalición. Persuadieron a la ciudad de Orcómeno y entonces se encaminaron hacia el sur, hacia Mantinea, con el objetivo de utilizarla como base para presionar a Tegea, aliada de Esparta. Los laconios se vieron obligados a responder a una amenaza directa contra uno de sus aliados más importantes.

El rey espartano Agis acaudilló las fuerzas lacedemonias contra los argivos. Marchó sobre Mantinea y aplicó la estrategia habitual: asolar el terreno para forzar la salida del enemigo a defender sus cosechas. En esa época del año las cosechas ya se habían recolectado casi por completo, y el daño no fue excesivo. Los aliados de Argos no tenían mucho entusiasmo por presentar batalla; esperaban refuerzos de 3000 hoplitas de Élide y 1000 más de Atenas. De hecho, cuando al final salieron de Mantinea, no marcharon contra los espartanos sino que adoptaron una posición defensiva en las colinas circundantes y esperaron.

El más ansioso por entablar combate era Agis. Ordenó el avance de las tropas hacia el enemigo, aunque éste estaba bien situado en las colinas de desnivel creciente. El historiador Tucídides cuenta que cuando ambos ejércitos estaban a tiro de jabalina, un espartiata veterano, al ver la solidez de la posición enemiga, preguntó gritando a Agis si pretendía remediar un mal con otro. El reproche intempestivo surgió efecto. Agis recobró el sentido de la realidad y ordenó la retirada en el último momento. Por suerte, la extraña maniobra dejó a los comandantes de la coalición argiva tan confusos que no dieron la orden de perseguir a los espartanos. Pensaban que era una estrategia para que abandonaran su posición y entonces volverse para atacarles como solían hacer. Agis volvió con su ejército a Tegea.

¿ Cómo arrastrar a la coalición Argiva a una posición más favorable ? La solución vino de parte de los Tegeos. Tegea tenía una larga historia de disputas con Mantinea sobre la gestión de las llanuras fluviales de la zona. La idea era cambiar el curso del río local más importante para que las lluvias de otoño anegaran el territorio. El ejército de la coalición bajaría de las colinas para evitar la inundación, que podía arruinar la tierra durante mucho tiempo, y la batalla se libraría en la llanura.

Mientras los espartanos se afanaban en desviar las aguas, la coalición argiva se puso en movimiento para presentar finalmente la batalla, sin saber en que andaba el enemigo. Decidieron moverse porque no podían esperar más. Los hoplitas más experimentados del ejército de Argos eran aristócratas y formaban el grupo llamado "los Mil"; siempre habían mantenido buenas relaciones con los espartiatas y ahora sentían la presión de sus conciudadanos para demostrar que ponían los intereses de la ciudad por encima de los intereses de clase.

Por otro lado, llegaba la hora de convertir en real la alternativa que Argos proponía al dominio espartano del Peloponeso. Por todo ello, los argivos y sus aliados bajaron hasta la llanura situada al sur de Mantinea, y se colocaron en orden de batalla a la espera del enemigo.

El ala derecha, fundamental en los combates entre hoplitas, la ocupaban los mantineos, ya que defendían su territorio, apoyados por otras ciudades de Arcadia; a su lado estaban los 1000 hoplitas de élite de Argos, mientras que el grueso de los argivos ocupaba el centro y el ala izquierda, junto a un contingente ateniense de 1000 hoplitas y algo de caballería.

Los espartanos regresaron a Mantinea para esperar la bajada de los argivos a la llanura, sin saber que ya lo habían hecho, y , al salir de un bosque, se toparon con ellos en formación de batalla. Inmediatamente y con apresurado afán, Agis dispuso sus tropas en el orden habitual: a la izquierda, los esciritias, de la región arcadia de Esciro, junto a los neodamodes, ilotas liberados, como los de Brásidas; en el centro, los laconios, entre espartiatas y periecos; otros aliados arcadios, como los tegeos, a la derecha, con oficiales espartiatas para mantener alto su entusiasmo.

Ambos contendientes tenían unidades de caballería y tropas ligeras, armadas con arcos, jabalinas y hondas, pero la mayor parte de las tropas eran hoplitas en una proporción inusualmente elevada: 8000 en el lado argivo y 9000 en el lado espartano. Se anticipaba una batalla brutal, muy igualada, donde se evidenciarían las fortalezas y debilidades fundamentales de esta forma de guerra de infantería en bloque.

