lunes, 15 de septiembre de 2008

Tagliacozzo, agosto de 1268. Victoria güelfa in extremis.


En el año 1268, Conradino, hijo de Conrado IV y nieto de Federico II, que sólo tenía 16 años, intentó recuperar la corona de Sicilia que le había sido usurpada en 1258 por su tío Manfredo, que había hecho creer que estaba muerto.

El joven franqueó los Alpes en octubre de 1267 a la cabeza de un importante ejército alemán; fue recibido con los brazos abiertos por los gibelinos de Verona. Desde su victoria en Benevento en 1266 contra Manfredo, hijo legitimado de Federico II rey de Romanos, Carlos de Anjou, el poco escrupuloso hermano de San Luis, apoyado por el papa Urbano IV, ceñía la corona del reino de las Dos Sicilias. El 29 de junio de 1268, su sobrino Conradino entró en Roma y su ejército se vio reforzado por el de Enrique de Castilla; en total las fuerzas sumaban 6000 caballeros alemanes, italianos y castellanos.

Los gibelinos parecían entonces haber ganado la lucha contra los güelfos que apoyaban a Carlos de Anjou.

El 18 de agosto de 1268 el ejército gibelino de Conradino abandonó Roma, cruzó la frontera del reino de las Dos Sicilias, atravesó la ciudad de Tagliacozzo y el 21 de ese mes acampó en Scurcola. Reanudó la marcha al día siguiente y cayó sobre la vanguardia del ejército de Carlos de Anjou. ¿ Por qué Carlos lo dejó entonces batirse en retirada ¿ El francés prefirió esperar del otro lado del rio Salto en posición defensiva.

Carlos de Anjou disponía de unos 4000 hombres y dividió a su ejército en tres “batallas” ( Antiguamente, centro del ejército, a distinción de la vanguardia y retaguardia.) . Dos de ellas estaban colocadas frente al puente que cruzaba el río y de este modo ocultaba la tercera al enemigo en un valle cercano de la carretera de Arezzano, bastante lejos del puente.

Conradino dividió a sus tropas en tres grupos de 2000 hombres de armas que colocó uno detrás del otro y empezó a avanzar sobre las fuerzas angevinas. Cuando el ejército gibelino se encontró al alcance de la vista del enemigo, con el río en medio, Enrique de Castilla intentó una treta: hizo creer que el grueso de la tropa estaba a punto de acampar en ese lugar y sus hombres desmontaron. Por su parte, Carlos hizo lo mismo, permaneciendo alerta.

A las nueve los gibelinos se lanzaron de improviso y de manera brutal al ataque, pero los güelfos consiguieron rechazar esta primera intentona gracias a su mejor situación táctica. Más tarde Enrique de Castilla consiguió vadear el río y cayó por sorpresa en el flanco enemigo; al poco el resto de tropas cruzaban el puente a la cabeza de Conradino.

Carlos de Anjou contemplaba el desfavorable desarrollo de la batalla. Estaba bastante desconcertado por el movimiento giratorio conseguido por Enrique de Castilla, e incluso consideró batirse en retirada. No obstante, al ver al enemigo disperso por el campo de batalla, ordenó que la tercera “batalla” se pusiera en marcha. Al verla, los gibelinos pensaron que se trataba de una parte de su propio ejército que regresaba después de perseguir a los enemigos fugitivos, cuando quisieron darse cuenta de que eran las tropas güelfas, era ya demasiado tarde.

El choque fue muy duro y en poco tiempo las lineas de Conradino se vieron sobrepasadas, éste se dio a la fuga tomando la carretera hacia Roma mientras su estandarte caía en manos de las tropas de Carlos. Enrique de Castilla intentó resistir cargando de nuevo; una parte de los caballeros franceses, que estaban a las órdenes de Alard de Saint-Válery, fingió huir. Enrique se lanzó sobre esta “batalla”, en medio de la cual se encontraba Carlos de Anjou, y Alard escogió el momento justo para girar grupas y cargar contra los castellanos. Deshechos por completo, las tropas de Enrique intentaron reorganizar una nueva carga, pero resultó inútil . Carlos de Anjou había ganado la batalla, Conradino fue capturado y decapitado en Nápoles en octubre.

La presencia angevina en Sicilia se mantuvo hasta que en 1282 tuvieron lugar las “Vísperas Sicilianas”.



Carlos de Anjou.