sábado, 11 de octubre de 2008

Gaugamela, 331 a.C. La gran victoria de Alejandro Magno.


El 1 de octubre de 331 a.C, dos ejércitos se encontraron en Mesopotamia para decidir el destino de un imperio. Con diferencia, el más numeroso de esos ejécitos era el liderado por Darío III, rey de reyes y amo de todas las tierras entre el Éufrates y Afganistán. En cierta ocasión, sus dominios llegaron hasta el Mediterráneo, pero los invasores macedonios de Alejandro Magno conquistaron esas tierras.

Darío ofreció a Alejandro un gran soborno en un desesperado intento de garantizar la paz. Parmenión, uno de los generales de Alejandro, comentó: " Si estuviese en tu lugar, yo lo aceptaría" Y Alejandro le respondió con aspereza: " Si, yo también lo aceptaría si fuese tú".

Tras el rechazo de su oferta, Darío reunió un impresionante ejército de aproximadamente unos 250000 hombres, que incluía escitas de las orillas del mar Negro y bactrios de las estribaciones del Himalaya. Además reclutó a 6000 mercenarios griegos como guardias personales.

El rey persa eligió el campo de batalla con mucho detenimiento. En Isos, dos años antes, el terreno no le permitió emplear a todo su ejército, superior en número al macedonio. Para esta ocasión pensó en la llanura de Gaugamela, en la actual Irak.



La caballería de Darío, su principal baza, contaba con arqueros a caballo y catafractos con armadura. La ancha llanura ofrecía una buena oportunidad para que su caballería superase a la de Alejandro. Aunque los hombres de éste eran superiores en calidad, erna 7000 frente a los 40000 jinetes de Darío. La caballería macedónica llevaba armadura y casco, pero probablemente lucharían sin escudos, ya que necesitaban las dos manos para controlar sus largas lanzas de madera ( sarisas ). La caballería que luchó junto a Alejandro se conocía como "Los Compañeros".

El historiador Arriano cifra la infantería macedonia en 40000 hombres, frente a los 160000 infantes persas, sin embargo la infantería de Darío apenas disponía de armas y de formación, mientras que Alejandro estaba al frente de veteranos curtidos y acostumbrados a la victoria. Algunos macedonios eran "Hypaspist" ( portaescudos ) armados de forma convencional, pero el grueso de la infantería se componía de falangistas. Éstos luchaban en filas de hasta ocho, aunque cada hombre podía ejercer presión con sus largas picas. Cuando se bajaban, las picas formaban ante el enemigo un seto de punzantes lanzas. Esta falange resultaba formidable, pero únicamente si se mantenía la formación. Si se perdía el orden podía ser derrotada y, para ello, Darío contaba con carros equipados con guadañas.



Estos carros presentaban dos puntos débiles: eran vulnerables a la caballería y requerían un terreno muy liso, ya que las enormes guadañas hacían que la pérdida de la formación resultase desastrosa. Darío dependía de su caballería para proteger a sus carros, y en el campo de batalla preparó a conciencia varios caminos libres de obstáculos para conducir los carros hasta el mismo centro de la infantería de Alejandro. Es posible que contase con algunos elefantes que siguieran a los carros, y cuando la caballería hubiera roto todavía más la falange, la infantería persa terminaría el trabajo sin perder a un solo hombre.

Alejandro Magno estableció su campamento junto al río Boulemus y siguió adelante con sus hombres, transportando únicamente equipo para el combate y provisiones para unos días. Los macedonios llegaron a la llanura de Gaugamela a primera hora de la tarde del 30 de septiembre y se encontraron con el ejército del rey en formación, cuyo frente se extendía varios kilómetros a lo largo de la llanura. Alejandro quería entrar en batalla de inmediato, pero Parmenión le rogó que se contuviese. Probablemente este gesto salvó al ejército, ya que Alejandro dispuso así del tiempo necesario para reconocer el terreno y descubrir los caminos para carros de la trampa de Darío.

Parmenión aconsejó a Alejandro que la batalla tuviera lugar por la noche alegando que la oscuridad mitigaría la ventaja numérica persa, pero éste se negó diciendo que no iba a hurtar la victoria. De esta manera Darío se vio obligado a mantener a sus tropas vigilantes toda la noche por si acaso, mientras que los macedonios aprovecharon el descanso nocturno.

Al amancer, el ejército macedónico formó con precisión de plaza de armas, ligeramente a la izquierda del centro persa en el que Darío se encontraba. Avanzó, pero de forma oblicua y hacia la izquierda de los persas. Este ataque como de cangrejo les alejó de los caminos para los carros de Darío y obligó al rey persa a prolongar el flanco izquierdo de su ejército.



