viernes, 3 de octubre de 2008

El asedio de Viena, 1683.


Una revuelta producida en la parte de Hungría que gobernaban los Habsburgo había propiciado que el gran visir Kara Mustafá negociase la paz con Rusia en 1681-82, para empezar a apoyar a los rebeldes y reconocer a su líder, el conde Thöjköly, como "Príncipe de la Hungría Media". Preocupados ante la perspectiva de un ataque francés sobre el Rin, los habsburgo eran reacios a luchar contra los otomanos, pero los agentes franceses animaron a Kara Mustafá a marchar sobre Viena prometiéndole que Francia no prestaría ayuda a Austria.



En respuesta, Leopoldo I solicitó un apoyo general, mientras el papa Inocencio XI presionaba a todos los católicos a sumarse a una cruzada. El rey Jan Sobiesky de Polonia y una serie de príncipes alemanes se prepararon para intervenir cuando las fuerzas otomanas empezaron a avanzar. Esta asistencia resultó vital, pues hacia 1682 Leopoldo sólo contaba con 36000 hombres en armas, y la mayor parte de las unidades de campaña de los Habsburgo se hallaban haciendo frente a Francia en Renania. Los otomanos aprovecharon el invierno de 1682-1683 para reunir a sus tropas, y el principal contingente dejó Adrianópolis el 31 de marzo, llegando a Belgrado el 3 de mayo. Con unos 100000 hombres, el ejército turco avanzó rápidamente a través de Hungría.



Kará Mustafá apareció ante la fortaleza austriaca de Györ el 2 de julio para encontrar a los austríacos, cuyas fuerzas al mando de Carlos V de Lorena ascendían a sólo 33000 hombres, decididos a mantenerse a la defensiva. Carlos dejó Györ y se retiró hacia Viena. El Gran Visir ordenó marchar directamente sobre la capital de Austria en lugar de gastar un tiempo precioso sitiando otras plazas fuertes cercanas a la frontera. Dejando una fuerza de 12000 hombres para bloquear Györ, las tropas otomanas cruzaron el río Raab, y como cundió el pánico, Leopoldo y su corte dejaron Viena el 7 de julio, retirándose a Passau. Mientras tanto, las incursiones de los turcos devastaron los campos de los alrededores-.



Los austríacos habían tratado de defender la línea del río Leitha, pero el rápido avance de los otomanos hizo que Carlos se replegase.

La defensa de Viena se dejó en manos del conde Ernst Rüdiger von Starhemberg, que había incendiado los suburbios para privar de protección a los otomanos. Su ejército cercó la ciudad el 16 de julio.



Mientras se reunían las fuerzas de socorro, los turcos iniciaron la construcción de de las obras de asedio y lanzaron varios asaltos. Éstos empezaban a tener cada vez mejores resultados y la guarnición sufría elevadas pérdidas debido también a la disentería. Los otomanos estaban sufriendo también numerosas bajas, pero durante el mes de agosto las defensas exteriores de Viena sucumbieron con gran rapidez, pese a que los turcos tuvieron que soportar un intenso bombardeo por parte de los defensores. Carecían de cañones de gran calibre, y dependían de las minas, que lograron colocar bajo los baluartes de Viena con bastante éxito. Hubo reñidos combates en estas brechas, y el 4 de septiembre los atacantes lograron penetrar, haciendo que Starhemberg ordenase disparar cohetes de alerta instando a una urgente intervención del ejército de socorro.



El ejército de socorro se había ido constituyendo lentamente; al añadir Baviera y Sajonia importantes fuerzas este ejército aumentó notablemente sus fuerzas . El 31 de agosto, Sobieski había llegado con 30000 hombres y asumió el mando de general. Hacia el 6 de septiembre, las fuerzas aliadas se desplazaron por el interior de la cuenca del Tullin, situada al oeste de las colinas que circundan Viena y el 9 de septiembre avanzaron a través de los bosques de Viena.



Kará Mustafá estaba al tanto de este despliegue, pero apenas hizo preparativos para hacer frente al ataque. El 12 de septiembre el ejército de socorro descendió desde las colina, disponiendo a las fuerzas alemanas en el flanco izquierdo y a las polacas en el derecho. Operando de forma independiente , rompieron la linea de batalla otomana, cuyas tropas eran por lo general más fuertes en el ataque que en las tareas defensivas, y en esta ocasión fueron incapaces de volver su artillería contra las fuerzas de socorro.

Al término de aquel día Kará Mustafá se hallaba en retirada hacia Györ. Por este fracaso, fue castigado muriendo estrangulado mientras que en la Europa cristiana se celebraba la salvación de su más importante baluarte en el este.


Húsar alado polaco

Jan III Sobiesky