jueves, 30 de abril de 2009

11 de septiembre de 1714. El fin.


En 1714, la guerra de Sucesion española hacia ya años que duraba. En ese momento Catalunya combatía ya sola, pues los aliados ingleses, alemanes, portugueses y holandeses se habían retirado en hacía ya meses, no obstante la "Junta de Braços" barcelonesa optó por la resistencia a ultranza

De esta manera, la capital catalana , sola y abandonada, fue inicialmente asediada por las tropas del Duque de Pópuli y después por el Duque de Berwick, en verano de 1714. Las fuerzas estaban fuertemente desequilibradas en número, ya que las fuerzas atacantes sumaban unos 40.000 hombres y 140 cañones frente a 5.000 defensores a las órdenes del General Antoni de Villarroel.

La esperanza del general Villarroel era coger entre dos fuegos a las tropas asaltantes, dado que en el campo habian pequeñas fuerzas al mando del General Josep Moragues y otros prohombres de la ciudad.
Barcelona resistía cuando en otoño del 1713 fue bombardeada intensamente con el fin de abrir brechas en las defensas catalanas. La noche del 10 de septiembre de 1713, 3.000 soldados hispano-franceses lanzan un ataque a la bayoneta contra unos escasos 300 hombres que mandaba el teniente coronel Josep de la Bastida, tomaron el convento de la Santa Madrona, pero se tuvieron que retirar a la mañana siguiente bajo el fuego de las Baterias de Montjuic.



Finalmente, en julio de 1714, el poderoso ejército borbónico ejercito dirigido por el duque de Berwick, cierra el sitio de la ciudad, dejándola totalmente aislada.
El día 27 de julio comenzó empieza el bombardeo mas intenso sobre Barcelona de toda la guerra, abriendo numerosas brechas en la muralla, no obstante los defensores lo contrarrestan con contratrinchera y contraminas que frenaron el asalto de las tropas borbónicas.
El 8 de agosto , en un nuevo consejo de guerra, los jefes militares juran con las autoridades civiles, desenvainando y alzando las espadas, resisitir y morir antes que rendirse al enemigo, en contra de la opinión de Rafael Casanova y del general Villarroel, quien consideraba que la decisión de resistir era impracticable desde el punto de vista militar.



El día 12 se desencadenó un furioso ataque al Portal Nou y al día siguiente al portal de Santa Clara. Tras una intensa preparación artillera se inició el asalto a ambas posiciones, siendo repelidos por los defensores. Ante el fracaso de este intento, el Mariscal Berwick hizo una propuesta de armisticio, recibiendo la contestación “de no escuchar ninguna proposición para rendir la plaza”.
El 3 de septiembre , a punto del asalto final, el Duque de Berwick, pide la rendición de la ciudad, peticion denegada unánimamente por los defensores. Dos días después, Villarroel presentó su dimisión, aunque aceptó mantenerse en funciones hasta que se encontrara un sustituto.



Finalmente, el 11 de septiembre, comenzó el ataque final sobre la ciudad condal. A las 4:30 de la mañana, las fuerzas hispano-francesas lanzaron un gran ataque sobre la muralla de Levante, mientras las andanadas de la artilleria causaba estragos entre los defensores. Una hora y media después, los atacantes se habían apoderado de los baluartes del Portal Nou, Santa Clara y Levante, así como del Monasterio de Santa Clara.
El pueblo de Barcelona, asediado, se dispuso a defender su ciudad a la desesperada bajo las órdenes del general Villarroel y del Conseller en Cap, Rafael de Casanovas. Los cañones no paraban de tronar, y las bombas caían pordoquier mientras las campanas de los campanarios de la Ciudad repicaban incesantemente. A las 09:00, aproximadamente el ejército borbónico atacaba por dos sectores que iban desde el Portal Nou hasta las reales Atarazanas. La desproporcion de las fuerzas era grandiosa, de uno a cinco a favor de los asaltantes, pero aun así, los defensores plantaron cara con valor y desesperación.



