lunes, 27 de abril de 2009

Mantinea, 418 aC


En plena guerra del Peloponeso Argos y Esparta se enfrentaron continuamente. La batalla más importante entre estos dos estados tuvo lugar en Mantinea. En el 418 ac los argivos reunieron a sus aliados y se lanzaron por el Peloponeso a forzar que otros estados se unieran a su coalición. Persuadieron a la ciudad de Orcómeno y entonces se encaminaron hacia el sur, hacia Mantinea, con el objetivo de utilizarla como base para presionar a Tegea, aliada de Esparta. Los laconios se vieron obligados a responder a una amenaza directa contra uno de sus aliados más importantes.

El rey espartano Agis acaudilló las fuerzas lacedemonias contra los argivos. Marchó sobre Mantinea y aplicó la estrategia habitual: asolar el terreno para forzar la salida del enemigo a defender sus cosechas. En esa época del año las cosechas ya se habían recolectado casi por completo, y el daño no fue excesivo. Los aliados de Argos no tenían mucho entusiasmo por presentar batalla; esperaban refuerzos de 3000 hoplitas de Élide y 1000 más de Atenas. De hecho, cuando al final salieron de Mantinea, no marcharon contra los espartanos sino que adoptaron una posición defensiva en las colinas circundantes y esperaron.

El más ansioso por entablar combate era Agis. Ordenó el avance de las tropas hacia el enemigo, aunque éste estaba bien situado en las colinas de desnivel creciente. El historiador Tucídides cuenta que cuando ambos ejércitos estaban a tiro de jabalina, un espartiata veterano, al ver la solidez de la posición enemiga, preguntó gritando a Agis si pretendía remediar un mal con otro. El reproche intempestivo surgió efecto. Agis recobró el sentido de la realidad y ordenó la retirada en el último momento. Por suerte, la extraña maniobra dejó a los comandantes de la coalición argiva tan confusos que no dieron la orden de perseguir a los espartanos. Pensaban que era una estrategia para que abandonaran su posición y entonces volverse para atacarles como solían hacer. Agis volvió con su ejército a Tegea.

¿ Cómo arrastrar a la coalición Argiva a una posición más favorable ? La solución vino de parte de los Tegeos. Tegea tenía una larga historia de disputas con Mantinea sobre la gestión de las llanuras fluviales de la zona. La idea era cambiar el curso del río local más importante para que las lluvias de otoño anegaran el territorio. El ejército de la coalición bajaría de las colinas para evitar la inundación, que podía arruinar la tierra durante mucho tiempo, y la batalla se libraría en la llanura.

Mientras los espartanos se afanaban en desviar las aguas, la coalición argiva se puso en movimiento para presentar finalmente la batalla, sin saber en que andaba el enemigo. Decidieron moverse porque no podían esperar más. Los hoplitas más experimentados del ejército de Argos eran aristócratas y formaban el grupo llamado "los Mil"; siempre habían mantenido buenas relaciones con los espartiatas y ahora sentían la presión de sus conciudadanos para demostrar que ponían los intereses de la ciudad por encima de los intereses de clase.

Por otro lado, llegaba la hora de convertir en real la alternativa que Argos proponía al dominio espartano del Peloponeso. Por todo ello, los argivos y sus aliados bajaron hasta la llanura situada al sur de Mantinea, y se colocaron en orden de batalla a la espera del enemigo.

El ala derecha, fundamental en los combates entre hoplitas, la ocupaban los mantineos, ya que defendían su territorio, apoyados por otras ciudades de Arcadia; a su lado estaban los 1000 hoplitas de élite de Argos, mientras que el grueso de los argivos ocupaba el centro y el ala izquierda, junto a un contingente ateniense de 1000 hoplitas y algo de caballería.

Los espartanos regresaron a Mantinea para esperar la bajada de los argivos a la llanura, sin saber que ya lo habían hecho, y , al salir de un bosque, se toparon con ellos en formación de batalla. Inmediatamente y con apresurado afán, Agis dispuso sus tropas en el orden habitual: a la izquierda, los esciritias, de la región arcadia de Esciro, junto a los neodamodes, ilotas liberados, como los de Brásidas; en el centro, los laconios, entre espartiatas y periecos; otros aliados arcadios, como los tegeos, a la derecha, con oficiales espartiatas para mantener alto su entusiasmo.

Ambos contendientes tenían unidades de caballería y tropas ligeras, armadas con arcos, jabalinas y hondas, pero la mayor parte de las tropas eran hoplitas en una proporción inusualmente elevada: 8000 en el lado argivo y 9000 en el lado espartano. Se anticipaba una batalla brutal, muy igualada, donde se evidenciarían las fortalezas y debilidades fundamentales de esta forma de guerra de infantería en bloque.

