lunes, 22 de septiembre de 2008

Omdurman. 2 de septiembre de 1898. El colonialismo masacra.



Omdurman representó el punto álgido del éxito del imperialismo británico contra la resistencia nativa y puso fin al Mahdiyya, el estado derviche del Sudán egipcio. Aunque Gran Bretaña ocupó Egipto en 1882, el control de Sudán se perdió a manos del movimiento mesiánico islámico del Mahdí. Las derrotas de las fuerzas británicas culminaron con la muerte del general Charles Gordon en Jartum en 1885.

Gran Bretaña y Egipto ( gobernado de facto por el cónsul general británico Lord Cromer ) dejaron Sudán en manos del califa, el sucesor del Mahdí, durante una década. Vengar la muerte del general Gordon fue una causa popular en inglaterra, pero no el motivo de la "reconquista" de 1896-98. Lord Salisbury, primer ministro conservador, ordenó una diversión para ayudar a los italianos, derrotados en Adua a principios de 1896, y para impedir cualquier alianza entre Abisinia, el califa y Francia. Sin embargo, el éxito del avance egipcio por el sur siguiendo el Nilo hacia Dongola demostró la voluntad de las tropas nativas de luchar contra los musulmanes, y Londres recibió noticias de una expedición militar francesa que se dirigía hacia el valle del Alto Nilo.


Salisbury y Cromer decidieron que las fuerzas mandadas por el general de división Herbert Kitchener, "sirdar" ( comandante ) del ejército egipcio, debían tomar Omdurman, la capital derviche, y garantizar el control de todo el valle del Nilo. La expedición contó con recursos y refuerzos británicos, aunque continuó siendo egipcia ( y en torno a 2/3 de los hombres y del dinero vinieron de Egipto ).



La campaña de Kitchener dependía del transporte y del avituallamiento. Superó los problemas de la distancia y del desierto construyendo el ferrocarril militar de Sudán que cruzaba el gran meandro del Nilo - unos 620 Km -. La línea garantizó el flujo rápido de refuerzos, provisiones y secciones prefabricadas de los barcos de vapor que otorgaron a Kitchener el control efectivo del Nilo y de sus orillas. En Atbara, en abril de 1898, fue derrotada una fuerza mahdista de 14000 efectivos; posteriormente los derviches apenas ofrecieron resistencia cuando el ejército angloegipcio avanzó por el río. El califa se lo jugó todo en una gran batalla librada delante de su capital.

Los invasores ingleses llegaron a las llanuras que se extienden ante Omdurman el 1 de septiembre; aseguraron la orilla este del río y la artillería y los cañoneros bombardearon la ciudad y sus defensas. Un gran ejército derviche ocupó el campo y Kitchener decidió proteger a sus fuerzas por la noche con un gran campamento semicircular que daba al Nilo, junto a las embarcaciones, con una "zariba" ( muralla de espinos ) en el lado del desierto. Un ataque nocturno habría reducido la potencia de fuego aliada y habría proporcionado a los derviches su mejor oportunidad de romper la zariba, pero la batalla comenzó con las primeras luces del alba.

Se produjo en dos fases. En la primera, las fuerzas principales de Kitchener protagonizaron un enfrentamiento esencialmente defensivo desde el interior de la zariba; en la segunda, salieron y avanzaron sobre Omdurman, y cortaron la retirada de los derviches ya que a Kitchener no le gustaba la idea de luchar por las calles de una ciudad hostil.

La primera fase estuvo dominada por el peso de la potencia de fuego británica cuando el ejército enemigo cargó contra todo el perímetro de la llanura. Los derviches, superiores en número, apenas tenían artillería y sólo poseían mosquetes y fusiles obsoletos con munición de mala calidad, en contraste con las armas modernas de los ingleses. La artillería de Kitchener de 80 piezas, incluidas las de las lanchas cañoneras, inició el fuego con metralla a 2750 metros, los cañones 44 Maxim a 1650 metros y los fusiles de los infantes a poco más de mil metros.

Los batallones egipcios contaban con el fusil Martini-Henry; los británicos con el nuevo Lee-Metford de repetición y sin humo. Pocos derviches sobrevivieron dentro de los 270 metros del perímetro y ninguno llegó al mismo. El único contratiempo de los aliados fue que la caballería y los cuerpos de camellos, situados fuera de la zariba, fueron conducidos más al norte por la caballería derviche. La intervención de los cañoneros los salvó del desastre.



La aniquilación de las cargas derviches convenció a Kitchener para salir del perímetro y avanzar sobre Omrudam a fin de cortar la retirada a los supervivientes. La decisión resultó prematura y en esta segunda fase las fuerzas inglesas sufrieron bastantes pérdidas y se enfrentaron a serios contratiempos; además, se encontraban demasiado lejos para recibir el apoyo de los cañoneros. Kitchener subestimó las reservas del califa, a la espera tras las montañas. La carga de caballería de los lanceros del XXI escuadrón resultó innecesaria pese a los éxitos ya que dejaron a la unidad inservible debido a las bajas sufridas.

El abandono de la formación escalonada estándar ante las prisas por entrar en la ciudad dejó a la división de infantería egipcia expuesta en el flanco noroeste del avance. El coronel al mando, Hector MacDonald, realineó a su división orientada al oeste y después al norte, mientras todavía era atacada, y respondió a los atacantes hasta verse liberada. De nuevo el peso de la potencia de fugo angloegipcia se impuso a las valerosas cargas masivas a caballo y dromedario de los derviches. Las fuerzas supervivientes se retiraron del campo de batalla y la marcha aliada sobre Omdurman llegó a su fin.



La victoria de Kitchener fue recibida con júbilo en Gran Bretaña y un aura de invencibilidad rodeó a las tropas coloniales británicas, pues en este combate sólo tuvieron 48 muertos y 434 heridos frente a las cerca de 30000 bajas derviches. Sin embargo este aroma a invencibilidad en campos de batalla coloniales pronto se desvanecería debido a las inminentes guerras Bóer.