En uno de los contragolpes, los defensores catalanes, pudieron recobrar y girar las baterias que causaban estragos a Barcelona, mientras que en un ataque a la bayoneta se sorprendió al enemigo que en una desordenada retirada perdió cuatro banderas, mientras que el coronel Pau Thoar con una columna de defensores, mantenía a ralla a los asaltantes en la puerta de Sant Agustí.
Las fuerzas de la Coronela ( milicia ciudadana ) se batían heroicamente en el Portal Nou, lugar principal de la batalla y donde hubo feroces combates cuerpo a cuerpo, viendo el duque de Berwick como sus tropas reculaban. La lucha en el interior en las calles fue sangrienta: 6.000 bajas borbónicas y 3.900 catalanas.



El general Villarroel, a pesar de su dimisión -por desacuerdo con el Consejo de Gobierno que no le habían consultado, ni a él ni a los jefes militares, las decisiones que habían tomado de proseguir la lucha, y que suponía un sacrificio inútil- se presentó en la Plaza del Borne y se volvió a poner al frente de la resistencia.
A sugerencia de Villarroel, el “Conseller en Cap” Rafael Casanova, seguido de varias figuras de la nobleza y una cohorte de ciudadanos armados, salió hacia el baluarte del Portal Nou para animar a los defensores, enarbolando la bandera de Santa Eulalia, patrona de Barcelona.
Cerca del Hort de Sant Pere, se encontraba el Conseller en Cap Rafael de Casanovas, cuando de repente cae al suelo herido gravemente por un disparo en la pierna, retirándolo y llevándole al Hospital de la Creu. Acudió en su lugar el Conde de Plasencia que alzó nuevamente la bandera de santa Eulàlia, que habia caído al suelo junto al Conseller en Cap.

Con misión parecida salió la representación de la Diputación portando el estandarte de San Jorge, dirigiéndose al sector de la Plaza de Palacio. En las inmediaciones del Portal Nou, se luchó encarnizadamente en el Convento de San Agustín, donde los defensores resistieron ocho horas. Villarroel cayó herido de un tiro en una pierna; herida similar a la de Casanova; pero, no obstante, siguió al frente del combate.

Pasado el mediodía, los defensores, empezaron a batirse en retirada, refugiándose unos en el convento de Sant Pere y otros en las casa de alrededor, desde donde continuaba la lucha, sin embargo a medida que iban pasando las horas, se iban agotando las fuerzas en ambos lados, a pesar que el ejercito asaltante iban renovando las tropas por unas fuerzas frescas de reserva, para continuar el asalto.
A las dos del mediodía, viendo la imposibilidad de contener el avance y para evitar la matanza de mas barceloneses, el general Villarroel, por propia iniciativa y estando herido, como comandante en jefe de la plaza y en acto de coherencia y responsabilidad como militar profesional que era, dio la orden al coronel Ferrer para que hicera tocar "a Parlamento" y que pasara la orden a los otros jefes militares. El general Sants que defendia el baluarte de Migdia, se negó a cumplirla, al igual que el general Bellver en la Puerta de Jonqueres.
Fue entonces cuando se convoca la Junta de Govern y se da a saber una última llamada al exhausto pueblo de Barcelona, a un último esfuerzo de resistencia con este parlamento de una Catalunya agonizante: " que siendo la esclavitud cierta y forzosa, en obligación de nuestros empleos como militares, explicamos , declaramos y protestamos a todos los presentes y damos testimonio a los que vengan, de que han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos, protestando de todos los males, ruinas y desolación que sobrevengan a nuestra común y afligida patriam y exterminio de todos los honores y privilegios, quedando esclavos con todos los otros españoles engañados"..

Villarroel creyó que era imprescindible hallar una solución antes de la noche, para evitar a la ciudad la guerra, el saqueo y el asesinato masivo, de manera que a las tres de la tarde se hizo un alto el fuego para, poco después, iniciarse las negociaciones. Tres Comisionados barceloneses iniciaron las conversaciones con el Mariscal Berwick, que se prolongaron hasta la medianoche. Berwick exigió la rendición incondicional, prometiendo un alto el fuego hasta las 13 horas del día doce.
Tras la consulta con la Junta de Gobierno de la ciudad, los Comisionados catalanes se reunieron con Berwick, firmando la capitulación de Barcelona y Cardona, efectiva desde el 13 de septiembre al amanecer.
El 13 de septiembre los borbónicos entran. Barcelona entierra sus muertos y se entrega de lleno al trabajo con tiendas y obradores abiertos. Ha acabado la guerra de Sucesión y la soberanía de Cataluña.