Tucídides señala que hay una marcada tendencia en una falange de hoplitas a desplazarse hacia la derecha a medida que se acerca al enemigo. Cada hombre se siente más vulnerable en su flanco derecho porque el escudo no lo cubre del todo y se mueve un poco hacia ese lado para protegerse con el escudo de su compañero. Soldado a soldado, todo el ejército va derivando hacia ese lado y, a medida que los contendientes acortan distancias, el ala derecha de cada uno desborda el ala izquierda del otro. En Mantinea, el contingente espartano era más numeroso y su frente más ancho, haciendo que el ala de los tegeos y espartanos sobrepasara en mucho a los atenienses y argivos de enfrente; y, a la inversa, los mantineos sobrepasaron a los esciritas y neodamodes.

Observando este efecto, Agis temió que su izquierda fuera superada y ordenó que se desplazara para mantenerse igualada. El problema fue que se abrió una brecha entre el centro y a la izquierda. Entonces el rey ordenó a dos compañías del ala derecha que rellenaran el hueco, pero sus comandantes se negaron aduciendo que su ala se debilitaría o que incluso se abriría otro vacío. Agis intentó que su ala izquierda regresara, pero ya era demasiado tarde. Los ejércitos chocaron en medio de la llanura, con un agujero considerable en la línea de Agis entre los neodamodes y los espartiatas.

Los mantineos, sus aliados arcadios y los 1000 argivos aprovecharon la brecha para aislar el ala izquierda de Agis. La empujaron hacia atrás mientras buscaban la manera de rodearla, sin éxito; al final, la persiguieron hasta los carros de impedimenta, en su retaguardia. Entretanto el resto del ejército argivo lo pasaba mal. Tras una resistencia mínima, los espartanos pusieron en fuga al contingente de veteranos argivos que tenían enfrente, menos entrenados que los hoplitas de élite y acostumbrados a temer a los espartanos. Los atenienses de la otra ala estaban siendo rodeados. Sólo la aguerrida actuación de su caballería los salvó del desastre.

La batalla llegó al punto habitual en las confrontaciones de hoplitas: se dividió en dos grupos separados de soldados que perseguían a sus enemigos aterrorizados en medio de una pavorosa exaltación. En ese escenario, el ejército más disciplinado y que había mantenido mayor cohesión tras el choque inicial, acababa saliendo victorioso. Cuando Agis vio su ala izquierda en desbandada, detuvo la persecución del enemigo y ordenó a todo el ejército volver al rescate de la otra sección. Rodearon a los mantineos, los arcadios y la élite de argivos, y les causaron graves daños. Si los argivos hubieran actuado así nada más romper el ejército de Agis, en vez de perseguir un a contingente ya vencido, la victoria hubiera sido suya. La retaguardia y el flanco de los espartanos habían quedado al descubierto; había sido una ocasión inmejorable.

Los espartanos se disponían a masacrar el cuerpo principal del ejército argivo, pero de nuevo un espartiata veterano enmendó al rey. Farax, uno de los consejeros destacados junto a Agis tras la última campaña, lo apartó de primera línea y le dijo que debía de disponer una línea de escape para los 1000 argivos de élite. El historiador Diodoro narra este hecho asegurando que la élite argiva estaba tan resuelta en el combate que podía causar aún mucho daño en las fuerzas espartanas, pero la mayoría de las fuentes dan a la cuestión un tinte más político. Los Mil eran los hijos de las familias más ricas de Argos, que debían apoyar el régimen oligárquico que Esparta defendía. Si los diezmaban, entregarían la ciudad por completo a la facción proateniense. Así fue como los mantineos, los arcadios y los atenienses, pero también los argivos comunes y corrientes, sufrieron la mayor parte de las bajas frente al hierro espartano, mientras que los 1000 hoplitas de élite de Argos apenas sufrieron daño.

La consecuencia inmediata de esta victoria fue la restauración de la reputación militar lacedemonia, pero no produjo soluciones a largo plazo de los conflicto entre los estados griegos. Ahora los aliados de Esparta que se mostraban remisos, ya sabían qué esperar si decidían buscar amigos en otra parte. Con la derrota de la ciuda rival de Argos, los lacedemonios cortaban de raíz los intentos de erosionar su influencia en el Peloponeso. De hecho, al año siguiente, Esparta ayudó a los oligarcas de Argos a derribar el gobierno democrático.