domingo, 26 de abril de 2009

El Marne. Septiembre de 1914. La muerte se industrializa.



EL 23 de agosto de 1914 fueron concentrados unos 30.000 hombres del B. E. F ( British Expeditionary Force ) en Mons, directamente en el paso del Primer Ejército alemán al mando del general Alexander von Kluck. Unos 90.000 alemanes atacaron las posiciones británicas y por vez primera en casi un mes de combate, las tropas de Von Kluck fueron detenidas.



El fuego de rifle de los "Viejos Despreciables" fue tan devastador que los atemorizados oficiales de la Inteligencia alemana informaron que el enemigo tenía 28 ametralladoras por batallón. Ésta era una gran noticia para los británicos: tenían sólo dos armas automáticas en cada batallón. Ocurría simplemente que los alemanes no se habían enfrentado previamente con tropas cuya destreza, disciplina y entrenamiento fueran superiores a los suyos.

No obstante, los británicos se vieron obligados a replegarse, abrumados por la superioridad numérica. Se retiraron a Le Cateau y el 26 de agosto libraron otra acción preventiva de retaguardia que permitió una retirada ordenada a la línea del río Marne, donde Joffre ordenó mantenerse finalmente atrincherados en posición firme "Ils ne passeront pas!"



-"¡No pasarán!"- cantaban las reservas francesas que marchaban al frente.

Detrás de las líneas, París se hallaba preparada para un sitio. Un rudo veterano regular, el general Joseph Galliéni, fue nombrado gobernador de la ciudad; el Gobierno se trasladó a Burdeos y la capital se convirtió en un campamento armado. Había tropas por doquier, las barricadas obstruían las calles y hasta el último ciudadano físicamente capacitado fue movilizado para abrir trincheras o para empuñar un arma.

En toda Francia las iglesias desbordaban de gente que pedían en sus oraciones ayuda a Dios para detener a los boches. Suplicaban un milagro, pero los alemanes proseguían su avance.

El milagro largamente ansiado por los franceses se operó en las riberas del río Marne, donde se libró la batalla más decisiva de la Primera Guerra Mundial, desde el 5 al 12 de septiembre, inclusive. El día 5, unidades francesas chocaron contra elementos de avance del ejército de Von Klitus y sobrevino una lucha tremenda. Galliéni, haciendo astuto uso de los aviones con finalidades de reconocimiento encontró el punto para atacar a los alemanes por el flanco y lo hizo con eficacia.



Se abrió una brecha entre el Primer Ejército alemán (Von Kluck) y el Segundo (Von Bülow),vl. Tropaq británicas y francesas penetraron en la brecha ensanchándola. Cuando las unidades de la línea del frente necesitaron refuerzos, del 7 al 8 de septiembre, Galliéni ordenó el precipitado traslado de dos regimientos en taxis parisinos.

Hubo empate en la contienda. Los exploradores montados alemanes alcanzaron un punto desde donde divisaban la punta de la Torre Eiffel en el horizonte, a catorce millas de distancia. Los franceses estaban resueltos a contener al enemigo o morir.

Durante una fase crucial de la batalla, el general Ferdinand Foch, al mando del Ejército 9º envió un despacho a Joffre:

"Me acosan duramente por la derecha. Mi centro sucumbe. Imposible maniobrar. Situación excelente, ¡ataco!



Era imposible desmentir semejante espíritu. El 12 de septiembre los alemanes se retiraron al río Aisne. El general Von Moltke, abrumado por la derrota, informó sombríamente al Kaiser: "¡Sire, hemos perdido la guerra!" En efecto, las palabras fueron proféticas. Alemania había perdido la guerra... pero costaría millonesde vidas, enormes sumas de dinero y cuatro años terribles antes de que la declaración a lo Cassandra devon Moltke se volviera una realidad. El Kaiser perdió la fe en Von Moltke y el 14 de septiembre el jefe del Estado Mayor fue sustituido por el general Erich von Fitlkenhayn. Se anunció que el reemplazo de von Moltke se debía a motivos de salud, pero para nadie era un secreto que esa caída había sido provocada por la derrota del Marne.

En el Oeste había terminado el día de la blitzkrieg (guerra relámpago) exceptuando una sede de batallas conocidas como "Carrera hacia el mar", en las cuales cada bando trató de desbordar al contrario mientras los alemanes intentaban lograr el control de la costa del Canal, también había terminado la guerra de movimiento. Sólo tuvieron éxito con la captura de Amberes, valerosamente defendida por los belgas hasta el 9 de octubre y posteriormente evacuada hábilmente, poniendo de relieve las cualidades del intrépido ejército que combatió con tanta bravura contra un enemigo de increíble superioridad numérica.

El rey Alberto se mantuvo firme en un pequeño rincón de su país hasta el fin de la guerra y comenzó la larga y ardua prueba de guerra de trincheras.

Una lucha final, sangrienta, conocida en la Historia como la Primera Batalla de Ypres, y tuvo lugar desde el 12 de octubre hasta el 11 de noviembre en las tierras fangosas de Flandes. Allí los "Viejos Despreciables" demostraron en todo momento cómo sabía luchar Gran Bretaña. Los alemanes jamás volverían a menospreciar al ejército británico.

Entonces el Frente Occidental se convirtió en una larga serie de trincheras y alambre espinoso.

En una extensión de 1.000 millas cambió totalmente la naturaleza del combate. Se precisaba un nuevo arsenal de armas; la granada de mano, la ametralladora, y el rifle, el mortero de trinchera, la bomba explosiva, llegaron a ser las armas vitales. Los soldados a caballo que durante siglos habían dominado los campos de batalla, fueron eliminados para siempre. Los soldados de caballería nunca volverían a arremeter contra el enemigo a lanza y sable. Había concluido el día de gloria en la guerra. Entonces se convirtió solamente en barro, sangre, muerte y sufrimientos.

En toda la Historia jamás hubo tantos muertos, heridos y mutilados en tan breve espacio de tiempo.

A finales de 1914, más de 854.000 franceses habían derramado su sangre por La Patrie y un total de 677.000 alemanes cayeron muertos por Der Vaterland, mientras que los arrojados B. E.F. perdieron 75.000 de sus 150.000 hombres