martes, 30 de septiembre de 2008

Batalla de Guinegatte. 7 de agosto de 1479.


Carlos el Temerario había muerto en 1477 durante el asedio a Nancy. Luis XI había vencido a su principal enemigo, pero la sucesión al ducado de Borgoña atrajo la codicia de Renato de Lorena, Segismundo de Austria, los suizos y otros.

María de Borgoña, hija única del difunto duque, tenía 20 años. Casarla con el delfín era para Luis XI la mejor forma de hacer que el ducado cayera en sus manos. Pero confió la muy delicada misión de convencer a su joven heredera a su cirujano-barbero. No sorprende, por tanto, que la misión fracasara. La joven pronto tomó una decisión muy distinta, ya que el 21 de abril de 1477 proyectó casarse con Maximiliano de Habsburgo, heredero del gran Imperio Romano Germánico.

Despechado, Luis XI invadió Hainaut y sus tropas cometieron terribles tropelías en Valenciennes, Douai y sobre todo en Avesnes. El 18 de agosto de 1477, María de Borgoña se casó con el archiduque Maximiliano de Austria, pero la "araña universal" - mote con el que se conocía a Luis XI - no había dicho su última palabra.

De inmediato, el rey de Francia ocupó Borgoña, el Franco Condado y la Picardía. En Hainaut la situación era muy distinta; los flamencos, firmes partidarios de Maximiliano, le dieron todo su apoyo y el ejército francés quedó atascado. Por su lado, Maximiliano estaba dispuesto a defender la herencia de su esposa y consiguió reunir en Saint Omer a un ejército de 27000 hombres formado esencialmente por flamencos, con el objetivo de detener a los franceses y reconquistar los territorios perdidos. El 25 de julio de 1479, el ejército partió de Saint Omer para sitiar Thérouanne, una plaza guardada por el señor de Saint-André con 400 lanceros y 1500 ballesteros. En realidad la estrategia del archiduque de Austria consistía en atraer las tropas del rey de Francia -1800 piqueros y 14000 arqueros- mandadas por el señor D´Esquerdes, lo cual no tardó en suceder. Sin embargo, en vista de la superioridad del ejército real algunos aconsejaron al archiduque que evitase el combate, pero esto era desconocer la osadía del joven príncipe, el cual se encontraba también un poco "empujado" por los flamencos para entablar combate.

Así pues, fue al encuentro del enemigo y situó a sus tropas en Guinegatte, con la artillería en el centro, cubierta por los ballesteros y los arqueros, y la caballería en los flancos. Al alba del 7 de agosto, los franceses descendieron del terreno elevado de Enghien, situado frente a Guinegatte. A primeras horas de la tarde, D´Esquerdes lanzó a su infantería contra el adversario y él, a la cabeza de sus caballeros, cargó contra la caballería borgoñona. Ésta, rápidamente desbordada, se vio obligada a emprender la huida. D´Esquerdes se lanzó entonces en persecución con la intención de hacer el mayor número de prisioneros para poder así exigir un elevado rescate, tal y como era costumbre. De este modo, Maximiliano, se encontró en medio de sus picas, en la colina, mientras la infantería francesa, abandonada por su jefe y por tanto sin mandos superiores, sola y desorganizada, se topaba con las milicias flamencas.

Entre tanto, el señor de Saint-André, sitiado en Thérouanne, efectuó una salida para sorprender a los flamencos por retaguardia, pero sus tropas prefirieron ir a saquear los carros enemigos. Para entonces la infantería real francesa ya huía en desbandada, pero también los flamencos decidieron dedicarse a saquear el convoy francés.

Al atardecer, D´Esquerdes regresó al campo de batalla; su infantería había desaparecido y sus hombres, extenuados, decidieron poner a salvo a sus prisioneros y se retiraron a Blangy.

Maximiliano, todavía en el terreno, pudo entonces proclamarse vencedor, pero no hizo ningún intento para liberar a sus caballeros prisioneros de los franceses. En el combate cayeron unos 14000 soldados entre los dos bandos.

Al enterarse de esta derrota a medias debida al ansia de lucro de sus generales, Luis XI sufrió un ataque de ira y se dispuso a dar la orden de ejecutar a los prisioneros allí mismo, pero al fin, temeroso de contrariar a sus caballeros, consintió de mala gana el trueque de aquellos hombres por un rescate. Sin embargo, le costó olvidar aquello y ordenó que, en lo sucesivo, no se hiciesen más prisioneros que pudieran volver al combate después de pagar un rescate y también para evitar que la avaricia de sus caballeros le hiciera perder una batalla.

Luis XI

Maximiliano I