miércoles, 24 de septiembre de 2008

Passchendaele 1917. Matanza en el lodo.




El plan del mariscal sir Douglas Haig para el ataque británico en Flandes consistía en quebrar la línea alemana desde el saliente de Ypres y luego rodear el flanco derecho alemán establecido en la costa del mar del Norte. No lo disuadieron de esta estrategia las pérdidas terribles de la batalla del Somme en 1916 ni las dudas expuestas en cuanto al planteamiento por el equipo de información militar ni sus compañeros comandantes. Pétain pensaba que el ataque de Haig hacia Oostende fracasaría con seguridad, Foch lo describía como "fútil" y "fantástico".

Tampoco frenó a Haig el que los submarinos alemanes operasen principalmente a partir de sus puertos nacionales, es decir que aún tomando Zeebrugge y Oostende persistiría el peligro del submarino.



Había otras objeciones al plan; la tierra cercana a la desembocadura del Ijser, inundada por los belgas en 1914, proporcionaba una excelente barrera defensiva a la derecha de las formaciones alemanas. Por otra parte el ejército francés estaba todavía convaleciente de los motines y existía el problema inevitable del barro en un terreno dependiente del drenaje artificial. Pero, en su euforia, Haig se había convencido de que podía derrotar a Alemania sólo con la BEF antes de que llegaran los norteamericanos a robarle la gloria.



La ofensiva fue lanzada al norte de Messines, sobre un frente de 30 Km, entre Warnenton y Dixmude, el 31 de julio de 1917. La carnicería de Passendaele - conocida también como tercera batalla de Ypres - acababa de comenzar.

Era esencial un avance rápido, pues los registros metereológicos señalaban que en el mejor de los casos sólo se podían contar, en esa época del año, con un periodo de tres semanas sin lluvia. Llegado el momento habría lluvia temprana y continuada.

El bombardeo preliminar fue el más pesado montado hasta la fecha: durante dos semanas, 3100 cañones unos 41 millones de proyectiles. Sin embargo esto sólo sirvió para convertir el suelo anegado, cuyos sistemas de drenaje habían quedado destruidos por años de fuego artillero, en un amplio pantano con cráteres llenos de agua, a través del cual se suponía que habían de avanzar los británicos.



Debido a la naturaleza del terreno, los alemanes habían dejado de lado la construcción de líneas de trincheras defensivas en favor de los fortines escaqueados de hormigón que albergaban ametralladoras. La ofensiva aliada - si es que podía avanzar a través de los cráteres y el barro - caería, pues, bajo un fuego incesante.

Se encomendó la parte principal del ataque al V ejército del general Hubert Gough, con un cuerpo del II ejército de Plumer en su flanco derecho y del I Ejército francés, bajo el mando del general François Antoine, a su izquierda. Las fuerzas alemanas del sector - el IV Ejército del príncipe Rupprecht - estaban comandadas por el general Sixt von Armin.


A las 03:50 horas del primer día del ataque, 12 divisiones de infantería avanzaron en medio de una espesa niebla. Pronto se hizo evidente que la ofensiva no se ajustaba al plan previsto. En el flanco izquierdo, tres sierras al norte de Ypres - Bixschoote, St Julien y Pilcken - fueron tomadas luego de avanzar unos 3 Km; pero a la derecha, el golpe al sudeste de Ypres, hacia la carretera Ypres-Menen fue detenido a poca distancia de su objetivo.

La lluvia incesante hizo imposible cualquier avance más, no sólo para los infantes, que se hundían en el barro hasta las caderas, sino también para los nuevos tanques dispuestos para aprovechar la penetración. Gough, hasta entonces un firme partidario del ataque, se manifestó incómodo a Haig, pero el comandante en jefe confiaba ciegamente en un triunfo. El mismo Haig reconoció que "el profundo suelo arcilloso, se convirtió en una sucesión de grandes lagunas fangosas. Los valles de las corriente en riada se transformaron pronto en largas tiras de barro, intransitable salvo por unas pocas pistas bien definidas, que pasaron a ser los blancos favoritos de la artillería enemiga. Dejar estas pistas, no obstante, era arriesgarse a morir ahogado y , en el curso de los combates siguientes, en varias ocasiones se perdieron así tanto hombres como animales de carga"

Los alemanes tampoco estaban en mejores condiciones, tal y como describió un observador: " El sufrimiento de todos los soldados alemanes, arrebujados juntos en lugares expuestos, ha de ser una de las peores agonías de la humanidad, hechos pedazos por tempestades de granadas y empujados adelante por contraataques que saben que serán mortales para ellos."


La lluvia era tan densa y continua, sin embargo, que pasaron otras dos semanas antes de que se pudiera organizar un segundo golpe. El 16 de agosto el V Ejército de Gough asaltó la línea Gheluvelt-Langemarck, desde la carretera Ypres-Menen al noroeste. Se repitió el esquema de la primera ofensiva: el ala izquierda avanzó cierta distancia más allá del arroyuelo Steenbeck y de Lagenmarck, en la derecha el avance fue detenido de nuevo antes de que se pudiera consolidar cualquier posición definitiva o capturar un número significativo de alemanes.

