lunes, 23 de febrero de 2009

Junín. 6 de agosto de 1824


La batalla de Junín, fue el penúltimo enfrentamiento armado que sostuvieron los ejércitos españoles y patriotas, en el largo camino hacia la independencia del Perú, que se inició con el desembarco de la Expedición Libertadora del Perú en la bahía de Paracas de la provincia de Pisco en el departamento de Ica (Perú) y las Conferencias de Miraflores en 1820, proclamada el 28 de julio de 1821. La batalla se desarrolló en la pampa de Junín en el departamento de Junín, el 6 de agosto de 1824; la victoria de los independentistas, aumentó la moral de las tropas patriotas.

No obstante que haberse declarado la independencia del Perú en 1821, los realistas no estaban dispuestos a ceder y tenían ocupada la sierra central y sur. El general Simón Bolívar, Libertador de Venezuela y Colombia continuó la gesta libertadora en el Perú.

Bolívar tenía un ejército con 8.000 hombres, pero las fuerzas realistas sumaban 18.000 hombres entre el valle del Mantaro] y el Alto Perú. Pero fue una sublevación en el Alto Perú (Pedro Antonio Olañeta) que obligó al virrey del Perú a mandar parte de sus fuerzas que estaban en Puno. Bolívar entonces se decidió atacar a las fuerzas realistas más próximas. En junio de 1824, enfila sus huestes hacia el sur del Perú para enfrentarse con el general realista José de Canterac.


Ambos ejércitos se encontraron el 6 de agosto de ese mismo año en la pampa de Junín, al noroeste del valle del Mantaro, cerca de Jauja. Bolívar ordenó a su general Mariano Necochea lanzar su escuadrones al llano. Canterac ordenó contratacar. Los patriotas estaban en peor terreno y la caballería realista atacaba en mejores condiciones. En la tarde a las cuatro se produjo un choque terrible. Los patriotas tenían que empezar a retroceder hasta el primer escuadrón del regimiento de Húsares del Perú, al mando del comandante argentino Manuel Isidoro Suárez y su teniente ayudante mayor del primer escuadrón José Andrés Rázuri lograron que los patriotas se rehicieran y volvieran a la carga. La batalla fue encarnizada. Se utilizó el sable y no se disparó un solo tiro.



En las pampas de Junín, se encontraron ambos ejércitos provocando enfrentamientos entre las caballerías. El día 6 de agosto de 1824, se produjo la batalla con la caballería del general Canterac. La caballería patriota se encontraba al mando del general Guillermo Miller. En el primer choque de ambas caballerías “con sables y espadas”, la del general Miller fue avasallada. Esa impresión, obligó al Libertador del Norte a abandonar el campo y reunirse con su infantería que se encontraba a retaguardia. Reunidos, apuró el paso y esperó nuevamente a la caballería de Canterac.

Parte de la caballería de Miller, los Húsares del Perú, al mando de Isidoro Suárez, quedó emboscada en un recodo del camino, en uno de los flancos de las fuerzas principales de Miller. Allí se mantuvo Suárez, en espera. No salió inmediatamente a auxiliar al resto de la caballería de Miller, al observar que la caballería realista de Canterac, venía a todo galope en persecución de la caballería realista. Isidoro Suárez, dejó pasar a la caballería realista y luego ordenó el ataque; así, la caballería realista, de improviso, se vio atacada por su flanco descuidado y se desconcertó. Al darse cuenta de este hecho, el general Guillermo Miller, ordenó a la caballería que se encontraba en fuga, reagruparse y volver al ataque. Los realistas no pudieron aguantar tan inesperada reacción y empezaron el desbande, perseguidos por los Húsares del Perú, Granaderos de Colombia, Granaderos a Caballo y Húsares de Colombia.

Los soldados realistas, que a la sazón se encontraban con la moral muy baja, obedecían a sus jefes a regañadientes. Muchos se amotinaron y huyeron en Junín, otros, lo harían más tarde en Ayacucho.