Tucídides señala que hay una marcada tendencia en una falange de hoplitas a desplazarse hacia la derecha a medida que se acerca al enemigo. Cada hombre se siente más vulnerable en su flanco derecho porque el escudo no lo cubre del todo y se mueve un poco hacia ese lado para protegerse con el escudo de su compañero. Soldado a soldado, todo el ejército va derivando hacia ese lado y, a medida que los contendientes acortan distancias, el ala derecha de cada uno desborda el ala izquierda del otro. En Mantinea, el contingente espartano era más numeroso y su frente más ancho, haciendo que el ala de los tegeos y espartanos sobrepasara en mucho a los atenienses y argivos de enfrente; y, a la inversa, los mantineos sobrepasaron a los esciritas y neodamodes.

Observando este efecto, Agis temió que su izquierda fuera superada y ordenó que se desplazara para mantenerse igualada. El problema fue que se abrió una brecha entre el centro y a la izquierda. Entonces el rey ordenó a dos compañías del ala derecha que rellenaran el hueco, pero sus comandantes se negaron aduciendo que su ala se debilitaría o que incluso se abriría otro vacío. Agis intentó que su ala izquierda regresara, pero ya era demasiado tarde. Los ejércitos chocaron en medio de la llanura, con un agujero considerable en la línea de Agis entre los neodamodes y los espartiatas.

Los mantineos, sus aliados arcadios y los 1000 argivos aprovecharon la brecha para aislar el ala izquierda de Agis. La empujaron hacia atrás mientras buscaban la manera de rodearla, sin éxito; al final, la persiguieron hasta los carros de impedimenta, en su retaguardia. Entretanto el resto del ejército argivo lo pasaba mal. Tras una resistencia mínima, los espartanos pusieron en fuga al contingente de veteranos argivos que tenían enfrente, menos entrenados que los hoplitas de élite y acostumbrados a temer a los espartanos. Los atenienses de la otra ala estaban siendo rodeados. Sólo la aguerrida actuación de su caballería los salvó del desastre.

La batalla llegó al punto habitual en las confrontaciones de hoplitas: se dividió en dos grupos separados de soldados que perseguían a sus enemigos aterrorizados en medio de una pavorosa exaltación. En ese escenario, el ejército más disciplinado y que había mantenido mayor cohesión tras el choque inicial, acababa saliendo victorioso. Cuando Agis vio su ala izquierda en desbandada, detuvo la persecución del enemigo y ordenó a todo el ejército volver al rescate de la otra sección. Rodearon a los mantineos, los arcadios y la élite de argivos, y les causaron graves daños. Si los argivos hubieran actuado así nada más romper el ejército de Agis, en vez de perseguir un a contingente ya vencido, la victoria hubiera sido suya. La retaguardia y el flanco de los espartanos habían quedado al descubierto; había sido una ocasión inmejorable.

Los espartanos se disponían a masacrar el cuerpo principal del ejército argivo, pero de nuevo un espartiata veterano enmendó al rey. Farax, uno de los consejeros destacados junto a Agis tras la última campaña, lo apartó de primera línea y le dijo que debía de disponer una línea de escape para los 1000 argivos de élite. El historiador Diodoro narra este hecho asegurando que la élite argiva estaba tan resuelta en el combate que podía causar aún mucho daño en las fuerzas espartanas, pero la mayoría de las fuentes dan a la cuestión un tinte más político. Los Mil eran los hijos de las familias más ricas de Argos, que debían apoyar el régimen oligárquico que Esparta defendía. Si los diezmaban, entregarían la ciudad por completo a la facción proateniense. Así fue como los mantineos, los arcadios y los atenienses, pero también los argivos comunes y corrientes, sufrieron la mayor parte de las bajas frente al hierro espartano, mientras que los 1000 hoplitas de élite de Argos apenas sufrieron daño.

La consecuencia inmediata de esta victoria fue la restauración de la reputación militar lacedemonia, pero no produjo soluciones a largo plazo de los conflicto entre los estados griegos. Ahora los aliados de Esparta que se mostraban remisos, ya sabían qué esperar si decidían buscar amigos en otra parte. Con la derrota de la ciuda rival de Argos, los lacedemonios cortaban de raíz los intentos de erosionar su influencia en el Peloponeso. De hecho, al año siguiente, Esparta ayudó a los oligarcas de Argos a derribar el gobierno democrático.