Darío tuvo que poner en marcha a los carros antes de lo que pensaba. A medida que se acercaban a los macedonios, se enfrentaban a jabalinas y flechas. Cuando los últimos llegaron a la falange, las filas se abrieron poco a poco y las atravesaron sin sufrir ningún daño. Tal y como había planeado Darío, la falange era ya vulnerable; pero los carros habían atacado demasiado pronto, y la caballería destinada a aprovechar la apertura de la falange quedó bloqueada por un contraataque de los lanceros de Alejandro. Darío ordenó a toda prisa a la caballería del flanco derecho que se uniera a la batalla, pero había mucho terreno que cubrir antes de llegar al flanco izquierdo macedónico, liderado por Parmenión.

Alejandro se unió personalmente a la batalla y guió a sus "Compañeros" contra el ala izquierda de la infantería persa. Según Plutarco: " replegáronse los bárbaros, y se les perseguía con ardor, procurando Alejandro impeler los vencidos hacia el centro, donde se hallaba Darío".

La batalla fue muy equilibrada. Los carros de Darío fallaron, pero sus infantes arrinconaron a los lanceros macedonios. En el flanco derecho, la caballería persa había golpeado a la izquierda macedónica, ya muy desgastada. Si la caballería conseguía introducirse entre los falangistas y desestabilizarlos, Darío podría dominar al resto con su infantería.

Lo que comenzó siendo una batalla entre generales acabó convirtiéndose en una refriega caótica. La caballería provocó enormes nubes de polvo, cegando a todos los combatientes excepto a los que se encontraban en su propio rincón de terreno. Alejandro estaba demasiado ocupado con su intervención personal en el combate como para ver el panorama en su conjunto; Darío, por su parte, sufrió las dificultades de un ejército muy numeroso e inexperto.

En consecuencia, cuando la caballería persa se abrió paso entre la izquierda macedonia, los soldados creyeron que la victoria era inminente y se dispusieron a tomar el campamento de Alejandro. Mientras tanto, la derecha macedonia atacó el flanco izquierdo del ejército persa, siguiendo a Alejandro en su intento de alcanzar a Darío. Como si de una partida de ajedrez se tratase, si se atrapaba al rey, se acababa el juego. El historiador Diododoro Sículo creía que Darío luchó bien: " El rey persa recibió el ataque macedonio en su carro, lanzó jabalinas a sus enemigos y tuvo la protección de sus guardias. Cuando los dos reyes acercaron sus filas, una jabalina lanzada por Alejandro contra Darío falló, pero derribó al conductor del carro que iba detrás del rey. Los persas que rodeaban a Darío gritaron al ver la escena, y los que se encontraban más alejados creyeron que su rey había caído. Éstos fueron los primeros en huir, y después los que estaban a su lado, y así sucesivamente hasta que todo el ejército persa se desintegró. Con el enemigo en los dos flancos, el rey se mostró preocupado. Se retiró, y ésa fue la señal de una huida general"

Los biógrafos de Alejandro ( Arriano,Curcio, Rufo y Plutarco ) cuentan que Darío huyó con sólo ver al emperador de Macedonia, pero no son narraciones coetáneas. Una descripción lacónica de un calendario astronómico babilónico apoya la sugerencia de Diodoro de que el ejército de Darío le abandonó, y no al contrario.

Las noticias del éxiro de Alejandro tardaron en llegar a la izquierda macedonia, donde Parmenión tenía muchas dificultades. Había desplazado sus defensas para cubrir la retaguardia del ejército y se encontraba casi rodeado por tres partes. Tras recibir la petición de ayuda de Parmenión, Alejandro salió a su rescate. Sin embargo, cuando llegó descubrió que una carga de la caballería tesalia, combinada con las malas noticias sobre el resto del campo de batalla, había provocado la retirada de los persas.

Alejandró emprendió una brutal persecución hacia la ciudad de Arbela, asesinado a decenas de miles de soldados que huían ya que le perseguía la idea de que Darío iba a organizar otro ejército con esos hombres. Sin embargo Darío fue asesinado por Bessus, el general que estuvo al mando del flanco izquierdo del ejército persa en Gaugamela.



Las bajas en la batalla fueron muy desiguales; mientras que Alejandro perdió a entre 500 y 1000 hombres, el ejército persa contabilizó unas bajas de más de 35000 soldados.

Con la muerte de su rival, Alejandro se convirtió en el señor indiscutible del Imperio Persa, y la influencia griega se extendió casi hasta el Himalaya.