lunes, 12 de mayo de 2008

El asedio de París. Años 885-886 AD.

En la segunda mitad del siglo IX un “gran ejército” danés ponía en jaque a Inglaterra y Francia, dos países ricos con posibilidades para el enriquecimiento monetario y político. Esta fuerza era una clara excepción en las expediciones vikingas. Liderada por varios reyes y “jarls”, no llegó de golpe, sino a intervalos empezando en Anglia del este en el año 865 . Este ejército tuvo éxito en Northumbria y en Anglia Oriental, pero no en Wessex, reforzándose en la primavera del 871 y posteriormente en 878. Un año después el ejército danés cruzó el Canal de la Mancha dirigiéndose a Francia ( siendo narrada su gesta en la Crónica Anglosajona ). No se trataba de una única fuerza conexionada al haberse dividido en dos partes en 874 en Inglaterra y en 884 en Francia.

Guerrero vikingo.


Francia no se enfrentaba por vez primera a los soldados del norte, ya en 841 la ciudad de Rouan había sufrido un saqueo y en 843 habían saqueado Nantes, Burdeos y Saintes. Cuando los daneses pusieron sitio a la capital francesa, ésta se limitaba a la Île de la Cité, unida a tierra firme por los puentes de Pont-au-Change y el Petit-Pont. Los invasores tenían el Sena bloqueado y trataron de negociar el paso para dirigirse a Borgoña, obteniendo la negativa del monarca francés Carlos III. Ante la decisión del rey, los vikingos pusieron sitio a la ciudad durante dieciocho meses








Pont au Change en la actualidad.


El obispo Gozlin y el duque Eudes, hijo de Roberto el Fuerte, se encargaron de la defensa. Los vikingos lanzaron una primera ofensiva contra el Pont-au-Change pero fueron rechazados y decidieron establecer allí un campamento fortificado, cerca de la iglesia de Saint Germain-l´Auxerrois, en donde construyeron una torre de tres pisos sobre ruedas.

Enfrentados a los impenetrables muros de París, los vikingos emplearon taladros para retirar las piedras de las murallas y arietes para derribarlas. Las torres de asedio construidas no consiguieron llegar hasta los muros de la ciudad, pero consiguieron utilizar barcos en llamas contra las defensas en el Sena. Los franceses se defendieron arrojando líquidos hirviendo, flechas y proyectiles de ballistae así como empleando vigas en forma de tridente para detener el avance de los arietes. Las reparaciones de emergencia se realizaban por la noche.
















Miniatura de un guerrero carolingio.


La noche del seis de febrero del 886 una crecida del Sena se llevó parte del Petit-Pont, dejando la torre defensiva del puente aislada; los doce hombres de la guarnición resistieron el asalto vikingo durante todo un día , pero finalmente fueron superados. Mientras tanto la noticia del asedio de París se había extendido por todo el país y los invasores encontraron cada vez más núcleos de resistencia allá donde iban, sin embargo, la situación en la ciudad empeoraba por momentos: los víveres escaseaban al tiempo que las enfermedades causaban estragos. El conde Eudes consiguió abandonar la ciudad para pedir ayuda a Carlos III y al cabo de unos días llegaron los refuerzos de la mano del duque Heinrich, pero éstos fueron dispersados; finalmente , al cabo de unos meses las tropas de Carlos III “el Gordo” aparecieron en los altos de Montmartre y el monarca mandó emisarios para negociar con los jefes daneses. El asedio se levantó a cambio de una gran suma de dinero y el permiso del monarca a los sitiadores para que se dirigieran a Borgoña.

La situación finalmente se había resuelto, aunque a un alto precio para la parte francesa ya que las razzias en la Borgoña fueron terribles.

Soldados carolingios.