martes, 9 de septiembre de 2008

Lago Peipus. La Batalla de los Hielos.


A mediados del siglo XIII ya no quedaba en Rusia nada de la grandeza de Kiev; las guerras intestinas habían asolado el país y los invasores mongoles habían dado el golpe de gracia al aplastar a los rusos en 1233, antes de arrasar Kiev en 1240.

Quedaban, sin embargo, una serie de estados rusos que poco a poco habían adquirido una cierta autonomía. Uno de ellos iba a destacar entre los demás: el principado de Novgorod, situado al noroeste del territorio ruso, en la vecindad de dos peligrosas potencias, Suecia y el estado de las Órdenes Germánicas. Al no haber llegado todavía hasta allí los ejércitos mongoles en su avance, este principado no estaba en tan mala situación como los del sur.



Alejandro Nevski, el príncipe de Novgorod, había nacido en 1219 y su papel sería decisivo. En 1240, mientras en el sur caía Kiev, Nevski condujo el ejército de Novgorod a la victoria contra los suecos que avanzaban a lo largo del Neva. Una vez conseguida la victoria el príncipe tuvo que salir al encuentro de los Caballeros Portaespadas, que desde 1239 se adentraban en su territorio y se habían apoderado de la ciudad de Pskov en 1241. Una vez reconquistada esta ciudad, se podía librar la batalla decisiva.


El combate del lago Peipus se llevó a cabo el 5 de abril de 1242 sobre los hielos del lago, en la actual Estonia. La historia rusa ha hecho de este enfrentamiento un combate de leyenda, la “Batalla de los hielos”, celebrada por el canto y la literatura, y en último lugar por la música de Prokofiev que acompañaba a la excelente película de Eisenstein “Alejandro Nevski” ( 1938 ).

Los Caballeros Portaespadas se habían instalado en el lago. Portando pesadas armas y vestidos con duras cotas de malla, contaban con la ayuda de sus aliados finlandeses, cuyo equipo era más ligero.

Como un gigantesco ariete, decidieron cargar en formación compacta para tratar de hundir las líneas rusas, más frágiles. Éstas aguantaron, lo que permitió a Nevski efectuar un vasto y ágil movimiento envolvente con parte de sus tropas para caer sobre el flanco de los alemanes que avanzaban de forma muy lenta. Los germanos, totalmente flanqueados y con sus líneas deshechas se dieron a la fuga y lo que en ese momento era una derrota se convirtió pronto en una auténtica catástrofe pues bajo el efecto del pánico, los Caballeros Portaespadas se entregaron a una serie de movimientos desordenados, hasta que la superficie del lago se quebró y se hundió bajo sus pies.

Era principios de abril, y la capa de hielo era delgada y frágil, al pasar por alto este hecho y olvidar el peso de su equipo, los caballeros germánicos sufrieron una auténtica hecatombe.

La batalla del lago Peipus fue una de las muchas que tuvieron lugar debido a la rivalidad secular entre Novgorod y sus vecinos occidentales, hecho que se prolongaría hasta el siglo XV. Nevski, por sus victorias, su capacidad política y diplomática consiguió mantener a salvo el principado ante las posteriores invasiones mongolas e incluso llegó a ser el favorito del Khan, que le nombró Gran Príncipe de los Rusos en 1252. La iglesia Ortodoxa lo convirtió posteriormente en santo.