miércoles, 1 de octubre de 2008

Batalla de l´Ecluse, junio de 1340.


A principios de 1340, el rey de Francia Felipe VI de Valois reunió una flota con la esperanza de frustrar los proyectos de desembarco de Eduardo III de Inglaterra en el continente, así que intentó juntar una armada similar a la de su antecesor Felipe IV que llegó a tener una flota de 50 galeras. Felipe VI consiguió crear una flota de 200 galeras genovesas bajo el mando de Barvavera y algunas cocas de refuerzo, que fondeó en el estuario de l´Ecluse ( Países Bajos ) en junio de 1340 bajo el mando del almirante Hue Quiéret y del vicealmirante Nicolas Behuchet.


Esta armada estaba a la expectativa, esperaba la inminente invasión de Eduardo III, anunciada para San Juan. El 23 de junio la flota inglesa -de 250 barcos, compuesta por embarcaciones redondas muy fortificadas y a las órdenes del almirante Robert Morley- , tocó tierra en Blankerberghe, a pocos kilómetros al oeste de l´Écluse. En cuanto el genovés Barvavera vio que la flota inglesa se acercaba aconsejó al almirante francés salir inmediatamente a mar abierto, pero Behuchet dio la orden contraria, dejando a los barcos anclados e inmovilizados, creando así una auténtica fortaleza pues la flota estaba dispuesta en tres líneas y unidos unos a otros mediante guindalezas.


Al día siguiente, Eduardo III levóa anclas en uno de sus barcos y se dirigió a alta mar ante la mirada de alegría de los franceses que intuían una huída inglesa, sin embargo los ingleses realizaron esta maniobra para situarse mejor respecto al viento y penetrar así en el estuario con la marea alta. El genovés Barbavera ( el mejor navegante de toda la flota franca ) se dirigió inmediatamente hacia los ingleses, pues había comprendido la artimaña, pero su ataque resultó infructuoso ya que la superioridad inglesa fue aplastante.


Los almirantes franceses decidieron situar en primera línea a cuatro gigantescas naos armadas de ballesteros hasta los topes, sin tener en cuenta la escasa maniobrabilidad de estos buques, un grave error ya que dejó situadas en retaguardia a las ágiles galeras genovesas que quedaron en una segunda línea. Los barcos ingleses se lanzaron al asalto al mediodía del día 24; los ballesteros franceses se vieron abrumados ante la lluvia de flechas de los arcos largos británicos, atrapados en unas naves que apenas podían virar, siendo presa fácil de las rápidas cocas inglesas cargadas de infantería.



Los almirantes franceses murieron en su buque insignia, el Saint-Georges, mientras las galeras genovesas no apenas podían moverse al tener la costa a popa y las naos francesas a proa. Por la noche sólo quedaban 60 barcos franceses, de los cuales algunos consiguieron huir para reunirse con los restos de las galeras comandadas por Barbavera. El desastre final llegó cuando los flamencos que estaban en tierra asaltaron las naves francesas mediante barcas ligeras. La lucha fue totalmente cuerpo a cuerpo durante todo el desarrollo de la batalla, muriendo miles de los mejores caballeros de Eduardo III y perdiéndose más de 10000 franceses y genoveses.

Podemos resumir que la táctica resultó ser la misma que en las batallas campales y que los arqueros ingleses resultaron determinantes, al igual que lo harían seis años después en Crécy.



La nave francesa "Cristopher de la Tour", armada con 5 bombardas, 60 marinos y 135 soldados. Hundida en la batalla.