La moral aliada comenzó a deteriorarse, como apuntó Lidell Hart: " los hombres sentían que la hábil resitencia del enemigo y el barro eran la única explicación a su inútil sacrificio" Cada vez había más malestar y amargura con el Alto Mando, de manera que Haig extendió el frente del II Ejército al norte, para incluir el esencial sector de la carretera de Menen, dando así a Plumer el objetivo principal: la meseta de Gheluvelt al este de Ypres. Plumer decidió tomar la meseta en cuatro fases; optó por concentrar sus esfuerzos en cada, dedicándose a objetivos limitados con fuerte apoyo artillero. Esta táctica permitiría a su ejército repeler los contraataques que sin duda se producirian.



A pesar de persistir la niebla espesa, el ataque inicial de Plumer se lanzó a las 05:40 horas del 20 de septiembre. Cuatro divisiones, dos de ellas australianas, avanzaron sobre un frente limitado de unos 4,5 Km, con 1300 cañones concentrados a lo largo de la línea entre Klein, Zillebeke y Westhoek.

Los hombres del II Ejército, empujando a ambos lados de la carretera de Menen, hicieron avances significativos: en 45 minutos se habían alcanzado los primeros objetivos. A mediodía la 23th División North of England estaba a sólo 1 Km de Gheluvelt, mientras que al norte de la carretera habían sido tomadas Nonne Bosschen, Black Watch Corner, Veldhoek y la mitad de Polygon Wood, Más al norte, las fuerzas del V Ejército habían avanzado sobre la línea férrea Ypres-Roulers hasta un punto justo delante de Zonnebeke.


Todos los objetivos habían sido alcanzados y los contraataques rechazados. La línea aliada se había adelantado una media de 825 metros.El extremo sur de la sierra de Passendaele, de la que dependía la seguridad de los alemanes, había sido tomado, aunque los británicos no lo habrían logrado aún en la parte norte.

La segunda parte del ataque tuvo lugar el 26 de septiembre, un día de tiempo insólitamente bueno, aunque el suelo revuelto y destrozado seguía siendo intransitable y traicionero. La infantería avanzó al salir el sol y los australianos pronto hubieron capturado lo que faltaba por tomar de Polygon Wood. Siguieron contraataques alemanes y más lluvia torrencial. El 4 de octubre volvieron a atacar, esta vez con 12 divisiones sobre un frente de 13 Km. Se ganó la sierra principal, al este de Ypres, de Gheluvelt a Broodseine.


A pesar de estos éxitos limitados y sumamente costosos, la situación estratégica aliada podía ser considerada ahora como un fuerte e innegable fracaso. Diez semanas de combate habían permitido lo que Haig había calculado que costaría dos días. El invierno se acercaba y no estaban consolidados los principales objetivos británicos detrás de la sierra de Passendaele. Ya no había posibilidad para una operación definitiva en Flandes, y menos aún de capturar Zeebrugge u Ostende.

Sin embargo Haig, todavía irresponsablemente optimista, decidió seguir adelante. El 8 de octubre se lanzó una nueva ofensiva en un frente de 13 Km que se extendía desde Veldhoek en el norte hasta Broodseine en el sur. El resultado fue el mismo: grandes pérdidas de hombres, atrapados en los lodos y poco terreno ganado. No obstante, y de nuevo a pesar de la lluvia incesante el estúpido Haig ordenó un nuevo ataque contra la sierra de Passendaele. Una vez más el resultado era seguro con las tropas atacantes de regreso casi en su línea de partida.

Haig no se dió por vencido y ordenó de nuevo atacar las tierras altas alrededor de la sierra de Passendaele el día 22 de octubre. En el ataque participó el I Ejército francés y el V británico, el día 26 atacó el III Ejército y se reintentó el 30 de octubre con los mismos resultados. El ya intolerable sufrimiento de los soldados aliados quedó ahora exacerbado por el mayor uso del gas mostaza por parte de los alemanes.



El 2 de noviembre, un avance inesperado de la 1ª y 2 ª Divisiones Canadienses aseguró finalmente la toma del terreno elevado en el que se erguían las ruinas del destruido pueblo de Passendaele, Haig al fin estaba satisfecho. El saliente de Ypres, donde los aliados habían sido desde 1914 blancos de primera para los cañones alemanes, había sido rectificado, dejando sólo un pequeño saliente alrededor del propio Passendaele. Pero no se había tomado Zeebrugge ni Ostende, ni rechazado al enemigo. Menos aún se había ganado la guerra.

Para los aliados fue una victoria pírrica con 250 000 bajas, casi 90000 de las cuales se informaron como "desaparecidos"; casi la mitad de esta última cifra - poco más de 40000 - no fueron encontrados nunca. La mayoría se había ahogado y había quedado enterrada en el barro: todavía hoy, más de 90 años después, los agricultores desentierran huesos al arar la tierra. Las bajas alemanas, aunque no registradas en cifras concretas, han sido descritas en la historia oficial como "excesivas".