Épicamente, la posible derrota, se había convertido en asombrosa victoria. El resultado de esta batalla, en la que no disparó un solo tiro, fue de 248 muertos y heridos y 80 prisioneros para el bando realista y de 143 soldados muertos y heridos entre los patriotas. De ese total de 143, 64 soldados pertenecían al regimiento Húsares del Perú. El general Guillermo Miller le hizo un informe detallado al general Simón Bolívar y Palacios, en donde le reseñaba la victoria y regresó al campo de batalla. En reconocimiento a la brillante acción de la caballería peruana, a partir de entonces, el general Bolívar le cambió el nombre de Húsares del Perú por el de Regimiento Húsares de Junín (en la actualidad este regimiento del Ejército del Perú, es denominado Glorioso Regimiento Húsares de Junín, Libertador del Perú, Escolta del Presidente de la República).


Eran cerca de las 4 de la tarde cuando se produjo el choque de ambas masas de caballería. La fuerza del número y las condiciones del dispositivo dieron todas las ventajas a los realistas, que, desbaratando a los dos escuadrones patriotas de primera línea, hicieron volver grupas a los demás, que abandonaron en desorden el campo de batalla. Los “Granaderos de Colombia” resistieron a pie firme el primer choque, enristrando sus largas lanzas y detuvieron con su ejemplo, durante un instante, el precipitado repliegue de los patriotas. Entre los primeros que se retiraron se contó a Bolívar, “que cruzó como un relámpago la distancia que los separaba de la infantería”, la que se había aproximado, en el interín, hasta cinco kilómetros de campo de batalla.

Los realistas, empeñados en la inmediata explotación del éxito, sólo pensaron entonces en dar alcance a los que fugaban, sin que pudiera contenerse la confusión y mezcla de tropas de ambos bandos en la refriega. Como Canterac no disponía de ninguna unidad reservada que pudiera parar los imprevistos, los perseguidores estaban a merced del primer elemento patriota que se conservara en orden. Y, en efecto, así sucedió, pues el primer escuadrón del “Húsares del Perú”, que se hallaba a ordenes del teniente coronel argentino Isidoro Suárez, había quedado, como hemos visto, en espera de la oportunidad de tomar sitio como último elemento de la columna de escuadrones, para de allí pasar a la línea general cuando hubiera el frente de despliegue necesario.

Los Húsares notaron desde su emplazamiento el desorden de los perseguidores, pasaron como una tromba delante de ellos, presentándoles el flanco izquierdo. Esta favorable oportunidad dio a su jefe la determinación de intervenir, lo que hizo, efectivamente, lanzándose a la carga sobre la retaguardia y el flanco de la caballería realista. El escuadrón de Isidoro Suárez que estaba próximo y en orden, que actuaba por sorpresa y conservando su cohesión, era el refuerzo poderoso que los patriotas necesitaban.

Cuando el regimiento “Húsares del Perú” apareció bruscamente sobre el flanco y la retaguardia de los obstinados perseguidores, éstos se desordenaron al tener que atender a un nuevo adversario que aparecía en orden y en dirección insospechada; pronto se desmoralizaron y volvieron caras “inesperadamente, sin que se pudiera imaginar, cuál era la razón”, dice Canterac en su parte de batalla.

La refriega del “Húsares del Perú” con los victoriosos realistas duró breves minutos, que dieron tiempo a los escuadrones patriotas, ya en retirada, para que se rehicieran y volvieran a la lucha.

Inclinada la victoria del lado de los independientes, por un verdadero azar, éstos se transformaron de perseguidos en perseguidores; y los “Granaderos de Colombia” sablearon y lancearon a los escuadrones de Canterac hasta las líneas de su propia infantería. La acción duró 45 minutos y en ella no se hizo un solo disparo.

Todo el enfrentamiento duró aproximadamente cuarenta y cinco minutos a una altura de 4.100 metros sobre el nivel del mar.

El triunfo en la pampa de Junín haría renacer los ánimos y la esperanza entre el ejército unido.